El viaje al Mar de Arena escondía una pequeña trampa, un fleco suelto que las altas esferas querían solucionar antes: una base de Sol Negro, en forma de academia nigromántica situada en el centro de un macizo rocoso. Como cogía de camino, el Ícaro recibió el encargo de eliminar la base y rapiñar lo que pudiera ser de interés. El informe era bastante detallado y hablaba también del pueblo, del túmulo y de los muertos vivientes caminando por las calles. Había sido escrito por el cuervo de Wissenschaft que formaba parte de la expedición Lunzberg, a fin de cuentas. A nadie le terminaba de gustar el asunto, pero era un buen entrenamiento para el destacamento de Wissenschaft del dirigible.
Los mapas de la zona eran escasos: un mapa parcial levantado hacía 30 años y las indicaciones del agente. El poblado estaba en una amplia hondonada y el mejor camino para llegar a ella era por un ancho cañón que arrancaba desde el borde occidental del macizo. Demasiado estrecho para maniobrar, pero menos expuesto que volar directamente sobre el macizo.
—Haremos una batida —dijo el capitán Paolo—. Renaldo, Kuro y yo. Iremos por la noche, evaluaremos la situación y actuaremos al amanecer.
Hubo un sentimiento de alivio generalizado. A nadie le apetecía ir a ciegas contra una academia nigromántica especializada en cursos de postgrado.