Ánima cabalga en inestable equilibrio entre el detallismo absoluto y el hágaselo usted mismo propio de sistemas más simples. En la ambientación pasa tres cuartos de lo mismo, se entremezclan los detalles exhaustivos y los grandes huecos para meter lo que queramos. Personalmente, es algo que me encanta y una de las razones por las que sigo con el juego, pero a veces me fastidia encontrarme esos vacíos en zonas que esperaba no tener que trabajar. En este caso, una de las religiones de Gaïa: en el libro del mundo se detallan las religiones principales y apenas se bocetan las minoritarias. Eso es un problema cuando una campaña quiere gravitar sobre una de éstas. Y para mí es un problema mayor ya no soy director ni de Glorantha ni de la familia de mundos de AD&D/D&D, conocidos por tener dioses para todos los gustos. Así que toca discurrir un poco. Hoy echo de menos el diccionario de dioses y demonios que me acompañó durante parte de la campaña de Guardianes del Grial. Veamos que sale.
Ulrioka Yama es nombrado como el Señor de las Arenas. Es también mencionado como dios del tiempo y de la muerte. Un viejo dios de las gentes del desierto, de antes de los nómadas que ahora lo surcan. A mí me interesan estos últimos y la visión que tienen del viejo dios. Su triple atribución de señor de las arenas, del tiempo y de la muerte apuntan a una deificación del propio desierto, principio y fin de todas las cosas, eterno en sí mismo. Un dios destructor, con cierto aire a Shiva.
Devah es llamada la Creadora de Vida: sería una diosa de la fecundidad, dadora del don de la vida, de las plantas, animales, del agua y de los oasis y, por supuesto, de los nacimientos. Sin embargo, todo nace también de las arenas del desierto: el pozo, el oasis, el camello… Por ello, Devah sería la esposa de Ulrioka Yama y de la unión de ambos florecerían todas las cosas vivas.


Estas navidades me hice con el Roleage al completo (manual y suplementos publicados) por cuatro duros, aprovechando la liquidación de NSR. En principio con idea de regalarlo, si no estaba mal, o de comérmelo, si era un truño del 15. Como sólo pude leerlo por encima, no quería hacer una reseña del juego, así que se lo pedí a la receptora del mismo. Este artículo es suyo y va acompañado, al final, de una reseña corta mía, producto de esa primera lectura y de la partida que he jugado hasta la fecha. Os dejo con Pírixis.