Tiempos interesantes

Ojalá vivas tiempos interesantes
Antigua maldición china

Terminé hasta las narices de 2025, pero 2026 entró pisando fuerte. El 24 de enero, mi casero nos comunicaba que iba a vender el piso. Que, francamente, lo entiendo. La comunidad es un desastre con una deuda que ha ido creciendo año tras año y una dejadez de los vecinos absolutamente increíble. Lo siento por el pardillo que se lo compre (casi seguro a precio absurdo, pues los precios de Montequinto no tienen sentido alguno).

En fin, que nos encontramos de pronto con un marrón enorme en un mal momento. El mercado está enloquecido y, además, yo ya había dado por terminada mi etapa como freelance por las tardes y el dinero lo había invertido en otras cosas, como cambiar de coche o renovar parque informático.

Un vistazo al mercado de alquiler nos quitó la idea pronto: nada a un precio razonable y a una distancia del trabajo aceptable. La opción de la compra emergió como la única solución factible, salvando el pequeño detalle de que no era posible. No se trata de pagar la hipoteca mensual y otros gastos de la vivienda, sino de los gastos previos (entrada, impuestos, mordidas inmobiliarias…). Con todo, lo intentamos y, con la ayuda final de mis suegros, en 40 días teníamos localizada una vivienda aceptable.

Luego vino un mes perdido cortesía de una tasación mal hecha, relanzar la operación con otro banco, la firma y la mudanza. Y mil problemas de todos los tamaños y sabores que aún colean. El 31 de mayo dejamos por fin el piso viejo y vamos avanzando con el nuevo.

Problema principal: llevamos desde 2013 en pisos de 3 habitaciones (4 originales) con muchísima capacidad de almacenamiento. Hemos pasado a uno de dos habitaciones con una cocina escasa de muebles y un armario-vestidor que nunca ha sido vestido. Aún con el añadido del trastero, hemos perdido mucho espacio. Pero el Ikea está cerca y vamos apañando. Hay días que hasta hemos llegado a ver el suelo del salón… durante un rato; luego se llena otra vez de cajas. Creo que se reproducen cuando no las miramos.

Y esto coincide con los últimos meses antes de la puesta en producción de un proyecto de tres años, importantísimo arrancarlo este verano sí o sí, así que no les cuento cómo cotiza mi ansiedad en el mercado libre.

La campaña de Runequest de La tormenta que se avecina la tuve que parar, claro. Además, en muy mal sitio, en mitad de una aventura. No tenía yo ni ánimo ni tiempo para preparar partidas. Está en stand-by y la recuperaremos cuando podamos.

Comentaba a final del año pasado que se nos habían unido dos jugadores que también dirigían. Tuvimos en otoño una aventura de MERP y estábamos ahora con una campaña de Star Wars que nos venía de perlas a Menxar y a mí para descansar y divertirnos un rato, entre tanto sinsabor. Sin embargo, a mediados de marzo tuvieron una rabieta de adolescentes tardíos, nos bloquearon y desaparecieron. De todo hay en la viña del Señor.

Pero estamos en junio y las cosas van encarrilándose. Oh, sí, estamos en una casa más pequeña, a 30 kilómetros del trabajo (el doble que antes y por una carretera peligrosa), allá donde Cristo dio las Tres Voces, pero hay buenas vistas desde la ventana, buenos sitios para comer, los manuales de rol ya están en su estantería y guardo la esperanza de tener el salón operativo en las próximas semanas. Aparte, el vienes jugamos la primera sesión de una campaña de Ánima como jugadores, con un máster que conocimos este invierno. Ya habíamos hecho los personajes y jugado una sesión cero en marzo, pero con todo el jaleo de la mudanza habíamos parado el tema. Fue una sesión nefasta por los dados, pero nos dejó la sensación de que empezábamos a recuperar la normalidad.

Ahora queda también quitarle las telarañas al blog.

Nos vemos en el Forlon.

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