Arturo – Personajes: Pírixis

Onirim, Quimera negra. Arcano mayor VII, El Carro.

Características en Batalla por el Grial (entre paréntesis, la característica del simulacro y el bono por ka): Ka 43; Fuerza 8 (3+5); Constitución 17 (9+8); Inteligencia 16 (13+3); Destreza 15 (8+7); Carisma 19 (10+9).

Metamorfo (cada rasgo sobre un máximo de 20): Ojos y cabellos blancos 6; manos largas y con garras 3, piel negro ébano 6; olor opiáceo 8; voz hipnótica 20.

Habilidades destacadas (sobre un máximo absoluto de 100%): bordar 40%; elocuencia 70%; enseñanzas de Jesús 60%; conocimientos druídicos 75%; escalar 29% (sí, hizo rápel por un acantilado, con lluvia y en tiempo récord); esquivar 70%; gladio 89%; arco 72%; orientación 70%; supervivencia 45%; observar 72%; psicología 62%; empatía con la naturaleza 90% (nunca he sabido para qué sirve, pero los jugadores siempre le buscan una utilidad); conocimiento de las plantas 61%; zoología aplicada 61%; varios idiomas entre un 30 y un 60%.

Habilidades mágicas: Brujería, Gran secreto 10%; Cábala, Sellos 65%; Ritos, Control de khaibas, 61%.

Estasis: un estatuilla de babuino de la 1ª dinastía egipcia.

Títulos (por orden de antigüedad): Guardián del Grial, Adepta del Carro, Discípula de Jesús, Dama del Lago.

La dama Rhonwyn Pírixis llevó el Grial, la tablilla del Arcano sin número, a Moisés, su primer portador, convirtiéndose así, junto con Yaltaka, en la primera Guardiana del Grial. Fue uno de los veinte discípulos nephilim de Jesús, estando con él hasta el final. En la Britania artúrica, fue madre adoptiva de Arturo, fue esposa y madre, consejera del Rey y la Dama del Lago a quien Bedwyr entrega Excalibur a la muerte de Arturo. No está mal para empezar.

Arturo – Batalla por el Grial

Con la muerte de Arturo y de muchos de los caballeros de la Tabla Redonda Britania se descompuso en una miríada de pequeños reinos. El Pacto del Dragón estaba roto con la muerte del Alto Rey y su hijo y sin posibilidades de refundarlo: sólo dos nephilim –Nerrad-Morgana y la Doncella de Hielo– conocían de su existencia, pero nada sabían de cómo se realizó o cómo contactar con el Dragón. El desánimo cundió entre los nephilim del Otro Lado, que veían como, tras un breve florecimiento, todo empezaba a desvanecerse como si fuera un largo y cálido sueño.

Pírixis decidió abandonar la Isla de los Poderosos; ya nada la ligaba a ella, sólo recuerdos. Guardó sus libros y manuscritos, su biblioteca, en vasijas selladas que escondió en grutas cercanas a su lago. Luego, fue a Wallingford a despedirse de sus tierras y de su pueblo y dar su bendición al nieto de Uisnach, quien sería ahora el señor de Wallingford.

Sin embargo, antes de irse de Britania quedaba algo por hacer. O, mejor dicho, no podía irse con las manos vacías. Las islas se asomaban a un destino incierto, pero sin duda lleno de guerras entre britanos, sajones y Dios sabía qué más; no podía dejar el Grial a su suerte. Sabía (ya porque lo hubiera visto en su morada, ya por eliminación de otros candidatos) que el Grial lo tenía la Doncella de Hielo, lo que añadía una incógnita más: ¿qué pasaría con su morada ahora que el Otro Lado se alejaba de Este? Además, en el agua de roble entreveía un peligro, algo que la impulsaba a actuar ya. Así, acompañada por Yaltaka, se dirigieron rápidamente a Cornualles, bajo las continuas lloviznas de un otoño que se adelantaba.

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Arturo – Personajes: la Doncella de Hielo

Valkiria, eolim.

Kelekwen, la Doncella de Hielo, era un nephilim independiente y solitario que vivía en la costa atlántica de Cornualles. Se la podía ver con frecuenta en la escollera, y para los lugareños era símbolo de mal tiempo e inviernos duros. Vivía con la única compañía de varios efectos-dragón independientes, entre los que destacaban las dos Damas que la protegían y varios extravagantes dragones. Mantenía muy buenas relaciones con el Rey Pescador, quien le encomendó las estasis de los Guardianes del Grial y, posteriormente, el Grial mismo, y otros poderosos nephilim de las islas y era respetada o temida por casi todos (quien había sido víctima o testigo de uno de sus fulgurantes ataques de ira, prefería morir antes que pasar otra vez por aquello). Sus ideas se basaban básicamente en la libertad personal y el respeto a la libertad de los demás le habían valido para ser considerada la portavoz oficiosa de los nephilim más neutrales. En la época de nuestra historia estaba encarnada en una mujer bajita y de complexión fuerte, así que se dio el caso de nephilim egipcios recién llegados a Britania que la subestimaron… hasta que le veían los ojos.

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Arturo – Pírixis o la búsqueda de Yaltaka, y IV

La Búsqueda del Grial no conducía a nada, y muchos valientes caballeros habían muerto o desaparecido. El reino estaba enfermo, las cosechas eran malas y la gente moría. En el Norte, Morgana había presentado a su hijo Mordred, hijo de Arturo, un joven apuesto y diestro en las armas de alrededor de veinte años cuando no debería tener más de diez u once y prometía un nuevo Reino del Verano. Muchos la acusaban de brujería y renegaban de ella, pero cada vez más señores y vasallos, nobles y plebeyos, la consideraban la única esperanza. La rebelión estalló en Britania.

Mientras tanto, la dama Rhonwyn Pírixis, consejera del postrado e inútil rey Arturo y quien realmente gobernaba en Britania, junto con Ethiel, cónsul en funciones del Emperador y la mano en la sombra (más bien la zarpa) que mantenía a flote el reino, partían al sur en busca de un viejo amigo en lo que esperaban fuera el último acto de una búsqueda que duraba ya más de veinte años.

No vamos a contar aquí las peripecias del camino hasta la Cabeza del Unicornio, a través de señoríos hostiles, bosques peligrosos, el reino del rey Marco (el de Tristán e Isolda) y las tierras inexistentes de Lyonesse. La fama de quien ha visitado los salones de los Dé Danann, se ha sentado a la mesa de Lug, ha charlado amigablemente con Gofannon y juega al mus habitualmente con los dragones polícromos de la Doncella de Hielo abre caminos. Y el temor a terminar como juguete de un gato travieso los mantiene libres de zancadillas.

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Arturo – Pírixis o la búsqueda de Yaltaka, III

Con la descripción que le habían dado los Dé Danann, a Pírixis le fue fácil identificar el edificio que debía contener la biblioteca. Una vez cayó la noche, no le fue difícil arrastrarse sigilosamente hasta el edificio y entrar en él. El único problema es que tuvo que utilizar el conjuro de Desplazamiento subterráneo para ello, por lo que tuvo que buscar primero un lugar donde dejar toda su ropa y pertenencias bien ocultas. El edificio tenía muros de buena piedra por los que pudo desplazarse, sacando la cabeza acá y allá para orientarse. Desde que, en París, se perdiera totalmente bajo tierra, Pírixis había practicado mucho con el conjuro y ya era capaz de orientarse a ciegas estuviera donde estuviese.

Encontró una zona protegida mágicamente a la que no pudo entrar y supuso que esa sería la biblioteca. Para comprobarlo, buscó una alacena, despensa o pequeño cuarto donde invocó a una sombra (Aquellos que murmuran, los espíritus del bosque de basalto) para usarla como unidad de reconocimiento. La invocación permitía al invocador ver a través de ella y era prácticamente invisible allá donde hubiera sombras, así que era el medio ideal para llegar donde el conjuro de desplazamiento subterráneo no podía llevarla. Con la sombra delimitó el lugar protegido y comprobó que era, efectivamente, la biblioteca.

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Arturo – Pírixis o la búsqueda de Yaltaka, II

Los Tuatha Dé Danann se proclamaban a sí mismos como los últimos descendientes de la Atlántida, así que era una vía de investigación interesante, tratándose de una criatura de tiempos casi de la Atlántida. No figura en las crónicas cómo decidió Pírixis seguir la pista irlandesa, si se le ocurrió a ella, si fue una sugerencia de la Doncella de Hielo o de algún otro nephilim británico, algún encuentro casual… Sea como fuera, el problema que se le presentó entonces fue el cómo contactar con los Dé Danann. Estos nephilim hacía mucho tiempo que se habían retirado a su Otro Lado y roto casi todos los lazos con los humanos y el mundo material. Los nephilim que vivían entre los humanos eran casi todo de procedencia celta o jóvenes (entiéndase lo de jóvenes) nacidos en la isla. Por fortuna, Misat llevaba más de veinte años en la isla y tenía ya contactos y amigos en todas partes.

Pírixis recurrió a Asgareth para ponerse en contacto con el gato del Mago y pedirle su ayuda. Misat no tuvo reparos en prestar todo el apoyo que pudiera. Pasó los siguientes meses o años preguntando, indagando, pidiendo favores entre los nephilim de Este y el Otro Lado de Irlanda y encontró tanto respuestas como auxilio. Una corte de Dé Danann estaba dispuesta a ayudar a Pírixis y concertaron un encuentro. Desgraciadamente, este encuentro tuvo que posponerse por la revuelta de los hijos de Ulfius que, como ya hemos visto, afectó seriamente a Rydychan y luego hubo que esperar a que se dieran las condiciones propicias para que se abriera el pasaje que conducía al palacio de los Dé Danann.

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Arturo – Pírixis o la búsqueda de Yaltaka, I

Ya nos toca, ¡por fin!, hablar de la saga que marcó el final de la época de Arturo: la búsqueda de Yaltaka, allá donde estuviese. Desgraciadamente, no quedan crónicas de lo que sucedió, sólo pequeñas notas y recuerdos borrosos, así que ruego perdonen las lagunas, incoherencias y posibles fallos de esta historia.

Hagamos un poco de memoria. Corría el año 518 cuando el simulacro de Yaltaka, lord Uisnach de Rydychan, caía bajo las lanzas pictas en la Batalla del Castillo del Gozo. Lord Uisnach fue enterrado con todos los honores y la pompa que requería, pero Yaltaka había olvidado por completo cierto pequeño e insignificante detalle: que sobre él pesaba una maldición. Durante el entierro, el señor del dragón de Brent Pelham vino a por lo que era suyo: el alma de quien había matado a su mascota. El alma y consciencia de lord Uisnach nada tenía que ver en este asunto (la pobre, veinte años ha que había perdido el control de su cuerpo), así que el señor se llevó a Yaltaka ante la atónita mirada de amigos y compañeros.

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Arturo – Los hijos de Uisnach

No, no me refiero a la leyenda de Deirdre (muy recomendable el disco de los hermanos Dana), sino a la prole de Uisnach Yaltaka, que dan para una nueva entrega de Dinastía.

Recordemos que Yaltaka, bajo el nombre de su simulacro, Uisnach, un caballero errante sin mucha fortuna, después de vencer al dragón de Brent Pelham conquistó el reino de Rydychan, en el centro de Logres, para restituírselo a su legítima heredera, lady Liadain de Oxford. Por supuesto, en un reino hace falta un hombre que lleve la corona, aunque sólo sea para espantar moscones y Uisnach Yaltaka casó con lady Liadain. Fue un matrimonio feliz y razonablemente enamorado.

Uisnach y Liadain tuvieron hijos. El número exacto es algo en lo que las crónicas y manuscritos que obran en mi poder no se ponen de acuerdo. Tuvo tres varones y dos o tres hembras (quizás cuatro). De las hembras no queda constancia de los nombres ni de su destino, aunque siendo quien era su padre, a buen seguro tuvieron buen casamiento y dote. Lo que sí se sabe es que todas fueron unas arpías de cuidado. Aquí hablaremos, pues, de los hijos.

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Arturo – El fin del Reino del Verano II

Pírixis fue de «tapada» casi toda su vida y la época de Arturo no fue una excepción. Renegaba públicamente del poder y la política y para sí aparentemente sólo tuvo sus seminarios del Carro (aunque famosos y concurridos, ella nunca tuvo ni aceptó un puesto de relevancia en el Arcano) y su lago cerca de Camlann. Para muchos no era más que la amiga de Yaltaka a quien este arrastraba en sus disparatadas aventuras, el ama de cría del cachorro de Merlin y, en general, alguien que se dejaba arrastrar, sin voluntad y sin importancia. De ella decían a sus espaldas que era tan buena que era tonta y, en la partida que se jugaba en Britania, ni le dieron el papel de peón.

Si bien es cierto que repudiaba la política y no ambicionaba poder alguno (razón, junto con su gran sentido de la justica, por la que Merlin la incluyó en el Consejo Gris), nada en su currículum indicaba esa apatía y falta de resolución que quisieron ver algunos, supongo que cegados por la arrolladora personalidad de Yaltaka.

Pírixis seguía buscando a Yaltaka y no estaba en Camelot cuando se produjo el ataque de Nerrad, pero acudió tan rápido como pudo. Se encontró con la Corte en estado de pánico, tal y como pretendía Nerrad. Con Arturo, el reino estaba enfermo: la cosecha moría, el bosque enfermaba, el Otro Lado se esfumaba, los Yermos avanzaban. Humanos y nephilim estaban aterrorizados y no sabían qué hacer y Nerrad esperaba en el Norte el momento de aparecer, con su hijo, como salvadora. Ante tal situación, Pírixis hizo lo único que podía hacer: tomar la responsabilidad de salvar el reino. Era Dama del Lago, era consejera de la Tabla Redonda (aunque rara vez había asistido a alguna reunión y apenas había participado, al menos públicamente, en las decisiones que se tomaran), era la madre adoptiva de Arturo y era Guardián del Grial.

De repente, había aparecido un peón en séptima y había coronado.

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