Me gusta Shostakovich

El fin de semana pasado fue el sexto concierto de abono A de la Orquesta de Extremadura. Cambiábamos el violín del quinto concierto por la viola de Roberto Díaz y teníamos también una sinfonía de Shostakovich, así que se presentaba interesante. Empezamos por la Marcha nº1 de Pompa y circunstancia de Elgar, pieza que de nombre puede que no nos suene, pero que todos hemos escuchado infinidad de veces. El Concierto para viola de Walton me dejó muy frío. Todavía no sé si era yo (tras la Marcha me empezó a pitar un oído de forma bastante molesta, creo que tapándome parte de la música) o si a la interpretación le faltaba un hervor (léase algo más de ensayo), así que no comentaré nada de él más allá de la magnífica labor de Roberto Díaz, al que espero ver en otra ocasión y poder apreciar su talento mejor.

Para la segunda parte el maldito pitido de oído me dejó tranquilo y pude disfrutar de la 5ª Sinfonía de Shostakovich: su inicio oscuro y desasosegante, el Allegretto guasón, el suave y melancólico Largo, la fuerza del Allegro final… una obra para lucimiento de la orquesta, tanto en conjunto como por sus solos. Mucha instrumentación, incluyendo piano, celesta y arpa (y, si no me fijé mal, clarinete bajo y flautín). Cada día me gusta más Shostakovich, sobre todo si es en directo.

El concertino volvía a ser para esta ocasión Sergio Marrero. Ángela Moscalu no estaba, aunque aparecía en el programa, y no reconocí (podían hacerse una foto de oficial de temporada, como los equipos deportivos :DDD) al que la sustituyó como ayuda del concertino. Tuvimos otra vez cinco trompas, pero esta vez todos acreditados.

Desgraciadamente, también tuvimos a una cría (edad mental, edad física algo más) en el palco bajo izquierdo, con un modelito horroroso lleno de volantes, que se ve que se aburría, se imaginaba que estaba en la Bolsa (comunicándose por señas con alguien en la otra punta de la sala) y terminó bailando el aserejé. Al final, estuvo a punto de romperse los cuernos al no ver un escalón, pero desgraciadamente recuperó el equilibrio. Niña, la próxima vez, quédate en casa.

La noche la terminamos en el Tanuki-san, con buen sushi y mejor sashimi (y ensalada, y tofu frito, y sopa y ambiente).

Entrada casi telegráfica, y me dejo varias cosas en el tintero, pero últimamente ando corto de tiempo, y era subirla corta o subirla dentro de dos meses.

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