Corría el año 530 cuando el Reino del Verano llegó a su fin. Su agonía se prolongaría durante diez años más, pero murió el día que Arturo sorprendió a Lanzarote del Lago y a Ginebra en adulterio. El mismo día en que yació con Morgana. El mismo día que desapareció Merlin. El mismo día, de paso, en que alguien clavó un puñal de 8 pulgadas a Asgareth, provocando la muerte de su simulacro y que él fuera reabsorbido por su estasis. Fue el día que Nerrad se quitó la máscara y decidió dar cerrojazo a la partida. Y fue el día que descubrió que había un jugador de más.
Nerrad, la Emperatriz, experta en la magia de Luna, manipuladora, ambiciosa y algo desequilibrada, había aprovechado el ataque sobre París para eliminar al encargado del arcano de la Emperatriz y salvar al resto de adeptos, ganándose así el respeto de sus compañeros (por lo segundo, lo primero se ocupó de que nadie lo viera, claro). Al poco de llegar a Britania ya dirigía, aunque de manera extraoficial, a la Emperatriz en las Islas y, pocos años después, recibía el nombramiento oficial. Ya para entonces se había fabricado una nueva identidad en el Norte: Morgana. Que pudiera hacerse pasar por nativa con tanta facilidad y que en tan pocos años liara la que lio hace pensar a muchos que ya había pisado las Islas en alguna encarnación anterior. Hay quien piensa que su plan estaba tan perfectamente orquestado que lo tenía planeado desde mucho antes.
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