Los que no son nombrados

Uno de los consejos habituales a un director de juego es que haga pnjs interesantes y que sean fáciles de reconocer: algún rasgo físico, tic o comportamiento único que haga que su presentación en cada escena donde salgan sea breve y los jugadores los identifiquen rápidamente, aunque hayan pasado meses de su anterior aparición.

Sin embargo, puede darse el caso de que queramos justo lo contrario: pnjs recurrentes, que van a aparecer en varias ocasiones o que, directamente, siempre están ahí y a los que no vamos a dar rasgos distintivos, más allá de su número, profesión o posición social.

Veamos esto con un ejemplo, que a mí los casos abstractos se me dan fatal: en mi campaña de Tres Valles, en el castillo capital del condado hay cuatro caballeros. Uno, el castellano, es un pj. De los otros tres sabemos (los jugadores y yo) que uno es más joven, inexperto o tiene poco nervio, pues así lo decidió el jugador del castellano cuando tuvo que dejar a uno de los tres al mando. Desde esa primera vez, los tres han salido más veces (el joven incluso derrotó de forma apabullante al tanque del grupo en un torneo) y alguno tiene familia a su cargo, ya sea esposa, concubina, hijos… porque en su día mencioné que vivían con sus familias en tal ala del castillo. De igual forma, del segundo jefe de la milicia local sabemos que es panadero y tiene una hija joven. Conforme ha ganado protagonismo como pnj se ha ido desdibujando, perdiendo algunos rasgos que tenía en un principio y hasta el nombre.

¡Tate! Y, ¿por qué iba a querer yo hacer tal cosa rara? La respuesta es bien sencilla: esos cuatro pnjs son reemplazos, “huecos” para cubrir bajas entre los pjs, de forma que los jugadores puedan hacerse personajes que encajen en la campaña y tengan la mayor parte de la información que tiene el jugador y tenía el personaje fenecido. De igual forma, para el resto de los pjs es natural y no queda forzado que este nuevo-antiguo personaje se una a ellos.

Ésta es una forma simple y elegante de evitar esas incongruencias que se dan cuando un nuevo pj se une al grupo. En campañas centradas en un emplazamiento fijo, como la del ejemplo, o donde los personajes pertenezcan a alguna organización (como un grupo mercenario o una orden cabalística y secreta de la rosa-cruz) es fácil hacerles un hueco (aunque sea como innombrados compañeros de francachelas o el compañero habitual en las timbas de póquer el día de paga) y, si al final no hacen falta como reemplazos o sus apariciones son muy demandadas por los pjs, podemos “mutarlos” a pnjs de pleno derecho y conseguir una campaña más rica.

2 comentarios para “Los que no son nombrados

  1. ¡Mi madre! ¡Que el master ya lo tiene todo dispuesto para cuando palmemos!¡Cubano, Maquiavelo, Lucanor! …XD
    Buena técnica, por cierto…

  2. Esto me recuerda una campaña en la que jugamos en la que nos acompañaban 3 pnjs, Fulano, Mengano y Zutano, y uno de los jugadores decidio coger a uno para hacerse su personaje, que acabó siendo una barbara llamada Zutana 😀

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