La tenía aparcada. La tenía aparcada por tres razones.
La primera es que, después de verme el primer episodio, me recordó demasiado a Kanon.
La segunda es que, después de verme el primer episodio, echaba de menos a Tomokazu Sugita (el seiyuu de Yuuichi Aizawa, el prota de Kanon), que tiene ese tono borde y cortante único (también fue cara-de-palo Kyon en Suzumiya Haruhi no Yuutsu). He de reconocer que Yuuichi Nakamura no lo hace nada mal, pero aún así…
La tercera es que sabía lo que iba a pasar. Es Kyoto Animation. Es Visual Art’s/Key. Una terrorífica combinación.
Sabía a lo que me enfrentaba, y no iba a caer fácil. He pasado por la chica zorro. Sobreviví a la chica Ugu. Aquí no lo conseguirían.
He aguantado hasta el episodio octavo. Tenía que ser el octavo, claro. Luego, todo ha sido agarrarme al paquete de kleenex.
No voy a hablar de una serie que no he terminado de ver, es algo que me he prometido no hacer. Pero es que los jodíos son buenos.
Clannad. Como el grupo.
La versión que sigo es la de AnimeUnderground. Para variar (lo mismo hice con Air, Kanon y Suzumiya Haruhi no Yuutsu; Full Metal Panic! The Second Raid cayó antes por Rakuen). Es la versión panorámica, con una calidad impresionante. Pese a que estamos en época de exámenes, mantienen el ritmo, así que se puede seguir.
No esperéis a tener la serie completa. Verse varios de un tirón es malo para la salud. Hacedme caso.
Nos vemos en el Forlon.
Candy Boy es una hermosa historia de amor de 10 (diez) minutos de duración. 10 minutos impecables, un dibujo exquisito, un diseño de personajes magnífico… Podría estar bastante más de 10 minutos alabando Candy Boy, la verdad. Resumiendo: una pequeña perla muy recomendable.
De cara a mi campaña pensé seriamente en este problema, es decir, cómo hacer que los jugadores se crean realmente que sus personajes deben resolver el problema. Llegué a la conclusión (bastante obvia, de todos modos) de que una historia épica exige, para cuadrar bien, que los implicados, o bien una parte de ellos, tengan PODER. Y no me refiero a muchas habilidades, armas gordas y conjuros poderosos, sino a poder de verdad: contactos, renombre y posición (el tener recursos materiales también ayuda, pero no es realmente necesario). Haciendo un símil adeidero (AD&D) podemos encontrarnos con una campaña donde un aguerrido grupo de aventureros de nivel alto tienen que salvar el reino. Este grupo se ha criado en dungeons, ruinas, templos olvidados, semiplanos demoníacos y tiene una potencia de fuego brutal. Por otra parte, su conocimiento del mundo, aparte de esas ruinas y dungeons, se reduce a una serie de tabernas, prostíbulos y mercachifles variados. Me apuesto el sueldo de un mes a que los jugadores de este grupo estarán más pendientes de salir con vida de la aventura o de las recompensas que de salvar realmente el reino. Ahora bien, si tenemos un grupo de nivel medio-bajo donde encontramos al campeón del reino, a su escudero, al mago del rey, al brazo ejecutor del gremio de comerciantes, abogados y ladrones y así con el resto, sus jugadores estarán mucho más motivados para salvar al reino, haya o no recompensas de por medio.