Arturo – Carta del Emperador

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Por fin llegó respuesta del Emperador, justo cuando la posición de Yaltaka era más cuestionada. Abrir la sede en Londres y no en Oxford fue una decisión arriesgada, un intento de separar su posición como monarca de sus labores en el Emperador, que no había salido bien: en los últimos años prácticamente había perdido el control de la sede.

Entonces, durante el primer año de Arturo, llegó carta de Uzbia:

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Arturo – El Consejo Gris

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El primer año de Arturo como jefe guerrero fue muy largo. Empezó en Año Nuevo al arrancar Excalibur de la piedra y se prolongó hasta un invierno de penurias. Militarmente fue un año de pequeñas batallas. Los señores rebeldes intentaron acabar con el muchacho antes de que tuviese tiempo a afianzar su poder (más bien a tener algo de poder), pero tuvieron casi que apañarse con el séquito del torneo, faltos de tiempo para volver a sus tierras y convocar a los vasallos. Arturo no estaba mejor: un puñado de muchachos sin experiencia y otro de hijos segundones buscando fortuna, todos mal equipados y sin suministros. Aun así, se las apañaron para salir airosos de las primeras escaramuzas.

El primer enfrentamiento digno de renombre fue en Cameliard. Varios señores de Cambria y Cumbria habían aprovechado para caer sobre este pequeño reino cuyo rey, Leodegrance, fiel vasallo de Uther y Aurelio, había jurado fidelidad a Arturo desde el primer momento. En auxilio de Arturo y Leodegrance llegaron tropas de Rydychan comandadas por Uisnach Yaltaka y los Cinco Hermanos de Madog, con lo que las fuerzas quedaron más o menos equilibradas. Se combatió en los fosos de Carohaise y fue la primera victoria de Arturo. El rey Uryens se rindió ante la valentía y arrojo del chaval, mientras que el rey Nentres de Garloth había muerto en su tienda, la noche antes de la batalla.

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Da Costa y la Real Orquesta sinfónica de Servilla, ¡qué sonido tan hermoso!

7º concierto de la temporada y esta vez con orquesta invitada: la Real Orquesta sinfónica de Sevilla con el maestro Pedro Halffter a la batuta. Empezó el programa con una interpretación exquisita la obertura de Las bodas de Fígaro de Mozart. ¡Qué sonido! Limpio, cálido, delicado… Siguió el Concierto para violín y orquesta del compositor español Rodolfo Halffter, siendo el solista Alexandre da Costa. La obra no me gustó, demasiado moderna: melodías cortas, cacofónicas, mucha técnica pero muy fría, incómoda. Con todo, la interpretación del solista, con una técnica impresionante, y la orquesta, delicada cuando debía, con fuerza cuando tocaba, arropando al solista sin ahogarlo, realzándolo, lograron mantener mi atención en todo momento. Alexandre da Costa se despidió de nosotros con un arreglo de un tema de Jimi Hendrix con acompañamiento de contrabajo que se llevó una gran ovación (y no fue para menos, porque fue una auténtica delicia).

En la segunda parte teníamos al hermano de Rodolfo, Ernesto Halffter y su Sinfonietta en Re Mayor. El comienzo del primer movimiento me hizo temer que fuera una pieza del estilo de la anterior, pero estaba totalmente equivocado. La Sinfonietta es preciosa y permite que la orquesta se luzca, y la Sinfónica de Sevilla bien que lo hizo. Podría hablar y hablar sobre ello. Bueno, no, no podría: me dejaron sin palabras. Estuve hasta la mañana siguiente en una nube.

De postre, un bis de la orquesta. ¿Qué más se puede pedir?

Una señora vecina de butaca aplaudió por primera vez en siete conciertos.

La jubilación de Josey Wales

Este fin de semana fui a ver Gran Torino, la última película del maestro Eastwood. La película no quedará como una de las grandes del director: está muy lejos de Un mundo perfecto o Sin perdón. Le falta un hervor (trabajar mejor algunos planos y diálogos) y en algunos momentos pierde ritmo. No todos los actores están a la altura. El chaval, directamente, no da la talla. Encima, el doblaje de todo chaval joven (excepto la chica) es malo de narices. ¿Dónde han quedado los excelentes doblajes de los 90?

Pero tiene a Eastwood y tiene un puñado de personajes memorables: el viejo gruñón que interpreta el propio Eastwood, el barbero, la chica suicida, el cura novato, la abuela… la película es pura emoción apoyada en estos personajes. Y punto, no necesita más.

Llevad provisión de pañuelos.

Arturo – El Torneo de Año Nuevo

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Cansados y desgastados tras años de guerra continua, los grandes señores de Britania pactaron una tregua durante la que se celebraría un gran torneo, el Torneo de Año Nuevo, junto a Excalibur. Este torneo parece que se venía celebrando de manera informal en los años anteriores, dando al vencedor de las distintas competiciones la oportunidad de arrancar la espada de la piedra. La presencia de tantos señores era consecuencia de un acuerdo tácito que se había ido forjando (muchos silencios, gestos leves) durante el año que acababa de reconocer al vencedor del torneo como jefe guerrero de Britania y acudir todos bajo su bandera para defender Britania de los invasores.

Aunque luego muchos han negado que existiera ese acuerdo, lo cierto es que aquel Año Nuevo se reunieron allí todos los grandes señores, y Navidad no es una época cómoda para el viaje en Britania. Acudieron los señores de Cornualles: Cador de los cornovii (heredero de Gorlas), Owen Vinddu de los cerniw, Maglos de Dumnonia. Vinieron de Cambria: Ceredigawn de Gwynedd y su vecino Ogryvan, Meurig de Dyfed. Vinieron del Norte: Uryens de Gorre, Nentres de Garloth, Malahaut, Lot de Lothian y Orkney. Vinieron también de Logres y Cumbria: Leodegrance de Cameliard, Sanam de Bedegraine, Usinach de Rydychan, Derfel de Lindsey, Ulfius de Silchester y otros muchos. Vinieron también pequeños señores y caballeros famosos, como Ector de Wallingford, que trajo a sus hijos, Cai y Arturo; Bleddyn, un señor menor de Rheged y pariente de Ector, con su hijo Bedwyr. Acudió también Brastias, quien fuera campeón de Uther.

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Ef – a tale of memories

Llevo dos semanas intentando escribir esta entrada, y no hay manera. No logro descomponer la serie para hacer una mínima crítica, aunque sea en un par de líneas. Ya he desistido, me puede. Ef es poesía. Ef es fondo y forma. Ef es una preciosidad. Filtros, efectos, animación, voz, música, guión… Todo cumpliendo su papel para someternos a una paliza emocional con una historia a la vez cercana y mágica. Salvando las distancias, su forma de transmitir sensaciones me recuerda a las películas de Kieślowski, en especial con Rojo, con la que le veo algunos puntos en común.

Chihiro
Chihiro

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Ese estado

Llevo años sin dirigir bien. No hay manera. Podría justificarme en que no podemos jugar de manera regular o en que Ánima me resulta terriblemente incómodo de dirigir, pero ya me pasaba de antes. Me resulta casi imposible alcanzar ese estado, así que intento suplirlo con la experiencia: preparar la partida, improvisar lo más rápido posible, usar tópicos, tirar dados cuando me atasco (da tiempo a pensar) y otras mil triquiñuelas del oficio.

Pero, de vez en cuando, lo consigo. Aunque sea sólo por un momento, lo alcanzo. El momento en el que no hace falta improvisar, no hace falta ver las notas, no hace falta usar la imaginación.

Porque sólo tienes que dejar la mirada perdida y lo ves. Y no hay que imaginarse la posada, porque la estás viendo, escuchas a los parroquianos, hueles la comida. Y todo lo que hay que hacer (difícil, no digo que no) es describir eso a los jugadores lo mejor que se sepa.

El otro día alcancé ese estado un momento, ya al final, cuando liberaron a Seline. Y vi la oscuridad enroscarse en las altas columnas de la catedral, ocultar las vidrieras. Oí su rumor aterciopelado al extenderse por las gastadas losas del suelo. Sentí su cálido y a la vez tenebroso abrazo.

Quiero más. Quiero dirigir más. Quiero volver a sentirlo.

Hubo un año que lo tuve casi cada semana, durante dos o tres horas. Sé que no volveré a ese nivel pero, igual que quien ha visto el Grial, no puedo hacer otra cosa que buscarlo, anhelante.

Necesito volver a sentirlo.

Soy el malo molón

Me gusta regodearme en el sufrimiento ajeno, me gustan los planes complicados diseñados por mí. Me gusta pintar y cantar y creo que tengo vena artística. Mis subordinados tiemblan en mi presencia: tiemblan de terror ante mis discursos autocomplacientes. A mi lado, Castro es un aficionado que al rato de empezar a hablar ya está cansado.

Llegan los buenos, me tocan las narices, les invito a cenar, juego con ellos.

Me tocan más las narices, decido quitármelos de encima, mandando a la morralla a por ellos. Total, no son peligrosos.

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Kurozuka

Me he bajado estos días una serie cortita (12 episodios), atraído por el dibujo y esperando encontrarme con una serie de acción y violencia sin más. Lo que no esperaba es que fuera tan mala. Kurozuka plantea de inicio una interesante serie de vampiros que arranca en el siglo XII en pleno Japón feudal. Desgraciadamente, las buenas intenciones no dan más allá de dos o tres capítulos. El atractivo dibujo poco puede hacer ante la debilidad del guión y una dirección sumamente torpe: escenas de acción pretendidamente espectaculares o preciosistas que son en realidad Matrix-class Action Disaster, faltas de ritmo y dignas de grandes y sonoros bostezos; personajes de comportamientos absurdos; errores de montaje en las escenas, microsaltos temporales estúpidos (ahora el cuerpo está aquí, ahora ya no).

En fin, Kurozuka podrían haberlo vendido como un mod malo del Max Payne 2, y aún hubiésemos tenido un rato de emoción frente al ordenador. Como serie no merece ni que ponga una captura.

Arturo – Anarquía

493-509

Los años que siguen a la muerte del rey Uther son años de penuria. El Consejo de Reyes no logra nombrar a un nuevo Alto Rey. Sin un Alto Rey y sin un ejército real, se producen guerras continuas entre reyezuelos; pictos y piratas irlandeses saquean las tierras del norte y el oeste; sajones, anglos y jutos vuelven al ataque, conquistando toda la costa este. En Logres los reinos de Hertford, Sauvage, Rydychan y Silchester forman una barrera infranqueable a los invasores, gracias a sus mutuas alianzas y la amistad de lord Uisnach Yaltaka y lady Rhonwyn Pírixis con los demás monarcas. En el norte, Malahaut y Lindsey aguantan a los jutos que han conquistado las tierras de los icenii, pero en el sur el empuje de sajones por el este y cerniw por el oeste parece imparable.

A la guerra hay que unir las hambrunas producto de continuas malas cosechas y un número cada vez mayor de demonios, dragones y espíritus que hacen la vida imposible a los campesinos. Aunque no hay pruebas, parece que el Arcano XV, el Diablo, ha puesto en marcha su plan.

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