Sakura — Interludio: el viaje de vuelta

Cinco días después de la muerte de Hirano Tooru, Ishikawa Reiko volvió a casa. Iban con ella Nakamura Ken, su hija Nobi, el joven Hosoda Genji y una nueva incorporación a su séquito: el hijo mayor de Manobu el mayordomo, Raiden (hay quien opinaba que se llamaba así por haber nacido en una noche tormentosa, y quien, por ser un torbellino, muy distinto a su calmado padre). Un muchacho imberbe, de dieciséis años, al que su padre enviaba para estrechar lazos con su futura señora y con los otros samuráis del dominio. También cargaba con la deuda de la familia con Genji, por salvar el honor del padre y de la casa en el duelo.

El viaje de vuelta lo hicieron por la carretera de Aimi a las tierras orientales; ya estaban cansados de emociones. Tres días de viaje, bajo un tiempo desapacible y lluvioso, pero durmiendo en posadas y comiendo en tabernas y casas de comidas, hasta llegar al Tercer Castillo de Los Valles de Minako-hime. Tan pomposo nombre pertenecía, en realidad, a una mansión fortificada, levantada sobre una mota artificial y rodeada por un muro bajo y una zanja. Se levantaba sobre la carretera, a la entrada al valle principal del dominio. Al estar en tan provechosa encrucijada, a su alrededor había florecido un pequeño pueblo en el que vivían casi todos los comerciantes y artesanos de la comarca. El señor de la casa era el hermanastro del daimio, un hombre enjuto y taciturno que era la mejor espada del sureste y la mano derecha de su señor. Hijo del anciano señor Hideo con su concubina Oshima Aoba, no portaba el apellido Ishikawa ni usaba el de la madre, así que para todos era, sencillamente, el señor Shingen.

El señor Shingen salió a recibir a su sobrina. Conforme ésta desmontó, se acercó a ella y le puso la mano sobre el hombro, una muestra de afecto rara en él. Al reparar en la cicatriz que delineaba la mejilla de Reiko, apretó la mano.

—La mayor victoria en la primera batalla es volver vivo —le dijo, tras unos segundos de silencio.


Shingen, tío de Ishikawa Reiko

Pasaron la noche en el Tercer Castillo, con una agradable velada donde fueron asaltados a preguntas y tuvieron tiempo de contar, varias veces, las aventuras sufridas. Las historias fueron celebradas con muhos oooh y muchos aaah y brindis y también varios “ha salido a su abuelo” relativos a Reiko. Mucha mejor recepción que la que tuvieron al día siguiente, en el castillo Sakura.

—¡Idiota, idiota! ¡Tres veces idiota! —le recriminó Ishikawa Hideo a su hija en su salón privado, donde la había hecho llamar, una vez la joven terminó de contar su historia—. ¿Cómo se te ocurrió quedarte sola? ¿Por qué te arriesgaste tanto por la hija de un yazuka? En el nombre de todos los kami, ¿por qué te involucraste en los Hirano sin consultarme? ¿Qué crees que dirán nuestros señores Asakura al ver que extendemos nuestro poder sin su consentimiento? No, no respondas. La culpa en el fondo es mía. Por la charla que tuvimos antes de tu partida. Te has sentido abrumada por el peso de la responsabilidad de ser la heredera. Discúlpame, hime-chan, por cargar sobre tus hombros esta presión antes de tiempo y olvídala. Ya volveremos a hablar del tema cuando cumplas los 18. Por ahora, céntrate en disfrutar de tu juventud. Anda, ve a ver a tu abuelo.

Con la escolta de su hija no fue tan suave, pero Nakamura Ken logró calmarlo asumiendo toda la responsabilidad y dejando su puesto de guardaespaldas y sensei de Reiko. El gigante era amigo de la infancia y compañero de correrías del daimio y sabía cómo pilotarlo y logró así que el asunto no fuera a mayores. Al final, Genji, por petición de Reiko y por su desempeño en el duelo con Tooru, fue nombrado su campeón y Raiden se sumó al séquito, dadas sus relaciones de vasallaje.

Con esto terminaron las aventuras de finales de invierno, en el último año de reinado del emperador Elías Barbados. Ishikawa Reiko vivió su bautismo de fuego y se hizo un nombre en la ciudad de perdición de Aimi. Hosoda Genji volvió enamorado y endeudado hasta las cejas. Y Manobu Raiden… Manobu Raiden dejaba la ciudad y sus diversiones para irse con unos parientes que vivían en mitad de ninguna parte. ¿Hay peor castigo para un chaval de 16 años?

¡Ah!, y también recibieron regalos del hatamoto, por resolver el asunto de su hijo.

Sakura, un cuento de Lannet, 1×06. Con Hosoda Genji (Menxar), Ishikawa Reiko (Charlie) y Manobu el mayordomo (Norkak).

Pequeño interludio narrativo que cerró el arco de Aimi y el cambio del grupo original (Reiko, Ken, Nobi y Genji) por el actual. El mejor momento, cuando Reiko (Charlie) pidió a su padre que Genji fuera su espada.

—¿Su qué? —preguntó Norkak.

—Su campeón, para defender su honor —contesté—. Como Lanzarote y Ginebra.

—¡No, así no! —exclamaron al unísono los jugadores de Reiko y de Genji.

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