Archive for marzo 10th, 2009

Arturo – El Consejo Gris

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El primer año de Arturo como jefe guerrero fue muy largo. Empezó en Año Nuevo al arrancar Excalibur de la piedra y se prolongó hasta un invierno de penurias. Militarmente fue un año de pequeñas batallas. Los señores rebeldes intentaron acabar con el muchacho antes de que tuviese tiempo a afianzar su poder (más bien a tener algo de poder), pero tuvieron casi que apañarse con el séquito del torneo, faltos de tiempo para volver a sus tierras y convocar a los vasallos. Arturo no estaba mejor: un puñado de muchachos sin experiencia y otro de hijos segundones buscando fortuna, todos mal equipados y sin suministros. Aun así, se las apañaron para salir airosos de las primeras escaramuzas.

El primer enfrentamiento digno de renombre fue en Cameliard. Varios señores de Cambria y Cumbria habían aprovechado para caer sobre este pequeño reino cuyo rey, Leodegrance, fiel vasallo de Uther y Aurelio, había jurado fidelidad a Arturo desde el primer momento. En auxilio de Arturo y Leodegrance llegaron tropas de Rydychan comandadas por Uisnach Yaltaka y los Cinco Hermanos de Madog, con lo que las fuerzas quedaron más o menos equilibradas. Se combatió en los fosos de Carohaise y fue la primera victoria de Arturo. El rey Uryens se rindió ante la valentía y arrojo del chaval, mientras que el rey Nentres de Garloth había muerto en su tienda, la noche antes de la batalla.

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Da Costa y la Real Orquesta sinfónica de Servilla, ¡qué sonido tan hermoso!

7º concierto de la temporada y esta vez con orquesta invitada: la Real Orquesta sinfónica de Sevilla con el maestro Pedro Halffter a la batuta. Empezó el programa con una interpretación exquisita la obertura de Las bodas de Fígaro de Mozart. ¡Qué sonido! Limpio, cálido, delicado… Siguió el Concierto para violín y orquesta del compositor español Rodolfo Halffter, siendo el solista Alexandre da Costa. La obra no me gustó, demasiado moderna: melodías cortas, cacofónicas, mucha técnica pero muy fría, incómoda. Con todo, la interpretación del solista, con una técnica impresionante, y la orquesta, delicada cuando debía, con fuerza cuando tocaba, arropando al solista sin ahogarlo, realzándolo, lograron mantener mi atención en todo momento. Alexandre da Costa se despidió de nosotros con un arreglo de un tema de Jimi Hendrix con acompañamiento de contrabajo que se llevó una gran ovación (y no fue para menos, porque fue una auténtica delicia).

En la segunda parte teníamos al hermano de Rodolfo, Ernesto Halffter y su Sinfonietta en Re Mayor. El comienzo del primer movimiento me hizo temer que fuera una pieza del estilo de la anterior, pero estaba totalmente equivocado. La Sinfonietta es preciosa y permite que la orquesta se luzca, y la Sinfónica de Sevilla bien que lo hizo. Podría hablar y hablar sobre ello. Bueno, no, no podría: me dejaron sin palabras. Estuve hasta la mañana siguiente en una nube.

De postre, un bis de la orquesta. ¿Qué más se puede pedir?

Una señora vecina de butaca aplaudió por primera vez en siete conciertos.