Baile de máscaras — La boda

Tras el confinamiento, retomamos Baile de máscaras. Después de esas semanas de aislamiento, fue fantástico volver a desplegar el hule blanco, abrir la mesa y sacar los cuencos para las chuches. Para recuperar el tono, me decidí llevar a la mesa un suceso al que no tenía pensado dedicar tiempo de juego: la boda entre Émilien Duchamp y Cécile Chapelle, hija del vizconde de Soirault. Me resultaba evocador retomar los personajes de la primera aventura de la campaña para la primera sesión de la vuelta. Pero, ¿me sería posible retomar a la desdichada pareja y la asagiri, el espíritu licántropo, y montar una aventura que no fuera una repetición de la anterior?


Empecé a darle vueltas a los personajes secundarios, buscando qué podía ofrecerme cada uno. Cuando llegué a Imperius, el eremita que les ayuda y está sacado directamente de Lady Halcón, pensé «¿y si le damos la vuelta?». Digamos que Imperius se siente el padre de la asagiri, pues fueron sus actos la que la hicieron nacer. No voy a pensar en cuáles fueron esos actos, da igual. Pero, desde entonces, la ha seguido y vigilado. Cuando la vio encerrada en el cuerpo de Cécile Chapelle, dominada por la voluntad de la joven salvo en las pocas ocasiones en las se desbocó, intentó liberarla. Sin embargo, hacerlo sin matar a Cécile requirió de un complejo ritual que incluía el secuestro y sacrificio de Émilien Duchamp.

Tras aquello, Imperius buscó otro cuerpo que ofrecerle, una criada de los Soirault. Varios criados abandonaron la casa tras los sucesos, así que su desaparición pasó desapercibida. La propia marcha del eremita quedó cubierta como un retiro necesario para recuperarse del ritual.

Los problemas no acabaron ahí. La asagiri es especial, tiene más inteligencia de lo que es habitual en estos espíritus. Sin embargo, ya sea por su paso por Cécile o por un efecto secundario del ritual, ahora está totalmente desequilibrada. Y no sólo eso: es capaz de convertirse en cualquier momento, día o noche, en el que la Luna esté sobre el horizonte. E, incluso, de convocar otros espíritus, bestias espectrales también ligadas a la Luna.

Imperius, desesperado, se ha convencido de que la asagiri debe tomar otra vez a Cécile. Vuelve, pues, a Chaville y se encuentra con la noticia de la boda. Es una oportunidad de lujo, pues ni el padre ni la pareja pueden negarse a que él oficie la ceremonia ni tampoco le resulta difícil convencer a la joven de que vele la noche antes en la ermita de la vieja fortaleza que había convertido en su hogar.

Ya con la trama en mente, pasé al desarrollo. No quería algo muy elaborado: se trataba de retomar el contacto con los personajes y el sistema, así que me bastaba mezclar roleo y acción y dejar de lado la investigación. Charlie me dio el comienzo perfecto, al organizar tiempo atrás la despedida de soltero de Émilien, que empezaría con una cena con los amigos en casa de Noel y Colette, lo que nos permitía tener al personaje femenino del grupo en el meollo.

En el postre, organicé un ataque de las bestias espectrales. Intangibles, casi invisibles, sólo afectables por armas mágicas (que no tenían) o de plata, tuvimos un tenso combate en el que debieron salvar a sus invitados y a Émilien, objetivo claro del ataque, usando los cubiertos de la cena y los candelabros. Aquello, claro, les hizo temer una recaída de Cécile. Que la asagiri siguiera en ella y hubiera resurgido.

Vigilar a Cécile era imposible, así que optaron por no dejar solo a Émilien y acudir a la ceremonia, en la casa de campo de los Soirault, con los coches bien cargados de armas. Llegaron con tiempo para vestirse y prepararse y revisar el perímetro. Colette intentó ver a Cécile, para ofrecerle su ayuda al vestirse. Cuando se enteró de que aún no había vuelto de la ermita, se le encendieron todas las alarmas. Aunque fuera acompañada del mayordomo Sébastien, del que conocían su destreza.

En cuestión de minutos tomaron caballos y armas, dejando a Émilien al cuidado del marqués de l’Aigle Couronné y del conde de Carbellac, ambos invitados a la boda.

Las ruinas de la fortaleza y la ermita fueron todo un reto. Extrañas ilusiones protegían sus secretos y hacían de una eficaz primera línea de defensa. Con habilidad, suerte y la experiencia que ya tenían tratando con cosas inexplicables y sobrenaturales, lograron sortearlas y alcanzar las ocultas catacumbas de la ermita. Todo el subterráneo estaba cubierto de las mismas flores que había en la fuente del jardín del vizconde en la fatídica noche y bañado en una luz blanquecina y pálida, como la de la Luna. Y la voz de Imperius resonaba entonando un cántico lúgubre.

Se accedía al subterráneo por una tosca escala de madera, lo que les obligaba a ir de uno en uno a enfrentarse a lo que fuera que les aguardaba. Y allá que se lanzaron. Para ver a una Cécile inconsciente acostada sobre un sello alrededor del cual caminaba Imperius. Una extraña bestia, una asagiri a medio transformar, en una jaula sin cerrar, se alimentaba de los restos del mayordomo. Y dos bestias espectrales, visibles bajo la falsa luz lunar, remoloneaban a su lado.

Les costó comprender lo que sucedía y, sin duda, si Imperius hubiese tenido la cabeza más fría, hubiera podido engañarlos y cogerlos con la guardia baja. Fue un combate duro, contra la magia del eremita, contra la fiereza de la asagiri y sus bestias. Pero salieron victoriosos y volvieron con Cécile viva y sin más daños que la droga que la mantenía inconsciente.

Mientras ellos estaban fuera, otras dos bestias habían atacado la mansión del vizconde, para terror de los invitados. Pero el conde y el marqués cumplieron lo que se esperaba de ellos y habían mantenido al novio vivo. La boda se celebró, no recuerdo ya si esa misma tarde u otro día posterior, y la pareja, sin más sobresaltos, pudo comenzar su vida en común.

Una aventura, como digo, sencilla, con mucha acción y tensión, que creo cumplió su cometido de meternos a todos de nuevo en la campaña.

Baile de máscaras, campaña para Ánima Beyond Fantasy, 2×01. Con Julien Lafleur d’Aubigne (Alcadizaar) y su hermano Jacques (Aldarion), Colette/Noel Leclair de Dunois (Menxar) y Michel Laffount de Gévaudan (Charlie).

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