La Búsqueda del Grial no conducía a nada, y muchos valientes caballeros habían muerto o desaparecido. El reino estaba enfermo, las cosechas eran malas y la gente moría. En el Norte, Morgana había presentado a su hijo Mordred, hijo de Arturo, un joven apuesto y diestro en las armas de alrededor de veinte años cuando no debería tener más de diez u once y prometía un nuevo Reino del Verano. Muchos la acusaban de brujería y renegaban de ella, pero cada vez más señores y vasallos, nobles y plebeyos, la consideraban la única esperanza. La rebelión estalló en Britania.
Mientras tanto, la dama Rhonwyn Pírixis, consejera del postrado e inútil rey Arturo y quien realmente gobernaba en Britania, junto con Ethiel, cónsul en funciones del Emperador y la mano en la sombra (más bien la zarpa) que mantenía a flote el reino, partían al sur en busca de un viejo amigo en lo que esperaban fuera el último acto de una búsqueda que duraba ya más de veinte años.
No vamos a contar aquí las peripecias del camino hasta la Cabeza del Unicornio, a través de señoríos hostiles, bosques peligrosos, el reino del rey Marco (el de Tristán e Isolda) y las tierras inexistentes de Lyonesse. La fama de quien ha visitado los salones de los Dé Danann, se ha sentado a la mesa de Lug, ha charlado amigablemente con Gofannon y juega al mus habitualmente con los dragones polícromos de la Doncella de Hielo abre caminos. Y el temor a terminar como juguete de un gato travieso los mantiene libres de zancadillas.
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