Cuentos viejos: el día de la Gagarin

En el albor de los tiempos, donde moran los dragones, monté una campaña de Star Trek Táctico de FASA que enfrentaba a romulanos con la Federación, siendo yo el árbitro. El resultado fue irregular, con pocos combates jugados, y bastantes fallos míos, pero dejó para el recuerdo un enfrentamiento memorable y que no me resisto a contarlo.

La campaña desarrollaba una guerra limitada entre los romulanos y la Federación por el control de cierto número de planetas. El primer escenario representaba el primer choque entre ambas potencias: un destructor romulano con capacidad de ocultación en funciones de exploración llega a un sistema neutral donde se encuentra con una nave científica de la Federación que está evaluando las posibilidades de un Primer Contacto con la civilización que habita en uno de los planetas del sistema. Lo habitual, vamos.

La nave romulana era un destructor de la clase T-10, una buena nave de exploración, de corte Ave de Presa, con una capacidad de movimiento decente en ocultación. Completaba el set un puñado de fásers y lanzatorpedos de corto alcance y un escudo deplorable. Con todo, era la mejor nave de exploración que traía el manual del juego, precisamente por su ocultación y buen movimiento.

En la otra esquina teníamos a una Gagarin, esto es, similar a la Grissom que aparece en Star Trek III: una nave científica con un láser para tomar muestras de minerales y unos escudos para proteger la pintura del casco de los UV, no sea que destiña. El valor en puntos operativos, según el sistema que traía el juego, de la Gagarin era de un 1% de la T-10. Las condiciones de victoria total para la Federación en el escenario eran que la Gagarin identificara a su agresor y lo comunicara a la Flota antes de ser destruida. No se contemplaba que sobreviviera. No lo contemplé, era imposible. La T-10 aparecería junto a ella, la destruiría de una salva y fuera.

Pues bien, la Gagarin (no recuerdo el nombre), al mando del aguerrido capitán José V. estableció contacto con el planeta, identificó a la T-10 y se retiró indemne. Y, creo, llegó a rascarle la pintura al romulano con el láser tomamuestras.

El mérito hay que repartirlo justamente: el oficial de sensores de la Gagarin detectó a la T-10 (como algo, claro) desde el primer momento (olé), pero los c*****s del capitán les hizo quedarse hasta identificar claramente ese algo. Para desanimar al algo, de paso, levantaron escudos y cargaron (¡je!) el arma.

Por su parte, los romulanos fallaron todos los intentos de identificar la nave de la Federación. Lo único que sabían era que su tamaño correspondía al de un explorador o un destructor, así que temían que fuera una Rémora o algo similar. Por otra parte, sensores les alertó en seguida de que la nave había levantado escudos y cargado armas, lo que puso paranoico al comandante del T-10. Paranoico y demasiado prudente, pues el T-10 podría haber dado cuenta de una Rémora sin demasiados problemas.

Cuando por fin el oficial científico romulano se aclaró con la biblioteca de la nave y logró la identificación del cacharro de la Federación, la Gagarin, que ya había obtenido hasta el menú de la cena de la T-10, salía del sistema a máxima potencia.

Para la posteridad, una Gagarin acosando a una T-10 oculta. Sí, acosando. Rastreándola, siguiéndola, poniéndola a la defensiva.

Impresionante.

Para la próxima, La historia de la Tojtojatchís.

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