La noticia de la boda entre el señor Hideo (42 años) y la viuda Asakura Nao (23) se convirtió en la comidilla del castillo Mitsumi. Los protagonistas fueron enviados a prepararse y purificarse a sendos monasterios, por lo que el único miembro de la ecuación que quedó en el castillo se convirtió en el centro de todas las miradas y todos los cotilleos: la joven Reiko. Todos sabían que, en el pasado, los Asakura habían presionado al señor Hideo para que tomara una segunda esposa, pues que el destino del clan dependiera de un solo hijo era algo de mucho riesgo. También entendían que el que el señor Ishikawa diera su brazo a torcer ahora se debía a que su hija se había pasado la primavera metiéndose en lío tras lío y saludando a la muerte en demasiadas ocasiones.
Los comentarios y rumores se volvían especialmente hirientes cuando señalaban el hecho de que la regente Katsumi había forzado el casamiento del padre y no de la hija, como hubiera sido más normal. Cuando Okuzaki Akira, capitán de caballería, oyó que el motivo era que el señor Hideo era sumiso como una doncella y su hija, un semental salvaje imposible de domar, ofreció a la muchacha el irse ella también de retiro espiritual.
—En el Bosque Sellado hay un santuario que rememora el lugar donde Minako-hime se despidió de sus vasallos antes de abandonar este mundo con los demás kami, hace 700 años. Siendo como sois descendiente de su más importante sirviente y heredera de sus dominios, creo que os hará bien visitarlo.
—En el bosque está Maruyama, cazando al oni —repuso Hosoda Genji—. ¿No será peligroso acercarnos?

