Después del empacho de culebrones que me di el año pasado (y hasta esta primavera, cuando me envicié con Nana) necesitaba algo de acción sin demasiadas complicaciones. Claymore me dio eso, con los males propios de este tipo de series pero con los suficientes puntos buenos como para considerar que merece la pena ver.

Teresa de la tenue sonrisa