Pendragón — Embajada en Estregales

En el año 494 casi nada salió bien. Uther seguía enfermo. Sólo los más cercanos lo veían e incluso se rumoreaba que, en su delirio, pedía la ayuda de Merlin. En el norte, los reyes sajones Octa y Eosa, fugados el año anterior, levantaban un poderoso ejército para vengarse de la derrota de la batalla de Lindsey. Como oliendo a muerto, los reyes del norte, Lot y los demás, no contestaban a las peticiones de auxilio y los otros reyes sajones estaban más activos y sus incursiones en tierras britanas se multiplicaban.

Era prioritario conseguir más aliados para hacer frente a los enemigos, pero como el conde Roderick se negara a ir de emisario esta vez ante el temor de incursiones sajonas, le tocó el marrón a sir Arcavius de Winterslow, el caballero del Hacha Coronada, que arrastró consigo a sus compañeros y amigos sir Elffin el fecundo de Sutton y sir Aeron de Cheverell.

Los tres habían pasado la primavera en el Bosque Salvaje, buscando pistas sobre la suerte corrida por el hijo del príncipe Madoc o por la hermana perdida de sir Elffin. Sobre ésta sabían que iba en compañía de un caballero pintoresco en cuyo escudo llevaba, clavada, una rama. Sir Elffin, a la vuelta de sus aventuras, encontraría un correo de sir Bavid, un señor del Bosque Salvaje comunicándole que había acogido a su hermana y que había sido madre.

Pero eso fue después. En primavera nuestros amigos se perdieron, se volvieron a perder y siguieron perdidos bajo el impenetrable manto del Bosque Salvaje. Tuvieron un mal encuentro con el Diablo galopante, pero sir Elffin, en el fondo un cacho de pan, lo ahuyentó. Por error, sir Aeron encontró una antigua vía que les llevó al norte, cerca de Leicester, donde se encontraron con unos agresivos fantasmas que destriparon a sir Arcavius. Lograron llegar a un pueblo cercano, Grantham, donde se enteraron de que los fantasmas patrullaban el único camino de salida del pueblo, impidiendo a nadie salir o entrar. Al parecer venían de un cercano túmulo que había sido profanado en busca de riquezas. Daba igual que matasen a los fantasmas, pues a la noche siguiente volvían a estar en el camino.

—¡Hay que encontrar los cuerpos, descuartizarlos y quemarlos, pero nunca sacarles los ojos! —exclamó al punto sir Aeron, para seguir musitando, avergonzado por las miradas que le dirigían sus compañeros y los pueblerinos—. Así me lo contó un druida ambulante que pasó por casa, de pequeño. Una historia de miedo a cambio de un cuenco de estofado.

Era lo mejor que tenían, así que se pusieron en marcha. Sir Arcavius, otra vez a las puertas de la muerte, quedó al cuidado del veterinario del pueblo, junto con los escuderos. Sir Elffin y sir Aeron se llegaron al túmulo y tuvieron que enfrentarse a los dos fantasmas y a dos perros. Con gran maestría los dos lucharon contra tan terribles criaturas, derrotándolos y dándoles descanso eterno según las indicaciones del druida anónimo. Entre los resto del túmulo encontraron unas estatuas de oro que tomaron por botín y, tras requisar una carreta en el pueblo, se llevarían de vuelta. Sir Elffin, enterado de que Grantham no tenía señor ni debía fidelidad a ningún sitio, lo reclamó para sí.

En Londres venderían las estatuas en el emporio de David, un importante mercader judío con el que sir Aeron había tenido que solucionar algunos problemas causado por su hermano el año anterior. Consiguieron un buen precio y aprendieron la utilidad de los bancos. También recibieron la llamada de Roderick y del consejo real, tomaron las credenciales que les reconocían como embajadores de Logres y las cartas con las propuestas de alianza y partieron al oeste, hacia el poderoso reino de Estregales.

Hicieron parada en el reino de Escavalon, amigo y aliado de Uther, donde se encontraron con el príncipe Alain, caballero al que habían conocido en Tintagel en 492, y que les sirvió de cicerone. A través de él y de su padre, el rey Nanteleod, se enteraron que el rey de Estregales, Canan, era un poderoso rey guerrero que había sometido a su voluntad a las belicosas tribus de las montañas cambrianas, a los orgullosos señores de la costa cambriana y a los piratas irlandeses que hasta entonces la habían asolado. A tan grande señor, cuyo poder y orgullo sólo eran comparables a los de Uther, debían pedir alianza nuestros amigos.

Y lo consiguieron. Tras semanas de paciente espera siguiendo al rey y a su corte en su periplo veraniego, conociendo a poderosos señores y valientes guerreros, jugando partidas de gwyddbwyll y disfrutando de la caza.

—Esos simpáticos lugareños a los que trata con condescendencia son el poderoso rey de Ystrad Tyi y su séquito, señor embajador —Sir Orcas el mayordomo, siempre atento.

Al final del verano, durante un banquete, el rey Canan declaró que aceptaba la propuesta de alianza con Logres y emplazaba al embajador, sir Arcavius a discutir al día siguiente los detalles. Alguien propuso un brindis por la nueva alianza y el rey cayó vomitando sangre tras tomar un trago. ¡Veneno! Sir Dirac, el hijo mayor del rey, le había entregado la copa mortal y los fieles al rey pedían su cabeza. El joven se defendió acusando a sir Orcas de haberle dado la copa envenenada, pero sir Orcas negó tal cosa. Sir Arcavius quiso intervenir pero se le recordó educadamente que allí era un extranjero y que se fuera con viento fresco. Sir Aeron y sir Elffin tantearon a los criados sin éxito: nadie había visto nada y demasiada gente tenía acceso a la copa. Apesadumbrados, al día siguiente partieron de vuelta a casa, fracasada la alianza.

Sir Dirac fue encerrado en un principio y hubo quien aclamó como rey al joven Lak, pero el muchacho defendió la inocencia de su hermano. Finalmente, partidarios de los hijos del rey sacaron a sir Dirac de prisión y lo proclamaron rey. Sir Orcas desapareció en el tumulto, así como las alianzas establecidas por el rey Canan. El imperio de Estregales se derrumbó como un castillo de naipes, obligando al rey Nanteleod de Escavalon a comunicar a los emisarios de Logres que con una frontera ahora tan inestable no podría prestarles ayuda.

Y el ejército sajón de Octa y Eosa saqueaba a placer Lindsey, preparándose para el invierno. Como era habitual, el rey de Malahaut se había refugiado en Eburacum, negándose a presentar batalla.

2 comentarios para “Pendragón — Embajada en Estregales

  1. La que nos espera…
    Al menos Aeron se pudo divertir con una guapa camarera antes de que el rey Canan fuera asesinado.

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