Orquesta de Extremadura: temporada 2009-2010

Ya tenemos la lista de conciertos de abono de la temporada que viene y va corriendo el plazo de adquisición de los abonos. Tal y como viene en la página de la Orquesta de Extremadura, se puede renovar los abonos del 16 de junio al 10 de julio para Badajoz y del 22 de junio al 22 de julio para Cáceres. Para Mérida pudieron renovarse el 17 y el 24 de junio. Para los nuevos abonados, los plazos son del 13 al 24 de julio para Badajoz, del 23 al 31 de julio para Cáceres, y los días 1, 8 y 15 de julio para Mérida. Los lugares, el Manuel Rojas de Badajoz, el Gran Teatro de Cáceres y el Centro Cultural Alcazaba de Mérida. No se indica nada de Plasencia.

Como en años anteriores, tenemos dos abonos, el A, con doce conciertos, para Badajoz y Cáceres, y el B, con cuatro, para Mérida y Plasencia. Los conciertos de Badajoz siguen siendo los sábados, los de Cáceres los viernes, en Mérida los jueves (si fuera en sábado también me sacaba ese abono, pero mi horario me impide ir los jueves) y en Plasencia también los viernes. Como es habitual, los precios suben un poco, pero siguen siendo más que interesantes.

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Cuentos viejos: el Crusader

Esta es otra de esas historias terriblemente viejas. Tan vieja que yo ni participaba aún, sólo era espectador. Y también es de Battletech.

Pongámonos en situación: el Crusader «de serie» que venía en la venerable caja de FASA es un battlemech pesado (65 toneladas), razonablemente rápido y con armamento pensado para repartir estopa a larga, media y corta distancia: disponía de lanzamisiles de largo alcance, y de los grandes (dos AMLA15), láseres medios y lanzamisiles de corto alcance (AMCA6). Creo que también llevaba ametralladoras. Como otros battlemech de la caja, estaba «algo escaso» de radiadores.

Esto suponía, en resumen, que un Crusader tenía a su objetivo siempre en alcance óptimo, daba igual la distancia, pero su piloto debía tener bien presente que no podía mezclar armas de distintos alcances alegremente. Y he aquí el porqué:

Un Crusader coronó una colina desde donde tenía una magnífica vista, incluyendo a dos enemigos que se movían intentando cerrar distancias. El piloto disparó alegremente contra ellos con todo lo que tenía, dándoles candela de lo lindo. Y así durante dos, tres, cuatro asaltos. Y en la colina quedó un bonito cráter donde antes había estado el Crusader cuando la munición estalló por exceso de temperatura interna. El Crusader no tenía ni un arañazo, no habían logrado tocarle.

Ni les hizo falta.

Montsegur IV – La Roc de la Tour

El senescal Hugues des Arcis no era un hombre feliz. No lo era desde que vio las laderas del pog, y cada día que pasaba tenía menos razones para serlo. El verano había pasado infructuoso. Todos los ataques contra el castillo habían fracasado: por la ladera sur-oeste, a donde daba la puerta principal del castillo, sus hombres se habían estrellado contra los muros de avanzada. Lo empinado del terreno les obligaba a avanzar despacio y los convertía en blanco fácil para los virotes y pedruscos. La otra posible ruta de ataque arrancaba en el otro extremo del pog, con un camino igualmente empinado que daba a la larga cima de la montaña, un lugar desde el cual podrían instalarse catapultas y otros ingenios de asedio. Sin embargo, los señores de Montségur habían cubierto ese flanco protegiendo la Roc de la Tour. Había intentado un ataque por los dos flancos simultáneamente, esperando que los sitiados no tuvieran hombres suficientes para defender ambos puntos, pero había sido imposible: mientras tuvieran flechas y piedras, un puñado de hombres podrían mantener a raya a un ejército. Y si ya, además de flechas, tenían buenos y pesados virotes, quienes intentaran la subida la tenían muy negra.

El senescal Hugues des Arcis no era un hombre feliz. El ejército que dirigía estaba formado principalmente por gente de la tierra, del Languedoc y de Provenza, nuevos vasallos del rey de Francia tras las campañas de los años anteriores. Han acudido prestos, para demostrar que son buenos vasallos, y para quitarse de encima la presión de la Iglesia, pero no ocultan sus simpatías por los sitiados: muchos tienen conocidos, amigos o parientes arriba, entre los defensores o entre los refugiados. El largo asedio está haciendo mella. Una campaña larga y sin posibilidades de botín, con problemas de aprovisionamiento, clima adverso y lejos de sus casas no es lo mejor para la moral de la tropa. Quizás si hubiera tenido fanáticos en el ejército, como Monfort o Amaury, hubiese podido tomar el castillo a las bravas, sin importar las bajas. Tampoco le era posible sitiar completamente el pog, y sabía que a los sitiados les aprovisionaban regularmente, así que no podía esperar rendirlos por hambre.

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Cowboy bebop

Cowboy Bebop es una de las mejores series cyberpunk de todos los tiempos, y una gran serie de ciencia ficción. Es de dibujos animados, sí, pero eso no quita nada de lo que he dicho. Desarrollada por el estudio Sunrise y bajo la batuta de Shinichiro Watanabe, Cowboy Bebop lo tiene todo y está envejeciendo (la serie es de 1998) muy bien. Una serie obligada para todo amante de la ciencia ficción, el cine negro, el western y la buena música.


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Montségur III – El castro y castillo

Antes de seguir con esta historia, vamos a hacer una visita al Montségur para hacernos una idea de cómo fue el asedio. La historia de los defensores del pog es fascinante y puede dar pie a múltiples aventuras. Por las fotos se ve, además, que el sitio es precioso y espero poder visitarlo algún día. El pog, la montaña, es un macizo rocoso que impresiona, alargado y estrecho, orientado más o menos de este-noreste a oeste-suroeste. Su cima está a 1207 metros sobre el nivel del mar, y a unos trescientos o cuatrocientos sobre las tierras circundantes. Al este está la garganta del Lasset, que corre de sur a norte y por la que ahora pasa una carretera y al sur el pueblo de Montségur. Mide en la base algo más de 700 metros de longitud por unos cuatrocientos en la parte más ancha. Arriba la anchura de la larga cresta no pasa de 150 metros. Está rodeado por altos acantilados con caídas de entre 80 y 150 metros, que forman la primera y principal línea de defensa.

Hay cuatro formas de subir a la cima (además del al estilo me la cargué por los acantilados). La más fácil es por el lado suroeste. Es la zona más alta del pico, pero también la que tiene una ladera empinada pero practicable, y es donde está el castillo. Por las fotos que he visto (por ejemplo, esta), la subida debe de ser más larga que la de Castrovido pero no tan difícil (¿Que la de Castrovido no os parece gran cosa? Probad, hijos míos, probad). En la entrada de Córdoba puse una foto donde se ve la ladera suroeste de perfil, así como los acantilados del noroeste. Es el acceso natural al castillo. Hay otros dos accesos sobre los que no he encontrado información más allá de los nombres: el Pas del Roc y el Pas du Trébuchet. Según este mapa, el Pas del Roc sería un sendero que arrancaría en la boca sur de la garganta del Lasset y llevaría casi hasta la Roc de la Tour, mientras que el Pas du Trébuchet daría más cerca del castillo. Es probable que los defensores usasen estos senderos para comunicarse con el exterior y conseguir provisiones. La Roc de la Tour es más interesante. Creo que es el farallón rocoso que se ve en primer plano de esta fotografía. El camino de subida a la Roc de la Tour y de ahí, por la cresta, hasta el castillo, debe lo suficientemente fácil como para suponer una peligrosa vía de ataque y que los sitiados tuvieran ahí un puesto de avanzada. Por el nombre, una torre o un pequeño fortín que cubriera el camino de ascenso.

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Cuentos viejos: el Warhammer

Esta es otra vieja, vieja de verdad. Ocurrió en una partida de Battletech. Ocurrió con un Warhammer (creo, no estoy seguro, es un battlemech que tiendo a confundir con otros, y de esto han pasado 14 años). Ocurrió en el primer turno.

Ocurrió que el Warhammer entró en un lago.

Ocurrió que se resbaló y se cayó.

Ocurrió que un canto rodado se coló por entre la chapa del blindaje y la estructura y dio de lleno en la espoleta de un misil armado.

Ocurrió que el Warhammer, nuevecito, desapareció con una gran exhibición de fuegos artificiales.

La cara del piloto, BlackWolf, fue todo un poema.

PD: Si no fue un Warhammer fue otro battlemech pesado con munición en el torso central.

Córdoba

Desde el castillo de Montségur se tiene una vista magnífica, que quita el aliento. Las noches, si el cielo está despejado y hay suficiente claridad, son muy hermosas, con las estrellas casi al alcance de la mano. Sin embargo, si tienes que descender por una pared casi vertical a la oscuridad, vértelas con la fuerte corriente del Lasset y cruzar las líneas francesas, de repente te entran ganas de algo más llanito, pendientes suaves y, sobre todo, una chimenea, un camastro cómodo, una manta calentita y una copa de vino y que busquen a otro para esta aventura.

Más o menos algo así se les pasaría por la cabeza a Menxar y al fénix de la Torre. Habían pasado dos días desde la reunión secreta. Esa misma mañana les habían dado las gracias por presentarse voluntarios y les habían mandado a despedirse de sus amigos y compañeros y preparar su equipo. Por la tarde, les habían explicado para qué se habían presentado voluntarios y lo que se esperaba de ellos. Hacía apenas una hora que habían ido a recogerlos, habían cogido sus equipos (su ropa, una mochila con una muda, algunas provisiones y avíos personales, armas y sus estasis) y se habían dejado guiar, cruzando el pueblo, atravesando la barbacana y las defensas exteriores y luego avanzando y tropezando por la cresta del pog hasta llegar al punto de descenso.

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Jorge Luis Prats, magia al piano

Acabó la temporada 2008-2009 de la Orquesta de Extremadura tal y como empezó: con un mago al piano. Si en octubre gozamos del Arte majestuoso y rotundo de Achúcarro, el sábado nos despedimos con la alegría juguetona de Jorge Luis Prats. Empezamos la noche con el Concierto para piano y orquesta nº1 de Chaikovski, obra con uno de los arranques más conocidos de la historia de la música. Tenía el temor, antes del concierto, de que la orquesta se comiera al solista, algo que durante la temporada ha pasado más de una vez cuando dirigía Amigo, pero desde el principio quedó claro que Jorge Luis Prats no se deja comer, más bien al contrario. ¡Vaya manera de tocar! La orquesta empezó bien, se desdibujó algo, en especial la madera, para recuperar aplomo según avanzaba el Concierto y darnos un final magnífico.

De postre, Jorge Luis Prats nos deleitó con una sonata de Mozart, luego volvió con esta pequeña píldora y luego la propia orquesta se empeñó en sacarlo una tercera vez: cuando ya aflojábamos en los aplausos y pensábamos dejar al maestro Prats retirarse a descansar, los propios músicos de la orquesta, con sus aplausos nos arrastraron a otra ovación que Jorge Luis Prats agradeció con un tercer bis que aún no he identificado.

En la segunda parte seguimos con Chaikovski, con su Sinfonía nº6, «Patética», un hermoso broche final a la temporada y que habría sido mucho mejor si una señora no hubiera decidido destrozarnos el final de la sinfonía hablando en la última nota, rompiendo el hechizo de la peor forma posible. Tanto la orquesta como Jesús Amigo se llevaron un gran aplauso tanto por este concierto como por el trabajo de toda la temporada.

El concierto, por otra parte, estuvo plagado de anécdotas. La complicidad entre Prats y Amigo se notó desde el principio; se veía a las claras que la orquesta, Prats y Amigo habían tocado juntos antes. El perfeccionista Esteban Morales perdió una de las baquetas en mitad de la sinfonía y nuestra convecina de fila, una señora mayor que hacía ya varios conciertos que no venía y por cuya salud ya temíamos, vino, sonrió y aplaudió, lo que significa que el concierto fue bueno, muy bueno. Por otra parte, espero sinceramente que a las cotorras de la fila de atrás se les pase el plazo para renovar el abono y se vayan a dar la murga a otro.

Rematamos la noche en el Tanuki-san, para variar. El atún estaba de muerte.

Y aquí termina esta pequeña serie de entradas sobre los conciertos de abono A de la temporada 2008-2009 de la Orquesta de Extremadura. La verdad es que cuando hice la primera, en octubre (la de Schellenberger no cuenta, y tengo ganas de verle otra vez, por cierto). La verdad es que no esperaba hacer reseña de todos los conciertos, y algunas me costó Dios y ayuda hacerlas. La temporada que viene repetiré como espectador, y ya la espero con impaciencia, pero no sé si repetiré como torpe cronista

Arcano XVI – La Torre

Recordemos que la Torre quiere que los humanos olviden a los nephilim. Para eso busca todos los objetos místicos y mágicos, todo el conocimiento oculto que puedan estar en manos de los humanos y por eso lucha contra las sociedades secretas. Es una lucha sin tregua y sin visos de terminar y son muchos los que dudan de que pueda acabar en victoria.

Situación en 1240

A raíz de la Primera Cruzada las operaciones de la Torre en Tierra Santa se multiplicaron. Toda guerra hace que surjan objetos guardados y dados por perdidos durante generaciones y ésta no fue una excepción. Al comenzar el siglo XII la Torre, desde su sede central en Constantinopla, se movía en dos grandes teatros de operaciones: Tierra Santa y la Península Ibérica, unidos por un largo cordón de refugios: la Ruta. Tras la aparición pública de los Templarios en 1118 y la posterior creación de las otras órdenes militares, las operaciones de expolio en Tierra Santa desembocaron rápidamente en una guerra oculta que exigía cada vez más medios.

Ya en 1147 la dificultad de la comunicación entre Jerusalén y las tierras de Ultramar con Bizancio hicieron que parte del Alto Mando se trasladase a la base secreta de Petra. El traslado de toda la cúpula dirigente a la ciudad de piedra se completó en 1165. Así, la Torre quedó dividida en dos grandes zonas de acción, Tierra Santa y la Península, unidas por un largo cordón de sedes y refugios cuyo eje estaba en Constantinopla.

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Montségur II – Prólogo

Primavera 1243

Era una noche fría, aunque el solsticio estaba cerca. El aire estaba en calma y el cielo, despejado. Pese a lo avanzado de la hora, el campamento francés era un bullicioso enjambre de luciérnagas. Todavía estaban a medio colocar, en un vano intento por rodear la base del pog, pero la habitual colección de putas, buhoneros y mercaderes que sigue a todo ejército ya había montado su colorido campamento y alegraba las noches.

Arriba todo era silencio. Unos pocos centinelas vigilaban en la avanzada de la Roc de la Tour, otros dormitaban en la muralla exterior. El pueblo estaba en calma: casas, cabañas y cuevas donde vivían y se refugiaban los cátaros estaban a oscuras. Más arriba, la plataforma superior, sobre la torre del homenaje, estaba iluminada. Cuatro hachones ardían, desterrando la noche del centro de la plataforma. Allí, sentada dentro de un intrincado dibujo de tiza, rodeada de papiros y pergaminos con cartas, símbolos y saberes astrológicos, estaba sentada una joven de negros y largos cabellos recogidos con cintas de colores de las que pendían multitud de cascabeles. Sus coloridas ropas contrastaban con el gran hacha cubierto de símbolos esotéricos y mágicos que había a su lado.

La joven estaba tan absorta en sus cartas y cálculos que tardó en darse cuenta de que no estaba sola. Un hombre ya anciano que despedía un fuerte olor a flores y miel y a cuyo hombro se aferraba un diablillo traslúcido, había salido por la trampilla y observaba con detenimiento el quehacer de la joven. Cuando se dio cuenta de que su presencia había sido advertida, rodeó los hachones y se arrodilló delante de la joven, con cuidado de no dañar los dibujos con el borde de su túnica. Con un gesto vago señaló hacia el campamento de los sitiadores y formuló una única pregunta:

—¿Hay que buscar ayuda?

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