–Con la pregunta habitual, como me figuro –le interrumpió Geralt–: «¿Quién es la más hermosa del mundo?». Por lo que sé, todos los Espejos de Nehalena se dividen en dos tipos: los mentirosos y los rotos.
Érase una vez una reina, bueno, en realidad era la segunda esposa del rey, que tenía un espejo mágico. El espejo lo usaba para ver el futuro del reino y el suyo propio, y vio en él cómo la hija del rey y de su primera esposa la mataba a ella y sumía al reino en el caos. Así que decidió eliminar a la niña mandándola al bosque con un cazador, un esbirro al sueldo. Sin embargo, el cazador no volvió y, cuando lo buscaron, lo encontraron sin pantalones y con el alfiler de un broche clavado hasta el cerebro, a través del oído (un angelito el cazador, vamos: si vas a matar a una chiquilla, te la beneficias antes). Encontraron a la muchacha unos años más tarde, viviendo con siete gnomos a los que había convencido de cambiar el duro trabajo de la mina por el más lucrativo de asaltar mercaderes. Con ellos vivió, eludiendo intentos de asesinato de la madrastra, hasta que, a causa de una discusión por el reparto del botín o alguna cosa parecida, se acuchillaron entre ellos y sólo sobrevivió la chica.
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