Crucero por el Mediterráneo
Publicado en Nephilim el 31/07/2009 05:43 pm por CubanoEl plan de Sigbert había sido ganarse la confianza del nephilim que llevase el Grial, acompañarlo, reducirlo una noche, convertirlo en homúnculo y llevárselo junto con el Grial de vuelta a Tierra Santa. Si se ponía tozudo, capturarlo por las bravas al pie mismo del pog. Sin embargo, la presencia de los Guardianes del Grial le obligó a replantearse los planes. Desde luego, intentar reducirlos en el Montségur quedó descartado. Incluso sin conjuros o invocaciones, no podía esperar hacer prisionero a los cuatro nephilim sin montar un escándalo que atrajera a templarios, soldados del ejército francés o, incluso, que pusiera patas arriba la entrega del castillo que empezaría en pocas horas. Tampoco podía hacerles el ritual del homúnculo ni a Pírixis ni a Yaltaka con la única ayuda de Constancio, así que tocaba improvisar.
Por lo pronto, había conseguido que le aceptasen como escolta, gracias a que los faidits y los guías respondieron por él y por Constancio. No contaba con que tolerasen su compañía mucho tiempo, así que tenía que actuar rápido. Lo primero era confirmar si llevaban el Grial o no. Si no lo llevaban pensaba dejarlos en paz, para evitarse problemas. Si lo tenían, pensaba, llegado el caso, incluso coger el Grial y salir corriendo, saltándose la orden de “sin testigos”, para “morir” luego, borrando así las pistas que pudieran poner en peligro a la Prieuré.
Sin embargo, esto no hizo falta, porque los nephilim confiaron en él y en Constancio. Pírixis y Yaltaka no sabían hacia dónde ir, así que aceptaron el ofrecimiento del fénix de ir a Tierra Santa, a buscar refugio en la Torre. Sigbert les ofreció el bajel que tenía en Aigues-Mortes y, para sorpresa suya y de Constancio, ¡aceptaron! Aquello les dejó algo descolocados (a Constancio atragantándose con el vino): cuatro nephilim aceptaban embarcarse con un teutónico. El destino sonreía a la Prieuré.