Baile de máscaras — Visita a Astria

Lo que sigue es un fragmento del diario de Colette que escribe su jugadora, Menxar, con mis notas del máster donde toca. Me está costando muchísimo escribir estas semanas de confinamiento. Ella ha tenido a bien permitir que lo publique y yo no quiero retrasar la narración de la campaña más tiempo, pues cuanto antes me ponga al día, antes empiezo a preparar la segunda temporada.

Diario personal de Colette Leclair, septiembre de 987.

Cuando llegamos está amaneciendo, pero no me puedo ir a la cama, hay que curar heridas, comer, asearnos y constarle a la señora de Carbellac lo acontecido. Pero hay un pensamiento que me ronda y no me abandona, no quiero dormir sola, aún tengo la necesidad de no soltarlo. No creí que aceptara, pero cuando tenemos un segundo a solas se lo pido y me dice que sí. Mi corazón salta y amenaza con salir de mi pecho, en este momento me da igual la posibilidad de que alguien nos sorprenda y me olvido de las consecuencias.

Astria


Subimos a la planta superior y entramos a mi habitación. Me aseguro de cerrar con llave. Y, aunque el cansancio casi me cierra los ojos, sólo necesita besarme una vez para que mis aspiraciones cambien y le entregue a Julien la poca energía que me queda. De puro cansancio nos quedamos dormidos después del sexo, pero, al poco, se despierta sobresaltado y gritando. Logro que se tranquilice y me cuenta que las sombras le acechan en sueños, por lo que le preparo un sedante para ayudarlo a dormir. Desgraciadamente, el agotamiento hace mella en mis habilidades y mido mal la concentración. Al menos dormirá hasta la mañana siguiente, pero es posible que se levante algo resacoso.

Varias horas después, cuando me despierto y estoy tratando de vestirme sin ayuda, llaman a la puerta y casi me muero del susto. Se trata de Gwen, que necesita que vea a Morgaine, así que me pongo la bata y salgo a atenderla. Aunque tiene fiebre y se la nota muy incómoda, se recupera al poco de darle un sedante suave y unos cuidados mínimos. La buena de Gwen se ofrece a asistirme con la ropa y, aunque me muero por aceptar su oferta, no puedo dejar que nadie encuentre a Julien dormido en mi cama.

Cuando al fin bajo, los encuentro a todos reunidos para la cena. Al parecer la señora de Carbellac ha pasado la tarde poniendo un poco de orden en el pueblo y todo ha estado tranquilo [N. del M.: Michel la acompañó y, tras la charla, le enseñó lo que se había traído de la tumba: los picos y el anillo. Como veía una relación entre el anillo y Jacques, se lo entregó a la señora de Carbellac para que lo guardara.]. Durante la cena, Michel le sonsaca al posadero que aquel al que conocemos como el Rubio debe ser Guillemont Charpentier, conde de Louzignac, y la señora de Carbellac nos cuenta que es de la zona cercana a los Grandes Lagos.

Nos quedaremos hasta que Morgaine pueda hacer viaje [N. del M.: la condición de los padres de Morgaine para permitir que los acompañara en la excursión nocturna fue que la llevaran con ellos a Astria. Joël, el padre, había acudido al suyo, con título nobiliario y buena fortuna, para que apadrinara la matrícula de su nieta en la academia y poder sacarla del turbio ambiente de Ourges.], como mucho un par de días más. La atmósfera se vuelve realmente incómoda cuando Jacques pregunta por su hermano y Michel hace algún que otro comentario jocoso. Está claro que nos ha pillado, y como a Jacques no le convencen mis explicaciones decide subir a verlo. Al bajar me mira de tal forma que está claro que también se ha dado cuenta de lo que pasa. Ahora es Chloé la que no sabe qué está pasando ni a qué se deben las miradas que vuelan entre nosotros. Cuando todo el mundo se va retirando se lo cuento. Y se ríe a carcajadas cuando le digo que en verdad está sedado, pero en mi cama.

Por la mañana le explico lo ocurrido a Julien, tanto lo de la dosis excesiva de sedante como las bromas de Michel y el episodio de su hermano buscándolo. Intento disculparme, pero no parece estar enfadado. Y, aunque el resto de las noches me visita, siempre vuelve a dormir a su cama.

Michel me ha dejado de piedra ¿A qué ha venido esa charla? Entiendo lo que me dice y creo que comprendo que lo hace porque nos aprecia. Pero ojalá fuese todo tan sencillo como casarme y tener dos hijos. Desgraciadamente, yo no creo que sea tan simple, aunque sí que es cierto que me ha dado algo de munición que usar con mis padres, si llegase a ser necesario. Tampoco creo que sea justo cargar a Julien con el futuro de mi familia. ¡Ni tan siquiera sé si me ve en su futuro!

Por fin nos ponemos en camino a Astria. Como hace falta sitio para que Morgaine vaya más cómoda, Chloé y yo montamos a caballo a ratos. En el camino nos vamos encontrando con más familias que van a llevar a sus hijas al internado, lo que notamos en las distintas posadas a la hora de conseguir habitaciones. Algunos son de Chaville y conocidos de Jacques y de Michel, que invitan a numerosas rondas. De nuevo, Julien y yo volvemos a las miradas fugaces y los roces fortuitos.

Nos hospedamos en el pueblo que hay a los pies de la academia y, cuando queremos darnos cuenta, Michel se presenta con el vizconde de Bergader. Sé que ese hombre es la mano derecha del marqués de La Tour d’Azur, pero quizás estar a buenas con él sea una buena idea. La pena es que no se queda, me hubiese gustado hablar algo más con él [N. del M.: Michel sí habló largo y tendido con el vizconde, preguntándole por el Rubio y contándole lo ocurrido en Ourges sin mencionar las tumbas, es decir, que hombre del Rubio habían secuestrado a una muchacha del pueblo y que habían realizado excavaciones en el castillo, buscando algo].

El día antes de la ceremonia de apertura de la academia nos separamos: las mujeres nos quedaremos a dormir en Astria y los hombres en el pueblo. Gracias a los contactos de la madre de Chloé puedo visitar el lugar y compruebo lo espartano del recinto, un antiguo convento en las faldas del Ástrega. Mi mejor amiga lo va a pasar mal para acostumbrarse a la falta de comodidades y al frío. Al menos he conseguido una invitación para dar alguna charla cuando me gradúe, puede ser interesante aceptarla…

La ceremonia de apertura consiste en una cena informal y un baile. ¡Menos mal que tengo algo que ponerme! Durante la cena localizo a Liliane Trouvé, así que saco mi sonrisa más aduladora y me presento. Hago lo propio con las tres muchachas que me acompañan y que próximamente serán sus alumnas. Su reacción al título de la familia de Marie es evidente, así que le presento a Michel. Lo que no esperaba era el cruce de amenazas y, cuando le tocan el tema de su sobrino, el vizconde de Morzef, se altera tanto que casi se marcha dejando a Michel con la palabra en la boca. Esta mujer es peligrosa y me preocupa. [N. del M.: lo que Michel le dijo a Liliane fue, más o menos: «ésta es mi hermana, ésta mi novia y ésta, una gran amiga. Cuídalas tanto como yo cuido de tu sobrino Albert, del que soy gran amigo».]

Aunque el baile es corto, he tenido la oportunidad de bailar con Julien y de observar cómo Jacques saca a bailar a Liliane, que ha vuelto tras un rato. No sé de qué hablarían, pero, aunque al principio parece sonreír, al final se la nota un poco contrariada [N. del M.: Liliane conocía la reputación de Jacques y lo tanteó para que matara a Michel.].

Liliane Trouvé

*****

El llanto es inevitable. Me quedo sin mi mejor amiga y confidente. Y lo hago a sabiendas de que la dejo cerca de alguien peligroso, pero es casi mejor que no lo sepa. Quiere que vuelva en Navidades, ya que a ella no la dejan ir a casa. No sé si podré, pero en el peor de los casos la veré en primavera en Dupois. La espera va a ser horrible. ¿A quién voy a contarle que me he enamorado de Julien como una tonta? ¿O las cosas que me ocurran en clase y en casa?

*****

[N. del M.: iniciaron viaje de vuelta, con intención de parar en Ourges a recoger a Gwen y a sus dos hermanos. Ya habían hablado durante el verano sobre la posibilidad de llevarse a los tres huérfanos a Chaville. Al final, era Colette quien se la llevaba, tras convencer a sus padres de apadrinar los estudios de enfermería de la muchacha. La señora de Carbellac estaba de acuerdo (terminaría haciendo un hueco en su casa al mayor de los varones, como mozo de caballos). Ya estaba hablado con Gwen y le habían dado los días del viaje a Astria para que recogieran sus cosas. Pero, antes, tenían que llegar a Ourges.]

¿Por qué todo se tiene que torcer de nuevo? Aparece Julien junto al carro para avisarnos de que Jacques ha escuchado a una muchacha pidiendo auxilio. No hemos terminado de preparar las pistolas y se escuchan dos disparos de arcabuz. Cuando logro montar en el caballo y llegar el panorama es preocupante: Jacques y Julien luchan en el río, con el agua por la cintura, contra dos mujeres. El humo entre las cañas y chopos de la otra orilla delata a los arcabuceros. Lanzo el caballo terraplén abajo y galopo hacia la orilla. En ese momento, Jacques cae. Su hermano lo arrastra hasta la orilla, para que no se ahogue, mientras se las apaña para mantener a raya a sus atacantes. Tengo que tomar una decisión, cruzar el río e intentar dar con los arcabuceros o sacar a Jacques de ahí. Está claro, salvar una vida siempre va primero. Julien me ayuda a cargarlo y salgo de allí como el viento dejándole atrás con todo el dolor de mi corazón. Michel se lanza a ayudarlo. La señora de Carbellac y su criada, al verme llegar, montan una mesa de operaciones improvisada tras la protección del carruaje. Veo a uno de los arcabuceros, así que les entrego a Jacques, tomo una ballesta y cubro a Julien y a Michel.

La lucha termina rápido y yo tengo que centrarme en Jacques. Tiene tres disparos y dos de ellos mantienen dentro los proyectiles. Por alguna razón, uno de ellos está inflamado y tiene mal aspecto. Para colmo, cuando le hago un primer corte reacciona al contacto del bisturí y se inflama aún más. ¡Mierda! Es alérgico al hierro. Piensa Colette… ¡El bisturí de plata que me regaló Michel! Cuando esto termine tengo que mantener una pequeña charla con los dos hermanos, una alergia de este tipo y nunca me han dicho nada. ¡Sorpresa! La herida más grave, la del muslo, es de pistola.

He revisado a todo el mundo excepto a Julien que se mantiene apartado, así que los junto a él y a Michel para que me digan cuál de los dos le ha disparado a Jacques. Por su mirada es evidente: Julien ha sido el que le ha dado a su hermano y ahora se siente tan culpable que no se atreve ni a acercarse. Casi tengo que arrastrarlo para que deje que le cure una herida en la cabeza. Desearía poder abrazarlo y consolarlo, pero he de limitarme a decirle que no pasa nada, que le puede ocurrir a cualquiera y acariciar su mejilla mientras los demás están ocupados con los prisioneros.

Los dos arcabuceros hablaron rápido y contaron que las chicas los contrataron para matar al guapo del grupo. Después de un registro minucioso, por parte de la señora de Carbellac y su dama de compañía, a la que sigue viva y que se niega a hablar, no sólo se le encuentran diversas armas escondidas, también un tatuaje que la identifica como perteneciente al grupo de la Víbora. La muerta también tiene el tatuaje y, por su parecido, debía ser hermana o pariente cercano de la otra.

Al final nos movemos con Jacques ocupando uno de los asientos del carro, por lo que uso uno de los caballos y voy constantemente junto a la portezuela para vigilarlo. Creo que está fuera de peligro, pero me preocupa que se le reabran las heridas, así que hacemos noche en el siguiente pueblo. Aunque primero dejamos ir a los arcabuceros, la experiencia nos ha enseñado que a veces es bueno ser magnánimos. Y lo que respecta a la chica, aún no sabemos ni su nombre pues se niega a hablar.

Con Jacques consciente y Julien que no se separa de su hermano, aprovecho para que me cuenten cómo demonios se les ha podido olvidar contarme que Jacques tiene una alergia tan grave. Jacques se limita a decir que no le gusta hablar de ello, pero la cara de su hermano es de asombro absoluto. Él, que se empeña en contarle las cosas a su hermano, que no le gusta que haya secretos entre ellos. Creo que me he precipitado al echarles la bronca estando juntos, puede que fuese algo que Jacques no deseaba compartir. Aunque a partir de ahora debo tener cuidado con el material con el que le trato.

Al amanecer partimos hacia Ourges. Sé que le duele, pero evito sedarle, puede que lo necesite para dormir y prefiero que sufra un poco el dolor por si le da fiebre. Cuando queremos llegar al pueblo ya está anocheciendo. Es curioso como todos se sorprenden de que Michel esté ileso y no sea el paciente que viene en el carro. La sorpresa estalla cuando el vizconde de Bergader, que está en la posada, reconoce a la muchacha como una de las sirvientas del conde de Louzignac, de nombre Adele, y ésta se altera tanto que se revuelve contra todos. Creo que tiene más interés en hacerse daño que en herir a los demás, así que opto por inyectarle un calmante que la deja fuera de combate. No me puedo permitir más heridos, al menos por el momento.

El vizconde se ha ofrecido a hacerse cargo. Les cuenta a Michel y a Julien que es culpa suya, que le habló de nosotros al Rubio, que es su hermano mayor, y se ofrece a darles satisfacción (duelo). También dice que le preocupa que se haya obsesionado con «un pico de piedra negra sobre una tierra rojiza». Pienso que puede ser positivo que él se haga cargo y nos quite el problema de encima, pero a mí lo de que tenían que matar «al guapo» se me ha quedado grabado. Empiezo a pensar que esto es cosa de Liliane Trouvé y del intercambio de amenazas en el baile y que la muchacha estuviese infiltrada en casa del Rubio puede que sólo fuese una coincidencia. Eso o la avisaron precisamente por estar cerca.

Finalmente dejamos que Bergader se lleve a la muchacha y nos quedamos en Ourges un par de días, mientras Jacques se recupera y Gwen prepara sus cosas y a sus hermanos. El viaje de vuelta es de lo más entretenido con ese par de pillos que no paran ni un segundo. Gwen parece bastante intimidada por la señora de Carbellac. Aunque para ser sinceros, ¿quién no lo estaría?

La fiesta en Dupois es un éxito, prácticamente vienen todos a los que invitamos. Es curioso lo insistente que es el otro hijo del canciller de Dupois, hasta me ha sacado a bailar dos veces. Pero yo lo que quiero es que sea Julien quien me hagas dar vueltas por el salón, lo malo es que hemos de guardar las apariencias y me tengo que conformar con que sólo lo haga una vez. Además de diversión y frustración, he obtenido una información que me puede ser muy útil en el futuro: las mujeres están deseando tener doctoras que las entiendan y no sólo hombres que no saben lo que es ser mujer.

Por fin de vuelta en casa, Noel nos recoge, me despido de ver todos los días a Julien y se me encoge el pecho sólo de pensarlo. Pero llevamos prisa: me he perdido la ceremonia de apertura del curso y mañana es el primer día de clase. Así que dejo a los tres discutiendo por el reparto de los arcabuces que requisamos, y me marcho a casa con una muchacha que alucina con que realmente tenga un hermano gemelo y dos niños cansados pero sobreexcitados.

Quiero centrarme en las clases, aunque me siento algo intimidada con el exceso de atención que me dedica el profesor de cirugía, algo así como si fuese una rara avis. Tras mi aparente vuelta a la rutina me comen los nervios por la visita que le haremos próximamente al marqués, junto con las ganas de ver a Julien y la falta de ideas para lograrlo. Al menos lo veré el jueves en casa de los Carbellac. Aunque la inesperada visita de la tuna hace que todo pase a segundo plano temporal mientras decido cómo arrancarle la piel a tiras a Michel, porque sé que ha sido él.

Baile de máscaras, campaña para Ánima Beyond Fantasy, 1×10. Con Julien Lafleur d’Aubigne (Alcadizaar) y su hermano Jacques (Aldarion), Colette/Noel Leclair de Dunois (Menxar) y Michel Laffount de Gévaudan (Charlie).

Realmente, tenía pensado para esta sesión el asalto a la mansión del conde de Lousignac, pero Michel me lo ahorró. Además de contar de lo lindo y no advertir a sus compañeros de lo que había hecho, obtuvo información sobre los hombres de confianza del de Lousignac que hizo que los jugadores se lo tomaran con más calma. Sumamos a Jacques herido (cayó, por primera vez en la campaña; ya sólo falta por besar la lona Colette) y cierta urgencia por volver a Chaville, así que el asunto Lousignac quedó aplazado. Ya volveremos a verlo en el futuro.

Hubo un roce bastante estúpido entre los jugadores al respecto del reparto de los arcabuces. Eran modelos nuevos, imperiales, fabricados en Dalabor, muy por delante de lo que Gabriel podía tener. La historia que tendrá uno de ellos seguramente daría para una novela de espionaje y aventuras. Recordemos que, de la aventura en la tumba, Michel se había quedado con el anillo del duk’zarist y los dos piolets élficos y Jacques, con la daga de obsidiana.

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