Dentro de los muros que derribó Josué, en la colina del norte en la piedra del águila bajo la montaña tras el sello de oro, la quinta y la tres y la tres y la quinta tras Josué el camino de la sagrada Copa enseña (…)
Y hasta aquí puedo leer la tarjetita.
La carta de Quirós recomendaba al de Arimatea buscar el Grial en su casa, y terminaba:
A 30 pasos al este del templo de Lilith, más allá de la puerta de Ishtar en la ciudad de los jardines colgantes está mi casa.
Así que a Yaltaka y a Pírixis les tocó darse un buen viaje por Oriente a costa de la rama burocrática del Arcano El Loco. Babilonia es, en esta época, una ciudad prácticamente abandonada, ruinosa y semicubierta por las arenas. El tempo de Ishtar como tal no existía (o no quedaba en pie) y, de hecho, Quirós no se refería a ninguna construcción real, sino a la entrada al Reino de Lilith. Encontrar esto era imposible para dos nephilim que no distinguirían el Ka de Luna Negra ni aunque estuvieran sumergidos en él. Menos mal que entre las ruinas había dos selenim seminómadas que cuidaban de la parte mundana del Reino de Lilith. Estos indicaron a los nephilim, una vez les explicaron sus motivos, desde dónde empezar a contar los treinta pasos. Allí, en el sótano de una casa en ruinas, encontraron una inscripción en ennochiano a la que le faltaba el final. Es la cita que abre este capítulo.
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