Nurarihyon no mago

Cuando empecé a verla, dije “¡Anda!, si parece un shonen típico”. Cuando salió el primer enfrentamiento, con nombre de técnicas y todo, pensé “Pues sí, es un shonen típico” y me preparé para el siguiente Naruto. Cuando el combate duró diez (10) segundos, sólo pude decir “¡Oh!” y engancharme a la serie. Nurarihyon no mago, El nieto de Nurarihyon, es un shonen típico, sí, con protagonista que busca hacerse más fuerte, proteger a sus amigos, etc. etc., muchachas varias que terminan loquitas por él, malos malísimos y demás clichés del género, pero con algunos toques de humor refrescante y, sobre todo, sin algunas tan cargantes como los interminables combates (la habitual escalada de poder se da en la segunda temporada, pero tampoco está mal resuelta). Tampoco se ve el retroceso en las relaciones interpersonales o en la propia evolución del personaje principal que tan acostumbrados estamos a ver.


Rikuo Nura, de noche

La serie adapta, de momento en dos temporadas, el manga homónimo de Hiroshi Shiibashi. La primera temporada, objeto de esta entrada, está producida por Studio DEEN y dirigida por el veterano Junji Nishimura (Ranma ½, Simoun, True Tears) y cuenta con 24 episodios (más dos resúmenes) que nos cuenta las andanzas de Rikuo Nura, un chaval escuchimizado, con gafitas, poquita cosa, que aparenta tres o cuatro años menos que el resto de sus compañeros y que, cosas de la vida, es el nieto de Nurarihyon (el veterano Chikao Ohtsuka), un youkai (espíritu o monstruo típico del folklore japonés y protagonistas de mil y un mangas y animes) que, en su época, fue un gran general youkai y también conocido por colarse en casas ajenas, beberse el sake, rapiñar la comida y hacer unos sinpas de escándalo. Es, en resumen, el nieto de un poderoso jefe de la yakuza sobrenatural y el que debe ser su heredero.

El chaval intenta llevar una vida normal en el instituto con un pintoresco grupo de amigos que hace de contrapunto humorístico y entre los que destaca ella, la chica de la que está enamorado, Kana Ienaga (una sosa Aya Hirano). Arrastrados por el voluntarioso y estúpido Kiyotsugu (Kisho Taniyama, Hanai en Ookiku Furikabutte), formarán una patrulla de cazadores de youkais que, para desesperación de Nura, tendrán la costumbre de meterse en todos los líos imaginables y, ¡horror!, reunirse en la gran mansión que es la casa de Nura, plagada, por supuesto, por todo tipo de youkais: simples residentes, señores de clanes subalternos (destacando Gyuki, con la rotunda voz de Jouji Nakata, Araya Souren en The garden of sinners), guerreros y los guardaespaldas del chaval. Entre estos últimos, una dama de las nieves que es la segunda chica en discordia, Yuki Ona, que se camufla como Oikawa, una de las compañeras de clase (una efectiva y expresiva Yui Horie). Para complicar más las cosas, cae en el instituto y en el grupo de amigos una onmyoji (mago japonés) con cara de sueño que se dedica a cazar youkais, Yura Keikain (Ai Maeda).


Rikuo y sus guardaespaldas, de juerga

Pero la cosa se complica, claro, porque dentro del clan Nura no todos aceptan al chico como futuro heredero y, fuera, otros clanes quieren aprovecharse de la aparente debilidad de los Nura. Y el prota, 75% humano, de cuando en cuando y por la noche adopta su forma youkai, que resulta ser un prepotente chulo engreído sabelotodo ligón y carismático como sólo Jun Fukuyama (Lelouch) sabe hacer (si hasta le pone feromonas a la voz, el muy…) y la lía pero bien.

Lo dicho, un shonen divertido, para pasar el rato, sin caídas de ritmo, rellenos ni gaitas. Y con dos endings muy divertidos.

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