Arturo – La Isla de los Monstruos

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El khaiba no era considerado en las islas una degeneración o una maldición, sino un destino normal para un nephilim. El peculiar clima mágico del que ya hemos hablado hacía imposible la narcosis, esto es, que un nephilim sin simulacro se enquistase e hibernase: en el Otro Lado un nephilim tenía presencia física sin necesidad de simulacro, y en Este Lado era casi imposible no encontrar alguna corriente de Ka lo suficientemente poderosa como para moverse por ella hasta encontrar otro simulacro o un paso al Otro Lado. Además, desde el Pacto Celta las estasis y la lucha contra sociedades secretas pertenecían al pasado, así que para un nephilim de las islas su destino era el Agartha o el Khaiba. O la muerte, claro.

Eso no significa que los khaibas tuvieran un trato especial o preferente, más allá del hecho de que han sido nephilim y un destino que puede ser el nuestro en unos siglos. Si el khaiba era inofensivo, se le dejaba a su aire. Si le conocías, igual le cuidabas. Si mantenía raciocinio, a lo mejor le invitabas a tomar el té. Si se convertía en una mala bestia sedienta de sangre, se le deba caza, como si de un efecto-dragón salvaje se tratara. En general, aquellos que mantenían (suficiente) capacidad racional formaban comunidades propias, alejadas de los nephilim y humanos. En Irlanda se les conoce desde antiguo como fomorianos. Parece que los primeros fomorianos provenían de los kaïm y habitaban la isla antes de la llegada de kaïm y nephilim, pero me estoy saliendo del tema. De los fomorianos, ya hablaré en otra ocasión (si tengo tiempo).

La Isla de los Monstruos era un refugio para khaibas, sobre todo para khaibas elementales: fuegos fatuos, grandes hombres-árbol… generalmente la forma más inofensiva de khaibas. La Isla estaba ligada desde antaño al Arcano XV, el Diablo; hasta es posible que fuera este Arcano quien creara el refugio, pues el Diablo ha estado presente en las islas británicas desde, al menos, el siglo X antes de Cristo. Desde el siglo II el Señor Oscuro hizo de ella su residencia, más o menos cuando el refugio del nexus de Jericó desaparece de la Historia (aún no se sabe si el Arcano lo cerró, si fue asaltado por alguna fuerza externa, si el plano sutil se colapsó porque el nexus perdiera poder o si el acceso a dicho plano se cerrase). Es bastante probable, sin embargo, que el Señor Oscuro estuviera en las islas británicas en el pasado, si no como residente fijo, sí como visitante habitual.

La Isla de los Monstruos formaba parte de las Hébridas, con casi total seguridad. Estaba protegida por poderosos sortilegios que impedían a los humanos no ya acercarse a ella, sino tan siquiera verla. Incluso los nephilim lo tenían difícil: la Isla de los Monstruos era como un mítico cementerio de elefantes y muchos dudaban de su existencia real. Si se acercaban lo suficiente, sentirían el poder que emanaba de la Isla, pero sólo un buen mago distinguiría los patrones de los conjuros y habría de ser muy bueno para eludir las potentes ilusiones.

Entonces, ¿cómo fue posible que un grupo de pescadores afirmase haber visto la Isla, describiendo acertadamente a varios de sus habitantes? ¿Cómo es posible que un grupo de humanos se acercase tanto a la Isla y volviera para contarlo? Posiblemente, nunca lo sepamos. Pero podríamos ponernos en modo conspiparanoico y suponer que un nephilim, un poderoso mago versado en la magia ilusoria, podría haber sorteado los conjuros de protección y acercarse a la Isla con una embarcación llena de pescadores, a los que protegió a su vez con sus propios conjuros ilusorios.

Este nephilim misterioso se habría preocupado de extender rápidamente el rumor, antes incluso de que los pobres pescadores se hubieran recuperado delante de una pinta de cerveza. Los rumores, incluyendo suficientes pistas como para localizar la Isla, cruzaron Britania en cuestión de semanas, atravesaron el Canal por el Paso de Calais y llegaron a oídos de un destacamento especial de élite de la Fuerza especializado en la caza de khaibas que llevaba varios años en la región, intentando saltar a las islas británicas. Los rumores incluían rutas seguras para eludir la vigilancia de los nephilim británicos (recordemos que los adeptos de la Fuerza tenían prohibida la entrada en las islas desde el Consejo de Stonehenge).

El resultado fue el esperable: el equipo de la Fuerza llegó a la Isla de los Monstruos y masacró todo lo que se movía y todo lo que no se movía. La única posibilidad de que eso no ocurriera era que los Guardianes del Grial, atraídos por los rumores, estuvieran por ahí de casualidad pero eso no ocurrió.

El ataque provocó un empeoramiento de las relaciones entre nephilim británicos y egipcios que debilitó la posición de Merlin y reforzó la de Klingsor. El Diablo abandonó sus locos planes para apoyar sin reservas a Klingsor; muchos nephilim neutrales le darían también su apoyo; los fomorianos, desaparecidos de la escena política desde hacía siglos, aparecerían de nuevo a raíz de esto.

Cuando la noticia del ataque llegó a Logres, Merlin y Asgareth convocaron una reunión de los arcanos, indignados. La reunión fue infructuosa: los arcanos presentes se desentendieron de las acciones de la Fuerza y declinaron condenarlas o disculparse por ellas. Los intentos de llevar a cabo una investigación sobre lo sucedido también quedaron en nada.

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2 comentarios para “Arturo – La Isla de los Monstruos

  1. Ya imagino la escena, (en modo épico) Yaltaka y Pirixis solos ante el destacamento de la Fuerza (porque fijo que nadie nos iba a echar una mano, que estaban todos muy ocupados pegándose entre ellos); siguiente escena, los susodichos buscando un simulacro cualquiera para salir de la Isla, y sin ponerse muy tiquismiquis que no iban a abundar las opciones.

  2. Fue una pena que no llegáseis a ir. Revisando las notas he encontrado que la Esfinge, ésa con la que Yaltaka estuvo dispuesto a charlar en Jericó, había acompañado al Señor Oscuro hasta Britania.

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