El Ícaro — Historia: los primeros pobladores de la Atlántida

La cultura de los túmulos

Reciben este nombre pueblos humanos de cazadores-recolectores que poblaron la Atlántida durante la última glaciación. Su origen nos es desconocido.

Se desplazaban siguiendo las migraciones estacionales de los grandes mamíferos. En las montañas vivían en cuevas, formando grupos familiares de entre 20 y 50 individuos. En los grandes valles bajos construían túmulos con grandes losas de piedra recubiertas de tierra e hierba a modo de cuevas artificiales donde pasaban los inviernos. Usaban armas de piedra tallada y hueso: hachas, cuchillos de sílex, lanzas y hondas, pero no conocían el arco. Tenían conocimientos rudimentarios de metalurgia, pues trabajaban el estaño de los ricos yacimientos de las montañas del norte y el oro que encontraban en los ríos para formar utensilios y adornos. Sin embargo, no conocían la cerámica ni la rueda. Tampoco cultivaban ni criaban animales.

Aparte de los túmulos, sembraron la Atlántida de menhires. Su utilidad es desconocida, aunque se ha especulado con que fueran marcas limítrofes de territorios de caza. Dejaron pinturas rupestres de gran realismo en cuevas y túmulos: dibujos de animales, escenas de caza y escenas de la vida cotidiana. También se han encontrado losas de pizarra con inscripciones que mezclan dibujos y un rudimentario sistema de numeración en base cinco con sumas y restas: registros y cálculos de piezas de caza, pieles y posesiones.

Se les ha atribuido tradicionalmente la construcción de complejos crómlech con piedras de gran tamaño y acabado regular, un buen número de ellas semillas de Los Primeros Dioses. En la historiografía oficial atlante, el pueblo de los tumularios recibieron las piedras divinas pero no fueron capaces de entender su mensaje pero, reconociendo su divinidad, levantaron los crómlech para adorarlas a ellas y a sus creadores.

El análisis arqueológico de los restos, así como de las leyendas más antiguas atlantes indican que los crómlech son anteriores al pueblo de los túmulos, datando de comienzos de la última glaciación. Los tumularios, al igual que los atlantes después de ellos, cuidaron y reconstruyeron los complejos megalíticos, usándolos para sus propios cultos.

El pueblo de los túmulos desapareció más o menos al mismo tiempo que el pueblo proto-atlante llegaba a la Atlántida: primero dejaron las llanuras costeras y los grandes valles, retirándose a las montañas del norte y del este, para terminar desapareciendo al igual que la megafauna que cazaban. No hay evidencias de que ambos pueblos llegasen a convivir o ni siquiera a coincidir temporalmente. La historia oficial atlante, que tiene más de religión que de historia, niega tal coexistencia, pero el análisis de las leyendas y cuentos tradicionales apunta a algún tipo de relación entre ambos pueblos.

Proto-atlantes

El pueblo atlante desciende de grupos pastores seminómadas de cultura neolítica que florecieron en la Atlántida tras la última glaciación. Provenían de una o dos migraciones que cruzaron los estrechos al norte de la Arcadia poco antes de la subida de las aguas con sus rebaños. Conforme los hielos retrocedían, fueron extendiéndose por toda la isla continente: los valles de los grandes ríos, la altiplanicie y los valles de las montañas.

Aunque en origen poseían un alto sentido de la identidad como tribu, se disgregaron en grupos familiares, ocupando los túmulos abandonados de los antiguos habitantes de la Atlántida. En esta época fueron comunes las luchas por los terrenos de pasto, motor principal de la expansión por la isla.

Tenían una religión avanzada, con un panteón amplio de dioses ligados a fenómenos y accidentes naturales, a los que se añadieron dioses inventados a partir de los dibujos e inscripciones de los crómlech y menhires que había en la Atlántida. Posteriormente, cuando los sacerdotes y chamanes empezaron a descifrar las enseñanzas ocultas en las semillas, estos dioses ganarían en importancia, cambiarían, combinándose entre sí o dando lugar a otros dioses nuevos hasta formar el panteón de Los Primeros Dioses. Los antiguos dioses cayeron en el olvido, quedando apenas constancia de algunos de ellos en los mitos más antiguos.

Como consecuencia de la información obtenida de las semillas (que incluían cosas como técnicas de cultivo y metalurgia, la rueda, conocimientos médicos…) los sacerdotes acumularon un gran poder. En algún momento indeterminado, que la tradición fecha en el año 1 del calendario atlante, se fundó el Sínodo del Amanecer, cónclave formado por los 12 grandes sacerdotes de los principales clanes atlantes. En muy poco tiempo unificarían los distintos cultos y templos en una única Iglesia que se convertiría en el poder en la sombra que guiaría al pueblo atlante en el difícil camino de la unificación y el progreso.

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