Leloup, eh… ¿Eh?

Por razones de familia (¡ah, la Familia!, pronúnciese con voz grave y algo cascada) no pude asistir al noveno concierto de abono de la Orquesta de Extremadura, así que le toca a nuestra enviada especial cubrir el evento. Que digo yo que por una vez que la crítica del concierto la haga alguien con educación musical y buen oído, pues no está mal, no.

El noveno concierto de la temporada, bajo la batuta de Jesús Amigo, director titular, comenzó con un pequeño cambio en el programa. El estreno de Cáceres, Rapsodia para clarinete, corno di bassetto y orquesta pasó a abrir el concierto y ocupar toda la primera parte debido a un problema logístico. El caso es que para esta obra en concreto la orquesta se tenía que dividir en dos orquestas enfrentadas y para volver a la distribución normal era necesario bastante tiempo, así que aprovecharon el descanso para hacerlo.

Para explicar mi opinión acerca del estreno de la obra de Phillipe Leloup, lanzo un desafío:

¿Quién me dice qué es lo que sale si mezclas a dos solistas de viento (Justo Sanz y Radovan Cavallin que, por cierto, estuvieron magníficos) con una orquesta partida en dos y una batería entre los instrumentos, que a ratos suena a música de Disney, otros a banda sonora de cine negro, otros a música con toques árabes y por último le metes flamenco (no os imagináis la cara que se te queda cuando dos de los integrantes de percusión se pusieron a tocar las palmas)?. Creo que con esto no es necesario que haga ninguna apreciación más, aparte de que la ejecución por parte de los integrantes de la orquesta fue muy buena.

Para mi gusto la primera parte se salvó gracias al bis de los solistas que tocaron con la orquesta, si mal no recuerdo, una obra de Mendelsshon para clarinete, corno di bassetto y piano que se llevó un aplauso mucho más entusiasta que la obra principal.

Si no me falla la memoria, ya es la segunda vez esta temporada que el bis del solista (solistas en este caso) se lleva más aplausos que el concierto. Demasiada obra moderna estamos teniendo este año.

La segunda parte estuvo marcada por la Zarzuela con el Preludio de El Caserío de Jesús Guridi y las Suites nº1 y nº2 de El sombrero de tres picos de Manuel de Falla.

La primera es una obra alegre y vivaracha que, a ratos, parece una marcha militar gracias a los dos flautines y a la caja. Y en la que Reynold L. Cárdenas
disfrutó y nos hizo disfrutar con unos magníficos solos de fagot. Fue una obra que sacó al público del sopor en el que se hallaba sumido.

Y por último, ¿qué decir de El sombrero de tres picos?. Fue magnífica. A mí logró absorberme, de repente sólo había música, no sabía si estaba dormida o despierta, no era capaz de prestar atención a otra cosa que no fuera la música. No sé, me atrapó de una forma que sólo me ocurre en contadas ocasiones. Lo cierto es que no hay palabras, aunque puede que exagere un poco.

No sé cómo despedirme, así que… Adiós de parte de Menxar.

Nota adicional: el miércoles antes del concierto, Justo Sanz y Radovan Cavallin, con Jesús Amigo (director titular de la orquesta de Extremadura) al piano dieron un concierto en el salón de plenos de la Diputación dentro del ciclo de conciertos Hojas de Álbum.

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