Cuentos viejos: los bandidos del Bosque Salvaje

Ocho o diez bandidos emboscados a ambos lados de un camino que cruza el Bosque Salvaje, en la Britania de Arturo. Hambrientos, mal equipados, no muy hábiles en combate (si lo fueran se ganarían la vida como mercenarios) esperando una presa fácil: un orondo mercader, un grupo de campesinos camino de alguna feria o torneo…

Lo primero que ves es un caballero ricamente vestido. Muy ricamente vestido, para ser caballero. Empieza bien el día. Lo siguiente que ves es el escudo, y hay que ser muy idiota o haber vivido 10 años en una isla desierta para no reconocer el de lord Uisnach Yaltaka, señor de estas tierras y quien mató a un dragón a base de hostias (de frente, nada de trampas ni cosas raras). Empieza a torcerse el día.

Lo siguiente que ves es a un tipo grande y bien parecido que lleva, en el caballo de carga, una espada enorme y un arpa. 10 a 1 a que es lord Ector, su campeón y bardo. El día ya se ha torcido.

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Arturo – La Isla de los Monstruos

511

El khaiba no era considerado en las islas una degeneración o una maldición, sino un destino normal para un nephilim. El peculiar clima mágico del que ya hemos hablado hacía imposible la narcosis, esto es, que un nephilim sin simulacro se enquistase e hibernase: en el Otro Lado un nephilim tenía presencia física sin necesidad de simulacro, y en Este Lado era casi imposible no encontrar alguna corriente de Ka lo suficientemente poderosa como para moverse por ella hasta encontrar otro simulacro o un paso al Otro Lado. Además, desde el Pacto Celta las estasis y la lucha contra sociedades secretas pertenecían al pasado, así que para un nephilim de las islas su destino era el Agartha o el Khaiba. O la muerte, claro.

Eso no significa que los khaibas tuvieran un trato especial o preferente, más allá del hecho de que han sido nephilim y un destino que puede ser el nuestro en unos siglos. Si el khaiba era inofensivo, se le dejaba a su aire. Si le conocías, igual le cuidabas. Si mantenía raciocinio, a lo mejor le invitabas a tomar el té. Si se convertía en una mala bestia sedienta de sangre, se le deba caza, como si de un efecto-dragón salvaje se tratara. En general, aquellos que mantenían (suficiente) capacidad racional formaban comunidades propias, alejadas de los nephilim y humanos. En Irlanda se les conoce desde antiguo como fomorianos. Parece que los primeros fomorianos provenían de los kaïm y habitaban la isla antes de la llegada de kaïm y nephilim, pero me estoy saliendo del tema. De los fomorianos, ya hablaré en otra ocasión (si tengo tiempo).

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Arturo – El Fortuna

511

Tras el complicado 510, que empezara con Arturo arrancando la espada, continuara con la batalla de Cameliard y terminara con la excursión al continente en busca de Ban y Bors, 511 se presentaba igual o más complicado. El año anterior el lado humano de la campaña había sido el predominante, pese al Consejo Gris y la llegada de Ethiel, así que el menú del nuevo año se preparó un poco distinto. En las noticias de marzo de 511 (la hoja que le pasaba a los jugadores tras cada sesión con lo ocurrido y con ganchos para las siguientes aventuras) se citaban rumores de una isla poblada de monstruos en el norte, así como la aparición de un barco de la Emperatriz sin su tripulación en el sur. Dos aventuras interesantes, peligrosas y mutuamente excluyentes. Y eso sin contar la aventura del Gran Dragón del Norte, que aparecía casi en todas las noticias desde tiempos de Uther. No recuerdo qué decidieron hacer las jugadoras (en Madrid se jugó la del Fortuna), pero no eligieron ninguna de las dos (la del Gran Dragón tampoco, pero esta es intrascendente). La aventura del Fortuna era una de las aventuras con condiciones de victoria de las que hablaba en la entrada de París. La de la Isla de los Monstruos afectaba a otra, así que, por su importancia, les voy a dedicar sendas entradas.

A finales del invierno de 511, cuando se hizo posible la navegación entre Britania y el continente por el Canal de la Mancha, un extraño hecho ocurrió: la nave Fortuna apareció varada en la costa, cerca de los acantilados de Dover, sin que hubiera rastro de su tripulación. El buque pertenecía a una importante familia de mercaderes judíos que habían abierto establecimiento en Londres hacía relativamente poco. La familia era la tapadera de la Emperatriz, el establecimiento, su sede principal en Britania y el Fortuna, el barco que usaban sus agentes. La desaparición de su tripulación no podía ser más sospechosa.

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Cuentos viejos: la Tojtojatchis

Antes de entrar en materia, voy a hacer un breve resumen para que aquellos que no conozcan el juego no se pierdan. El Star Trek Táctico de FASA (me da igual el nombre completo en inglés) es un juego de tablero de los años 80, antes de Star Trek la Nueva Generación. Ahora se considera no-canon, es decir, la información que da no es oficial, pero sigue siendo muy divertido, y bastante complejo.

Es un combate entre naves del universo Star Trek en un tablero hexagonado. Las naves tienen sus puntos de estructura, de forma que cuando se quedan sin ellos hacen «bum». Tienen sus armas, para hacer pupa, y sus escudos, para intentar que no se la hagan. Lo más importante (y puñetero), sin embargo, es la energía. Cada nave tiene unos puntos de energía y, al comienzo de cada turno, debemos repartir esos puntos de energía entre los distintos sistemas de la nave: movimiento, armas y escudos. Y aquí empieza el cachondeo, porque nunca hay energía para todo, todo tiene sus costes. Si nos queremos mover mucho, puede que sólo podamos levantar los escudos de un lado (es un tablero hexagonado, por lo que tenemos seis). O sólo podamos armar las armas de proa y luego te pillen por detrás sin escudos y sin armas y te frían a placer. Complicado y divertido.

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Cuentos viejos: cómo bajar a un francotirador

Salíamos Fixer y yo de tomarnos unas copas en el Forlon Hope cuando un par de francotiradores de los Monjes Altos empezaron a vomitar plomo desde la terraza del edificio de enfrente. Nos cubrimos como pudimos tras un vehículo mientras a nuestro alrededor volaban esquirlas, plomo, cristales… Desventaja de altura y con unas inútiles pistolitas (bueno, una AMT 2000 o similar Fixer, una Superjefe yo) pintaban bastos.

Estaba pensando si sería capaz de llegar a la furgo, aparcada algo más abajo, sin que me friesen, cuando Fixer se dirigió a los parroquianos del Forlon, que se habían asomado a ver el espectáculo, y demostró, una vez más, por qué era el fixer de fixers, el arreglador de arregladores, el genio de los bajos fondos:

—¡Diez mil al que me los baje!

Acto seguido la entrada del Forlon se convirtió en un volcán y los Monjes Altos caían deshechos (me imagino que también todo aquel que viviera en el último piso, de paso) mientras yo sacaba un par de buenos habanos. Luego, se pagó religiosamente y para casa. Problema resuelto.

En Cyberpunk hay que hacer las cosas con estilo.

Cuentos viejos: ¿Qué tal tu mujer?

Personaje (PJ) suplanta a un segurata, adoptando su apariencia, y le sustituye tras el mostrador de entrada del edificio. Hay otro segurata que hace la ronda alrededor del edificio. En una de las rondas, al pasar por la puerta, el segurata saluda y pregunta, con toda su buena intención (y toda la mala del máster):

—¿Qué tal tu mujer?

Momento de pánico. Rápidamente, el personaje extiende las manos tras el mostrador y revisa si lleva anillo (recordemos que había copiado la apariencia del otro). El jugador lo escenifica perfectamente: cara de pánico, manos extendidas, risas generalizadas entre el resto del grupo. Bueno, no, risas, no (salvo del Fixer, que estaba de espectador). El resto del grupo estábamos en plan «¡Ay, Dios!».

Cuentos viejos: el día de la Gagarin

En el albor de los tiempos, donde moran los dragones, monté una campaña de Star Trek Táctico de FASA que enfrentaba a romulanos con la Federación, siendo yo el árbitro. El resultado fue irregular, con pocos combates jugados, y bastantes fallos míos, pero dejó para el recuerdo un enfrentamiento memorable y que no me resisto a contarlo.

La campaña desarrollaba una guerra limitada entre los romulanos y la Federación por el control de cierto número de planetas. El primer escenario representaba el primer choque entre ambas potencias: un destructor romulano con capacidad de ocultación en funciones de exploración llega a un sistema neutral donde se encuentra con una nave científica de la Federación que está evaluando las posibilidades de un Primer Contacto con la civilización que habita en uno de los planetas del sistema. Lo habitual, vamos.

La nave romulana era un destructor de la clase T-10, una buena nave de exploración, de corte Ave de Presa, con una capacidad de movimiento decente en ocultación. Completaba el set un puñado de fásers y lanzatorpedos de corto alcance y un escudo deplorable. Con todo, era la mejor nave de exploración que traía el manual del juego, precisamente por su ocultación y buen movimiento.

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Arturo – Carta del Emperador

510

Por fin llegó respuesta del Emperador, justo cuando la posición de Yaltaka era más cuestionada. Abrir la sede en Londres y no en Oxford fue una decisión arriesgada, un intento de separar su posición como monarca de sus labores en el Emperador, que no había salido bien: en los últimos años prácticamente había perdido el control de la sede.

Entonces, durante el primer año de Arturo, llegó carta de Uzbia:

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Arturo – El Consejo Gris

510

El primer año de Arturo como jefe guerrero fue muy largo. Empezó en Año Nuevo al arrancar Excalibur de la piedra y se prolongó hasta un invierno de penurias. Militarmente fue un año de pequeñas batallas. Los señores rebeldes intentaron acabar con el muchacho antes de que tuviese tiempo a afianzar su poder (más bien a tener algo de poder), pero tuvieron casi que apañarse con el séquito del torneo, faltos de tiempo para volver a sus tierras y convocar a los vasallos. Arturo no estaba mejor: un puñado de muchachos sin experiencia y otro de hijos segundones buscando fortuna, todos mal equipados y sin suministros. Aun así, se las apañaron para salir airosos de las primeras escaramuzas.

El primer enfrentamiento digno de renombre fue en Cameliard. Varios señores de Cambria y Cumbria habían aprovechado para caer sobre este pequeño reino cuyo rey, Leodegrance, fiel vasallo de Uther y Aurelio, había jurado fidelidad a Arturo desde el primer momento. En auxilio de Arturo y Leodegrance llegaron tropas de Rydychan comandadas por Uisnach Yaltaka y los Cinco Hermanos de Madog, con lo que las fuerzas quedaron más o menos equilibradas. Se combatió en los fosos de Carohaise y fue la primera victoria de Arturo. El rey Uryens se rindió ante la valentía y arrojo del chaval, mientras que el rey Nentres de Garloth había muerto en su tienda, la noche antes de la batalla.

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Arturo – El Torneo de Año Nuevo

510

Cansados y desgastados tras años de guerra continua, los grandes señores de Britania pactaron una tregua durante la que se celebraría un gran torneo, el Torneo de Año Nuevo, junto a Excalibur. Este torneo parece que se venía celebrando de manera informal en los años anteriores, dando al vencedor de las distintas competiciones la oportunidad de arrancar la espada de la piedra. La presencia de tantos señores era consecuencia de un acuerdo tácito que se había ido forjando (muchos silencios, gestos leves) durante el año que acababa de reconocer al vencedor del torneo como jefe guerrero de Britania y acudir todos bajo su bandera para defender Britania de los invasores.

Aunque luego muchos han negado que existiera ese acuerdo, lo cierto es que aquel Año Nuevo se reunieron allí todos los grandes señores, y Navidad no es una época cómoda para el viaje en Britania. Acudieron los señores de Cornualles: Cador de los cornovii (heredero de Gorlas), Owen Vinddu de los cerniw, Maglos de Dumnonia. Vinieron de Cambria: Ceredigawn de Gwynedd y su vecino Ogryvan, Meurig de Dyfed. Vinieron del Norte: Uryens de Gorre, Nentres de Garloth, Malahaut, Lot de Lothian y Orkney. Vinieron también de Logres y Cumbria: Leodegrance de Cameliard, Sanam de Bedegraine, Usinach de Rydychan, Derfel de Lindsey, Ulfius de Silchester y otros muchos. Vinieron también pequeños señores y caballeros famosos, como Ector de Wallingford, que trajo a sus hijos, Cai y Arturo; Bleddyn, un señor menor de Rheged y pariente de Ector, con su hijo Bedwyr. Acudió también Brastias, quien fuera campeón de Uther.

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