Ánima: El códice maldito

Estaban gozando nuestros aguerridos mercenarios de un merecido descanso, entrenando unos, estudiando otros, recuperándose de las heridas aquél, cuando un joven con gafas y un ataque terminal de acné juvenil se presentó en casa Visnij preguntando por Matt, el pequeño mago. El muchacho era un corax, el adepto de menor grado de la orden a la que pertenece Matt, y era un mensajero del pater Aethel, el sylvain que dirige la logia de Hong Kua. Catherine, una prometedora joven que había sido traída a la ciudad por Matt, tras la extraña aventura de la isla de Corvinus, y que había entrado en la Orden bajo su padrinazgo, había faltado a las clases de la mañana. Una rápida comprobación indicó que tampoco había pasado la noche en su habitación. Aethel, sabiendo la relación de amistad que unía a ambos jóvenes había mandado al mensajero, no fuera que la chica hubiera pasado la noche con el pequeño mago.

 

Matt no sabía nada de la joven desde que se separó de ella después de las clases de la tarde, así que con Arik, que estaba cotilleando cerca y también conocía a Catherine, fueron al edificio de la Orden, un frío internado para huérfanos y jóvenes díscolos de fachada, un frío internado para prometedores magos en el interior, preocupados por lo que pudiera haberle ocurrido. El primer intento de cotillear en su dormitorio o interrogar a sus compañeras fue frustrado por la guarda del dormitorio femenino. En el segundo, con permiso expreso de Aethel, encontraron una hoja de papel arrugada y caída tras la mesa con dirección apuntada y que faltaban las ropas habituales de Catherine, empezando por su abrigo.

Fueron a la dirección, que resultó ser el puesto de Rika, la adivina. Rika había contratado a Catherine para hacer un reconocimiento de la zona de la nueva alcantarilla, donde algunas cosas extrañas, se decía, estaban ocurriendo. La adivina sabía que los de Samael estaban nerviosos y que sólo era cuestión de tiempo que la Iglesia se enterase, así que había buscado a alguien con capacidad para detectar cualquier flujo mágico de la zona y varias compañeras de Catherine, habituales del puesto de Rika, la habían recomendado. Catherine no había vuelto aún, lo que la tenía preocupada, y ahora habían llegado estos dos hombres. El bajito debía ser el novio extraño de Catherine que le habían comentado las chicas. El otro, guapo occidental con kimono y una poco habitual falcata, era sin duda el tipo que Angélica había rajado hacía tres noches. Sólo un leve movimiento al sentarse indicó la herida reciente. Mishayla era cada día más buena. Goran, eres un cabrón afortunado. Como tu padre.

Sabiendo quiénes eran, en cuanto sacaron el tema les contó que había contratado a Catherine por los sucesos de las alcantarillas. Temiendo que le hubiera pasado algo a la joven, los dos volvieron a casa Visnij a equiparse y a alguien fuera de servicio que quisiera echarles una mano. En el comedor encontraron a Akane, la samurái, que aceptó ir con ellos. Pertrechados con cuerdas y lámparas y armados, se presentaron en la gallardoniana obra que tenía abierta en canal una de las principales avenidas de la ciudad. De un primer vistazo vieron que las obras ya estaban avanzadas, con una parte del alcantarillado ya cubierto. Le preguntaron a un obrero que aprovechó la ocasión para escaquearse un rato del curro y contarles las maravillas de la obra: la cloaca principal, los canales secundarios, la piedra empleada y, sí, los extraños rumores que incluían alguna desaparición, pero no había visto a ninguna joven rubia por allí la tarde anterior y no, no se puede entrar en la obra.

 

Mientras Matt, usando sus dotes de d’anjayni y de mago, intentaba infiltrarse, sus compañeros se sentaron a ver el espectáculo en un banco en compañía de varios viejos, con los que entablaron conversación. Se quejaban los abuelos de lo poco higiénico que debía ser esa modernidad de la “alcantarilla”, de todas las calles laterales que habían levantado y que habían dejado plagadas de rejillas y de grandes tapas redondas. Akane y Arik llegaron a la misma conclusión, recogieron al mago y se escabulleron por una calle menos transitada donde levantaron una de las tapas y se descolgaron por ella al canal lateral. De ahí llegaron a la sección cerrada del principal. Dejaron la luz de las obras a su espalda y se adentraron en la oscuridad.

 

Pocas decenas de metros más adelante encontraron un jirón del abrigo de Catherine, en la boca de una galería secundaria. Siguieron por ella y Matt detectó un leve flujo mágico de Luz y Oscuridad mezclados que parecía filtrarse a través de una parte de la pared de la galería que parecía haberse derrumbado. Un examen más de cerca les mostró que el montón de piedras había sido colocado cuidadosamente para parecer un derrumbe accidental. Tras el montón descubrieron un antiguo pozo que se perdía en la oscuridad. Uno a uno, los tres mercenarios bajaron, aunque el mago estuvo a punto de matarse en la caída y terminó con las manos quemadas y doloridas.

 

Del fondo del pozo, cubierto por dos cuartas de agua estancada, musgos y restos variados, arrancaba una ancha galería en la cual Akane creyó atisbar el ki de dos seres vivos grandes. Avanzaron con cuidado, Arik, Umi, su pintora de almas, Matt y la propia Akane, con la única luz de sus lámparas, hasta que Matt se acordó de un conjuro de visión en la oscuridad que tenía para estas situaciones. El conjuro les vino que ni pintado, pues gracias a él Matt vio a una criatura oculta bajo el agua, musgo y algas. Akane, la samurái, reaccionó al punto, apartando al mago y saltando sobre el bicho, que, viendo fracasada la emboscada, se había lanzado al ataque.

 

Umi y Arik tardaron en acostumbrarse al conjuro y las capacidades perceptivas que les había dado. El guerrero apenas logró defenderse por puro instinto del ataque de la segunda criatura, surgida justo delante suyo. Las dos extrañas criaturas, especie de anfibio quitinoso y de largas garras, no fueron rival para el grupo ni con la semisorpresa conseguida, y en segundos habían caído abatidos. La enciclopedia viviente que era Matt los identificó como balzaks, miembros de una antiquísima y prácticamente extinta raza y civilización, seguidores de los Dioses Primigenios.

 

Cada vez más preocupados por la suerte de la joven Catherine (y tras recoger las cabezas de los balzaks, que esperaban poder vender a algún cazatrofeos), siguieron túnel adelante, con mil precauciones. El túnel se ensanchaba más adelante y terminaba en la fachada de un antiguo templo sylvain que ocupaba toda la pared del frente, hasta el techo. El lugar rezumaba magia y Matt, el mago, dedujo que estaba construido sobre un pequeño nodo de magia que era canalizada por el propio edificio para formar un sello. El sello, notó, estaba roto y se filtraba al exterior un lento pero constante flujo de magia terriblemente maligna. Las grandes puertas estaban entornadas, así que el grupo entró, llegando tras un corto pasillo a un hall circular que tenía, frente a ellos, tres puertas. Sin prestar atención a la hermosa bóveda de la sala, a las ricas columnatas, al bello trabajo del mármol, buscaron huellas en el polvo del lugar que les indicara qué puerta tomar. Todas las huellas, incluyendo el ancho sendero de un cuerpo arrastrado, llevaban a la puerta de la izquierda, así que esa tomaron.

 

La puerta, tras un largo pasillo, les llevó a una amplia sala con numerosas estatuas de mármol, algunas representando a guerreros, otras a sacerdotes o magos y el resto, estilizados árboles. La sala era partida en dos por un canal de aguas bravas, que manaba de una fuente a media altura de la pared izquierda y desaparecía en un sumidero bajo la pared derecha. Dos plataformas con un par de escalones frente a frente a cada lado del canal indicaban dónde hubo un puente. Uno de los pedestales de las estatuas, se fijaron, estaba vacío y, no muy lejos, había un montón de cascotes de mármol.

 

El grupo exploró con cuidado su mitad de la sala, evitando acercarse demasiado a las estatuas. El canal no era demasiado ancho, pero la corriente era muy fuerte. Además, les pareció, las aguas se arremolinaban alrededor de aquél que se acercaba al canal. Temiéndose lo peor, Matt arrojó sobre el canal una de las cabezas de los balzaks. El canal saltó, atrapando la cabeza y devorándola.

 

Al retroceder, separándose del canal, Arik se acercó demasiado a una de las estatuas de guerrero. La estatua cobró vida, bajó del pedestal y atacó al guerrero. Arik empezó a moverse alrededor de la estatua, intentando llevarla a una posición más ventajosa. Intentó golpearla, pero su falcata era inútil contra el mármol y lo único que logró fue terminar con su brazo entumecido. Akane aprovechó que la estatua le dio la espalda, siguiendo a Arik, y que estaba al borde del canal, para saltar sobre el montón de cascotes para empujarla a las aguas. Falló por un pelo y la estatua, al revolverse, le cortó limpiamente el brazo derecho.

 

Matt, entre tanto, se había dado cuenta de que el pedestal vacío tenía una placa con un nombre. Siguiendo una corazonada, se deslizó hasta el pedestal que había dejado libre la estatua andante. También tenía un nombre, élfico, por supuesto. Matt, que ya nos había demostrado ser un hombre de amplios conocimientos, sabía sylvain antiguo y pronunció en voz alta (aunque con fuerte acento) el nombre del pedestal.

 

La estatua quedó inmóvil, en mitad del golpe. Todos suspiraron, aliviados, menos Akane, que miraba, en shock, el muñón de su brazo mientras se desangraba.

 

Por fortuna para la joven, tenía a su lado a unos de los grandes magos de Creación del mundo. Concentrándose y aprovechando las corrientes mágicas del templo, logró imbuir a la joven de la capacidad de regeneración de un dragón, o quizás de un dios menor. En cuestión de segundos el brazo amputado se volvió a unir al cuerpo, se regeneró el hueso, se conectaron nervios y vasos sanguíneos, una final piel rosada cubrió la zona y maduró rápidamente, desapareciendo cualquier rastro de la herida.

 

Arik, mientras tanto, usando el tercer ojo místico que todo nephilim deva tiene, vio que en la corriente del canal vivían unos voraces elementales acuáticos, a los que expulsó. Luego tomó carrerilla y saltó al otro lado limpiamente. Umi, que iba detrás de él, no fue capaz y, de no haber estado atada, habría sido arrastrada al sumidero. Matt y Akane, cuando se recuperaron, cruzaron juntos: Matt levitó, con la joven, atado con una cuerda, y Arik tiró de ellos, como quien lleva un globo.

 

De la sala del canal salía un largo pasillo que les llevó a una gran sala hexagonal con puertas en cada una de sus paredes. La estancia estaba suavemente iluminada y en el centro se levantaba una hermosa estatua que era el acumulador principal del templo. Al otro lado de la estatua Arik vio a tres sombras, oscuros y peligrosos seres. Con ayuda de su tercer ojo y del Libro de las Sombras que Matt llevaba consigo desde la aventura en la isla de Corvinus, Arik supo exactamente a qué se enfrentaban y sus puntos débiles.

 

A una de las sombras logró desconvocarla. Para las otras dos, aprovechando su miedo cerval a verse reflejadas en espejos, Matt creó un gran espejo, conjurándolo con gran precisión delante de ellas. Aprovechando la ocasión, Akane y Arik cruzaron a la carga la sala y cayeron sobre las confundidas sombras, acuchillándolas sin piedad.

 

Matt descubrió a un lado de la estatua, mientras se recargaba de ella, una especie de cajón abierto que había contenido tres barras de extraña geometría. Las tres puertas del fondo tenían a su lado sendas aberturas con esas formas, lo que les llevó a pensar en llaves y cerraduras. Bueno, y que la puerta central tenía una de las barras metida en la abertura correspondiente. La puerta, la mayor de todas, estaba entornada.

 

Antes de atreverse a abrirla, Akane se concentró en percibir el ki y detectó cuatro seres al otro lado. El grupo se preparó —acumulando zeón el mago, ki la tecnicista, esperando pacientemente el guerrero conjurador, pintando un grafiti la pintora de almas con su Gran Pincel— y, luego, a la de tres, abrieron la puerta. Se encontraron con una gran estancia rectangular. Al fondo, una especie de altar sobre el que estaba atada Catherine, rodeada por dos balzaks. Uno de ellos, vestido con una túnica llena de dibujos místicos, llevaba un extraño báculo.

 

El ataque empezó con el habitual flash del mago que, aunque se quedó corto, cegó al segundo balzak. El que tenía el báculo apuntó con él al grupo y disparó un mortífero rayo que casi acaba con Umi, la pintora de almas, que avanzaba de frente contra él. Akane, que también había elegido a ese tipo como blanco, corría por la pared de la izquierda, preparándose para golpear con su Tajo Carmesí y acabar el combate de un solo golpe. Arik, por su parte, avanzaba hacia el balzak cegado. Con el guerrero cegado y el sacerdote un tanto torpón con el pháser, el combate se resolvió a favor de nuestros aventureros sin apenas emoción.

 

Eliminado el peligro, corrieron los cuatro hacia Catherine para comprobar que seguía siendo Catherine. Cuando estuvieron razonablemente seguros (y Catherine empezaba a llamarlos cosas que una chica como ella no debería conocer, signo inequívoco de que su educación en la ciudad empezaba a dar sus frutos) se decidieron a soltarla. Todo había terminado bien.

 

Oye, ¿no eran cuatro?

 

Algo seguía escamando a Akane: ella había detectado cuatro fuentes de ki, de alma, antes de entrar en el santuario. Habían matado a dos y rescatado a la tercera. ¿Y la cuarta?

 

Fue Matt, con quien lo estaba comentando la samurái, quien se dio cuenta. Detrás del altar donde había estado atada Catherine había una urna que contenía un libro antiguo. El rollo estaba en el centro de un prodigioso sello de contención semiabierto y, ante los agudos sentidos mágicos del pequeño mago, era un pozo de malignidad malignosa tan maligna que estaba vivo. A duras penas lograron que Arik no lo tocara.

 

Sin saber cómo volver a cerrar el sello ni qué hacer con el libro decidieron volver a la sede la SARC y ponerlo todo en conocimiento de Aethel. Al salir cerraron la puerta del santuario y se llevaron la llave, claro.

 

Aethel bajaría luego al templo, convenientemente acompañado. Sin embargo, ni él, posiblemente el mejor mago de Phaion, pudo hacer nada. Tras consultarlo con la organización clandestina de Samael, dio el chivatazo a los templarios de Tol Rauko para que limpiaran la zona.

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