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	<title>Cuberterías de Albacete, I&#38;E &#187; Grial</title>
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		<title>Invierno en Bizancio</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Dec 2009 22:48:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nephilim]]></category>
		<category><![CDATA[Caos]]></category>
		<category><![CDATA[Grial]]></category>

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		<description><![CDATA[Estaba bien entrado el otoño de 1244 cuando los Guardianes del Grial, Menxar y el fénix llegaban a Bizancio, exhaustos y desanimados. Siguiendo las indicaciones obtenidas en un refugio cercano a la ciudad, localizaron la pequeña taberna portuaria que hacía de tapadera del Sapo verde. Allí, por primera vez en meses, fueron recibidos con los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Estaba bien entrado el otoño de 1244 cuando los Guardianes del Grial, Menxar y el fénix llegaban a Bizancio, exhaustos y desanimados. Siguiendo las indicaciones obtenidas en un refugio cercano a la ciudad, localizaron la pequeña taberna portuaria que hacía de tapadera del <em>Sapo verde.</em> Allí, por primera vez en meses, fueron recibidos con los brazos abiertos. Dashiell, encarnado en un orondo y pelirrojo hombre de mediana edad, acudió a darles la bienvenida en cuanto supo de su llegada, les cedió unas habitaciones donde pudieran asearse y descansar y organizó un pequeño banquete de bienvenida, invitando a todos los supervivientes de la Retirada del Valle de los Muertos y de París que había en Bizancio.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">El grupo pasó varios días en la sede de los Enamorados dejando que sus agotados simulacros se recuperasen. Yaltaka y Pírixis pronto se perdieron en la sala egipcia, donde encontraron a algunos conocidos de los tiempos de Akhenatón con los que conversar de los viejos tiempos delante de grandes jarras de espesa cerveza. Estas reuniones al caer la tarde se prolongarían durante todo el invierno, para desesperación de la ondina y el fénix, que se recorrían a su vez las salas de la taberna como animales enjaulados.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Pírixis también se encontraría con cuatro adeptos de El Loco que pronto empezaron a seguirla con temerosa veneración, convirtiéndose en su sombra en el <em>Sapo verde</em>. Pasarían semanas antes de que se atrevieran a algo más que escuchar sus conversaciones entre cerveza y vino resinoso, pero a finales del invierno se habían convertido en discípulos de una de los Veinte, los veinte discípulos nephilim de Jesús. Y ella y Yaltaka se buscaron, de paso, con quién pasar el invierno, ligándose a los dos centinelas de la Sacerdotisa, dos fénix encarnados el uno en un alto nubio de ojos azules, el otro en un robusto maharato de bellas facciones.<br />
</span><br />
<span id="more-550"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Porque, efectivamente, los Guardianes decidieron invernar en la hermosa ciudad de Bizancio. Y lo hicieron por cuatro razones.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">La primera, más obvia, porque el invierno se les echaba encima y la taberna del <em>Sapo verde</em> era el mejor sitio imaginable, sobre todo si el dueño corre con los gastos.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">La segunda era el Grial. El rastro estaba muy frío y los últimos rumores que les llegaron de Sigbert decían que había muerto ahogado en un naufragio cerca de Creta. En un primer momento, su intención, empujados por el fénix, había sido seguir a Tierra Santa y contactar con la Torre, en Petra. Sin embargo, Dashiell les advirtió de que el arcano estaba en muy mala situación, acosado por las órdenes de caballería y los asesinos y no iban poder ni querer hacer mucho por ayudarles. El djinn puso a disposición de los Guardianes su red de espías, pero cualquier pista, si encontraban alguna, llevaría su tiempo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Los nephilim buscaron también apoyo en sus respectivos arcanos. Menxar y Pírixis conocieron a Yoshifumi y sus ayudantes, y Parmenión quiso conocer a Pírixis, lo que daría para interesantes charlas invernales de sabio a sabio muy perseguidas por los otros adeptos.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">La tercera razón fui yo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Vinieron al palacete de la Sacerdotisa buscando información sobre la marca que le había salido a Menxar en las ruinas, cuando su enfrentamiento con Nimaminanión. Se llevaron a mis centinelas, cierto, pero también entraron a verme. La sede de la Sacerdotisa tenía una biblioteca pequeña. Tuvimos que destruir la anterior durante el asalto cruzado de 1204 y la reconstrucción llevaba su tiempo. Sin embargo, teníamos el Gran Archivo, un inventario exhaustivo de todos los libros y documentos en nuestro poder, con la localización de las distintas copias. Vinieron buscando eso, y me encontraron a mí, Vndyrwynd, el archivero mayor. Cuando Menxar, la ondina, se quitó la camisa y me enseñó la marca, apenas visible en visión-ka, casi me muero.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">¡Era verdad! ¡Existía! Cuando me enseñaron el manuscrito, las lágrimas fluyeron como el Tigris y el Éufrates. El viejo corazón de mi simulacro casi no lo resistió. Ni yo tampoco. Los Tejedores, Caos, las Puertas, la Marca de la Diosa, la Gran Guerra olvidada… Todo era cierto. De verdad. No cabía en mí de gozo, y no reparé en la expresión de mis visitantes, como iba de la esperanza a la perplejidad y al desánimo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">La primera vez que oí hablar de la Gran Guerra contra Caos fue… ¿Cuándo? En Ur, sí, pero no sabría decirte la época. Yo era un mozalbete que oía a mis mayores hablar con melancolía de la Atlántida, y miraba con temor a los selenim que, se decía, nos habían salvado. ¡Ha llovido tanto! Caos se convirtió en mi obsesión y lo perseguí durante todas mis encarnaciones, a unirme a la Sacerdotisa cuando el arcano fue fundado, a meterme en más de un lío cuando era más joven. Y todo lo que obtuve fueron rumores, leyendas, historias vagas. Nada, no ya un testigo, no ya una ruina. Es que ni siquiera un clavo, un adorno, ni un mito que pudiera ser desentrañado.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Y ahora, cuando ya había perdido la esperanza, cuando languidecía perdido en el archivo, a la espera del fin, unos mozalbetes me traían no ya un mito, un clavo, un adorno. Me traían una ruina, un manuscrito, testigos. Y la Marca de Dana, la marca de uno de los guerreros o campeones que se enfrentaron a Caos o guiaron a un ejército contra él, según las versiones. Sentí la vida volviendo a mí y renacer el ansia por saber.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Pensándolo con calma, entiendo sus caras de desesperación. Vinieron en busca de respuestas y descubrieron con horror que nadie estaba más cerca de ellas que ellos mismos. Y no les hizo ninguna gracia que quien esperaban les diera respuestas los atosigara a preguntas. Cuando conseguí controlarme, les prometí ayudarlos en todo lo que estuviera en mi mano. Con la información que me habían dado me sumergí en mis notas, que las había tenido olvidadas durante siglos, para buscar esas respuestas.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Pero he dicho que había cuatro razones. La cuarta… No puedo evitar sonreír recordando lo que ocurrió.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Ocurrió que Yaltaka perdió la paciencia. </span></p>
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		<title>La pérdida del Grial</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Oct 2009 21:42:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nephilim]]></category>
		<category><![CDATA[Grial]]></category>

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		<description><![CDATA[La noche pasó tranquila, contra todo pronóstico, y con el amanecer Sigbert decidió poner en marcha su plan, decidido a no dar tiempo a los nephilim a llevar a cabo los suyos y, al mismo tiempo, despistarlos. La idea básica era dar el cambiazo y que los Guardianes siguieran una pista falsa. Había en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La noche pasó tranquila, contra todo pronóstico, y con el amanecer Sigbert decidió poner en marcha su plan, decidido a no dar tiempo a los nephilim a llevar a cabo los suyos y, al mismo tiempo, despistarlos. La idea básica era dar el cambiazo y que los Guardianes siguieran una pista falsa. Había en la casa del Hospital un sanjuanista casi tan grande como él que, vestido con sus ropas y armas, llevaría la caja del Grial haciéndose pasar por él. Iría con Constancio y los mercenarios en el bajel reparado. Si eran seguidos, deberían echarse sobre la costa y huir a pie. El sanjuanista buscaría resguardo en alguna casa del Hospital, desde donde volvería a Génova, los marinos del bajel irían a Roma, donde serían recompensados por un agente de la <em>Prieuré</em> y Constancio con los mercenarios se buscaría la vida para despistar a los nephilim.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Por su parte, el teutón seguiría viaje hasta Otranto, donde se reuniría con la galera rápida de Séamus. El viaje lo haría en la galera del Hospital que había en el puerto, una vez esta estuviera preparada, y con la única compañía de un mercenario. Conseguir la galera fue lo más difícil, ya que frey Reinaldo, el preceptor, no tenía autoridad sobre la nave y temía la reacción de sus superiores. Sin embargo, el talento negociador de Sigbert y los grimorios arrebatados a los Guardianes lograron el apoyo del capitán de la galera.<br />
</span><br />
<span id="more-440"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Así pues, tres horas después del amanecer salía de la casa del Hospital una comitiva fuertemente armada, con Constancio, el grandullón que se hacía pasar por Sigbert y los mercenarios bien protegidos por los caballeros y sargentos que había en la plaza, así como distintos tripulantes de la galera. Bajaron hasta el puerto, esperando un ataque en cualquier momento, y esperaron nerviosamente mientras un destacamento revisaba el bajel para descartar emboscadas y añagazas. Descartada cualquier trampa, embarcaron los marinos, los mercenarios, el mameluco y el sanjuanista y, pronto, se hicieron a la mar. Las tropas volvieron al Hospital, mientras los tripulantes de la galera empezaban a aprestarla para el viaje. En la cámara de la torre, Sigbert esperaba con el oído atento y rezando por que los nephilim picaran el anzuelo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Los Guardianes, por su parte, tras haber descansado bien esa noche, andaban de batida buscando una manera de entrar en la casa del Hospital, así que fueron testigos de cómo la comitiva bajaba al puerto y, para alegría del teutón, confundieron al sanjuanista con él y vieron la caja del Grial que llevaba. En cuanto los vieron embarcar, y sin posibilidad de montar un ataque a plena luz y con aquella escolta, volvieron al palacio de Mitra para pedir al cónsul Ezequiel que se dieran prisa con el bajel del Emperador. El trabajo nocturno estaba completado y pudieron zarpar aprovechando la marea, tras los pasos de Constancio.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El Hospital había distribuido agentes por el puerto (informadores, sirvientes, escuderos) con la descripción de los Guardianes, así que Sigbert supo ese mismo día que estos habían mordido el anzuelo. Tres días después, partía en la galera hacia Otranto, con la alegría de llevar el Grial consigo y el regusto amargo de no haber podido hacer desaparecer a sus portadores. Mucho trabajo tenía por delante para borrar sus huellas y mantener a salvo a la <em>Prieuré</em>.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Tampoco tuvieron suerte los nephilim persiguiendo a Constancio. Este se dio cuenta de que lo perseguían y ordenó tomar tierra. Lo hizo, además, aprovechando una noche oscura y de poca visibilidad, logrando despistar a los perseguidores durante unas horas, aunque a ellos casi cuesta caro: el bajel se deshizo contra la costa. Siguiendo el plan de Sigbert, el sanjuanista y los marinos tomaron cada uno su camino, mientras que Constancio y los mercenarios, tras obtener caballos y provisiones de un caballero de la <em>Prieuré</em>, se dedicaron a recorrer media Italia dejando pistas para entretener a los Guardianes todo el tiempo posible, hasta que recibieron el mensaje de que Sigbert y el Grial ya estaban a salvo. Entonces, se separaron: Constancio volvió a Oriente, borrando sus huellas tanto como pudo, y los mercenarios a cobrar y gastarse lo ganado en Venecia.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sin embargo, los Guardianes hacía días que habían perdido también la pista del mameluco. Fue en Aquila, donde vivieron una extraña aventura.<br />
</span></p>
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		<title>Génova, de noche</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Oct 2009 18:09:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nephilim]]></category>
		<category><![CDATA[El Emperador]]></category>
		<category><![CDATA[Grial]]></category>

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		<description><![CDATA[Génova era una gran ciudad, con un gran y atestado puerto. Por lo tanto, gozaba de una animada vida nocturna. Sin embargo, esa noche muchos de los que velaban no lo hacían por motivos lúdicos y bastantes se preguntaban si aquella sería su última noche. Ajenas a estas preocupaciones, de las tabernas salía el sonido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Génova era una gran ciudad, con un gran y atestado puerto. Por lo tanto, gozaba de una animada vida nocturna. Sin embargo, esa noche muchos de los que velaban no lo hacían por motivos lúdicos y bastantes se preguntaban si aquella sería su última noche. Ajenas a estas preocupaciones, de las tabernas salía el sonido del entrechocar de las jarras, las risas, las disputas; de los callejones oscuros el susurro del trapicheo, la voz ronca del ladrón pidiendo la bolsa, el gemido quedo del moribundo; de las casas de la guardia, los ronquidos de la guardia nocturna; de las mancebías, el agudo grito de la cama torturada. Y, sin embargo…</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Noche.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">A la luz de las antorchas, marineros y estibadores adormilados aprestaban un bajel bajo los gritos, maldiciones y voces de mando de capataz y contramaestre. El bajel era propiedad del Emperador y el cónsul Ezequiel lo había puesto a disposición de Yaltaka. Al otro extremo del puerto todo era silencio y oscuridad. Pero en la galera del Temple se vigilaba. Aunque no había muchas esperanzas de que los nephilim intentaran nada contra la nave, todos esperaban poder borrar la afrenta y la vergüenza del día, cuando perdieron la espada sagrada. En la galera del Hospital también se velaba, con un ojo puesto en el pequeño bajel del teutónico. Aquí esperaban que no pasara nada: casi todos los hombres de armas se habían quedado en la casa, así que los pocos tripulantes no se hacían muchas ilusiones si eran objeto de algún ataque.</span></p>
<p><span id="more-432"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Noche.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">En el Hospital nadie dormía. La guardia nocturna se había doblado, escogiendo a los hombres con mejor visión nocturna. En la gran sala, frey Reinaldo y el resto de caballeros y sargentos, armados, esperaban. En la cámara de la torre, recostado en un diván, dormitaba Sigbert, con el espadón apoyado contra un rico tapiz y con un gran cuchillo, arma más propicia para un espacio tan reducido, descansando en sus rodillas. A su lado, Constancio rasgaba con desgana el laúd y de cuando en cuando cambiaba de postura, incomodado por la armadura. Junto a la puerta abierta, vigilando las escaleras que bajaban y subían estaban los mercenarios, salvo dos que vigilaban en la plataforma de la torre. El teutón, pese a la vigilancia, no esperaba que los nephilim atacasen durante la noche: había supuesto que el asalto a la galera templaria había sido un intento de atemorizarle y retrasar su marcha, quizás porque los Guardianes aguardaban refuerzos.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Noche.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">En el Temple todo era silencio y ninguna luz se veía desde el exterior. Sin embargo, nadie dormía. Frey Nuño pensaba que el ataque a la galera formaba parte de un intento de rescate de los nephilim capturados y que ahora alimentaban el horno alquímico de la casa, un ataque de distracción para incitarle a mandar tropas en persecución de los asaltantes para recuperar la espada y debilitar la protección de la casa. Frey Nuño había hecho como que mordía el anzuelo, mandando a escuderos y sirvientes con ropajes templarios en una alocada persecución, con orden de montar ruido. Sin embargo, él, con la segunda espada sagrada, sus caballeros y los hermanos magos esperaban en la capilla, junto a la portezuela oculta que daba al atanor.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Noche.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Anteo, el responsable de la Torre, era otro que esperaba la jugada de los Guardianes. Visto que ignoraban sus órdenes (en el caso del fénix) y peticiones, pensaba sacarles partido. En el tejado de una iglesia cercana a la casa del Temple, con todo lo que había podido invocar a su lado, esperaba que el asalto de los nephilim a los sanjuanistas sacara de su redil a los suficientes templarios como para hacer una alocada incursión de rescate.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Noche.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Un invitado inesperado, desconocido por todos, se había unido a la fiesta. El soberano de Génova había tenido un encontronazo con los templarios hacía unas semanas, cuando un grupo de estos encontró un acceso a su reino, montando un buen jaleo. Gracias a sus agentes y recolectores tenía una vaga idea de lo que pasaba y había preparado un escuadrón de efectos dragón variados (unos de combate, otros simplemente aterradores) que caerían sobre la ciudad al más mínimo indicio de jaleo, contribuyendo a la confusión y devolviendo la visita a los templarios.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Noche.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">En el palacio de Mitra, sede del Emperador en Génova, todo era silencio. Las habitaciones estaban a oscuras y sólo se oía el rumor del manantial y unos sonoros ronquidos. Todos (Ezequiel, sus sirvientes, Pírixis, Yaltaka, Menxar y el fénix) se habían acostado ya, cansados tras un día tan movido. Mañana será otro día.</span></p>
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		<title>Génova, de día</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Sep 2009 14:58:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nephilim]]></category>
		<category><![CDATA[El Emperador]]></category>
		<category><![CDATA[Grial]]></category>

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		<description><![CDATA[El primer enfrentamiento entre la Prieuré y los Guardianes había terminado mal para estos. Habían perdido el Grial y sus grimorios personales, con conjuros e invocaciones y ahora estaban en un pequeño bote a media legua de una costa que se entreveía a la luz de la Luna. Por otra parte, conservaban sus pellejos, estasis [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El primer enfrentamiento entre la <em>Prieuré</em> y los Guardianes había terminado mal para estos. Habían perdido el Grial y sus grimorios personales, con conjuros e invocaciones y ahora estaban en un pequeño bote a media legua de una costa que se entreveía a la luz de la Luna. Por otra parte, conservaban sus pellejos, estasis y libertad, así que el tanteo no era tan desfavorable. Lo primero fue ganar la orilla. Arribaron a una pequeña aldea de pescadores en la que vivía un nephilim que les dio refugio. Lo segundo era planear su siguiente movimiento. Todos se habían fijado en el mal estado en el que había quedado el bajel de la <em>Prieuré</em>, así que supusieron que Sigbert buscaría refugio en un puerto donde pudiera reparar el barco. El puerto de importancia más cercano era Génova.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Y a Génova se dirigió Sigbert, a remo, porque el mástil no estaba para fiestas. La razón de ir a Génova no era tanto el puerto en sí como que el preceptor de la casa del Hospital de la ciudad era un caballero de la <em>Prieuré</em>. Aprovechando un inusual buen tiempo para abril, lograron alcanzar la ciudad en poco más de un día y atracar entre una galera hospitalaria y otra del Temple que estaban en el puerto. Tras saludar a las respectivas guardias de las galeras, el teutón acudió a la casa del Hospital para entrevistarse con su preceptor, frey Reinaldo de Verona. Las reparaciones del bajel comenzaron de inmediato, a cargo del Hospital, y varias patrullas fueron despachadas en busca de los Guardianes. Para justificar la ayuda del Hospital, y de paso para servir de empujón en la carrera de frey Reinaldo en la orden militar, Sigbert le dejó copiar algunos de los conjuros de los Guardianes.</span></p>
<p><span id="more-423"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Entre tanto, los nephilim habían llegado también a Génova, tras un mal encuentro con otro caballero de la <em>Prieuré</em> alertado por el teutón. Una vez en la ciudad, lo primero que hicieron fue llegarse al puerto, donde vieron el bajel. Lo segundo que hicieron fue buscar a otros nephilim. Sin apoyo, sin dinero ni equipo, en una ciudad desconocida, no se veían con fuerzas. El fénix dio con unas indicaciones secretas de la Torre en una plaza, que les llevaron a la sede de este Arcano. Situada en el barrio judío, sólo contaba con un miembro en activo, Anteo (gárgola, faërim), caballero de rey. Anteo les recibió con cordialidad, pero les pidió que no intentaran nada en la ciudad. Directamente, ordenó al fénix que no hicieran nada que pudiera poner en peligro la sede. Quiso reclutarle para la sede, pero dado que el fénix llevaba órdenes de Ighnöel de acompañar a los Guardianes, no insistió.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Anteo estaba en una posición difícil. En otoño, una operación fallida contra el Temple había terminado con tres compañeros capturados que ahora alimentaban el horno alquímico que tenían en Génova y varios más huidos, así como el cierre obligado de varios refugios, localizados por los templarios. De arriba le habían llegado órdenes expresas de mantener a salvo la sede como fuera y, por más que le doliera abandonar a sus compañeros, cumplía las órdenes.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Descartada la Torre, la siguiente parada fue el Emperador, cuya dirección les había dado Anteo. La sede del Arcano estaba en un viejo palacio, el palacio de Mitra, les había dicho, y los nephilim se encontraron con una enorme casona sobre la que se acumulaba el peso de los siglos. En este caso, el nombre de Yaltaka les abrió las puertas y Ezequiel, el cónsul, se puso rápidamente a su disposición. El Emperador en Génova, desgraciadamente, no era un poder importante. La provincia ignorada del Imperio Romano, destino de los críticos con el Pater Imperator, andaba muy justa de efectivos, poder económico y político pero, aún así, Ezequiel les ofreció alojamiento, su red de informadores y toda la influencia que tenía dentro de la ciudad. También puso al corriente a Yaltaka de la situación actual del Emperador.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La suerte sonreía a la <em>Prieuré,</em> sin embargo. Los primeros intentos de los Guardianes por realizar un reconocimiento en el puerto se saldaron con graves desórdenes mágicos: un manantial de agua pura y cristalina en el desván del palacio de Mitra, unos <em>espíritus que murmuran</em> aterrorizando en callejones sombríos… Descartada la magia, y tras perder varias horas mientras los infortunados nephilim se recuperaban, decidieron echar un vistazo en persona, así que se acercaron todo lo posible al bajel de la <em>Prieuré</em>, ya prácticamente reparado. Vieron a Constancio y a alguno de los mercenarios, pero no a Sigbert, así que supusieron que el Grial no estaba a bordo. Estaban dudando entre seguir a Constancio o confiar en los informadores del Emperador, cuando el fénix hizo una jugada tan arriesgada como estúpida y que, aún hoy, nadie comprende.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El Temple no se había quedado quieto tras la llegada de Sigbert. Frey Nuño, su preceptor, se olió que había nephilim en el ajo en cuanto vio el estado del bajel del teutónico, por lo que puso a su gente en alerta. Gracias a esto, sus magos detectaros las explosiones de poder provocadas por las continuas pifias de los Guardianes del Grial. Pensando en atrapar a esos nephilim, don Nuño repartió exploradores por toda la ciudad, puso bajo vigilancia la casa del Hospital y reforzó la guardia de la galera con dos caballeros. Uno de ellos llevaba una de las dos espadas de auricalco que poseían, una viejísima espada de bronce casi gastada, con un potencial de 12. Ya en la galera, justo sobre la pasarela, la sacó de su estuche para enseñársela a sus compañeros. El fénix, apostado con sus compañeros en un callejón, la vio y, sin pararse a pensarlo, echó a correr a por ella.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Un grandullón que cruza el muelle como un toro furioso no pasa desapercibido. Constancio y los mercenarios, en cuanto lo vieron, se prepararon para defender el bajel, alertando a gritos a los sanjuanistas. El templario, un curtido veterano con mucha mili a su espalda, no dudó ni por un instante que lo que se le venía encima era un nephilim, así que pasó el estuche a uno de los escuderos y se plantó en lo alto de la pasarela, con una sonrisa desdeñosa en los labios, dispuesto a cortar en dos al insensato. Sus compañeros, por su parte, desenvainaron sus propias armas dispuestos a rematar.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La carga del fénix está entre las más estúpidas de la historia, comparable a las Tres Estúpidas Cargas de Pímer: doscientos metros a través del muelle, subir por una estrecha pasarela de madera, con el casco del barco a la derecha (impidiendo usar la propia arma con soltura) y con un templario veterano esperándote con una de las pocas cosas que puede matar a un nephilim. Y al fénix se le apareció la virgen. Por culpa de su pesado correr, la pasarela se desplazó un poco, desequilibrando al templario en el momento del golpe. La espada que debía partirle en dos pasó alta, sin peligro. En un momento, le arrebató la espada al templario y lo embistió, mandándolo a mitad de cubierta con la mandíbula y varias costillas rotas, y, antes de que sus compañeros pudieran atacarlo, saltó al agua.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El extraño ataque desconcertó a todos. Constancio y Sigbert no entendían por qué el fénix lo había hecho, pero por lo pronto, ya sabían que los Guardianes estaban en Génova, así que tocaba prepararse para un ataque. Don Nuño supuso que la Torre estaba preparando una operación de rescate de los nephilim capturados y que el ataque a la galera era una distracción para incitarle a enviar tropas tras la espada, dejando desguarnecida la casa.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Los nephilim se agruparon en la sede de la Torre. Anteo casi estranguló al fénix cuando este le dio la espada, prometiéndole una muerte lenta por poner en peligro al Arcano de esa forma. Sus compañeros coincidieron en que era una lástima que, después de poner en alerta a todo el mundo y haber dado al traste con el factor sorpresa, hubiera sobrevivido. Por lo menos, viendo la reacción de Constancio y los hospitalarios, tenían una idea de dónde podían estar Sigbert y el Grial. El nuevo intento de reconocimiento, siguiendo la tónica del día, terminó en una exhibición de magia incontrolada y un nephilim inconsciente durante varias horas. La exhibición fue tal que los Guardianes y Anteo tuvieron que abandonar discretamente el barrio judío. Los primeros se refugiaron en el palacio de Mitra a pensar un plan para la noche. Por fortuna, Ezequiel había cumplido: no sólo sus agentes habían localizado a Sigbert en la casa del Hospital, sino que la guardia de la ciudad se tomó muy relajadamente sus obligaciones.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La noche prometía ser tan animada como lo había sido el día.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><em>Nota del Autor: el tema de las pifias mágicas (como casi todo) no está muy bien explicado en la primera edición de Nephilim, así que usaba reglas propias. Si la pifia era en la tirada de habilidad (brujería, cábala o alquimia), el infausto nephilim realizaba otro conjuro, invocación o fórmula. Si, por el contrario, la pifia era en la tirada de ka, el nephilim no podía controlar el poder invocado y caía inconsciente, por el shock. Además, en brujería y alquimia, se producía una descarga mágica de consecuencias imprevisibles. En esta partida se rompieron todas las estadísticas de pifias y los jugadores no pudieron hacer nada a lo largo del día porque siempre había algún personaje jugador inconsciente. El pronto del fénix terminó de rematar la jugada.</em></span></p>
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		<title>Crucero por el Mediterráneo</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Jul 2009 15:43:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nephilim]]></category>
		<category><![CDATA[Grial]]></category>

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		<description><![CDATA[El plan de Sigbert había sido ganarse la confianza del nephilim que llevase el Grial, acompañarlo, reducirlo una noche, convertirlo en homúnculo y llevárselo junto con el Grial de vuelta a Tierra Santa. Si se ponía tozudo, capturarlo por las bravas al pie mismo del pog. Sin embargo, la presencia de los Guardianes del Grial [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El plan de Sigbert había sido ganarse la confianza del nephilim que llevase el Grial, acompañarlo, reducirlo una noche, convertirlo en homúnculo y llevárselo junto con el Grial de vuelta a Tierra Santa. Si se ponía tozudo, capturarlo por las bravas al pie mismo del <em>pog.</em> Sin embargo, la presencia de los Guardianes del Grial le obligó a replantearse los planes. Desde luego, intentar reducirlos en el Montségur quedó descartado. Incluso sin conjuros o invocaciones, no podía esperar hacer prisionero a los cuatro nephilim sin montar un escándalo que atrajera a templarios, soldados del ejército francés o, incluso, que pusiera patas arriba la entrega del castillo que empezaría en pocas horas. Tampoco podía hacerles el ritual del homúnculo ni a Pírixis ni a Yaltaka con la única ayuda de Constancio, así que tocaba improvisar.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Por lo pronto, había conseguido que le aceptasen como escolta, gracias a que los <em>faidits</em> y los guías respondieron por él y por Constancio. No contaba con que tolerasen su compañía mucho tiempo, así que tenía que actuar rápido. Lo primero era confirmar si llevaban el Grial o no. Si no lo llevaban pensaba dejarlos en paz, para evitarse problemas. Si lo tenían, pensaba, llegado el caso, incluso coger el Grial y salir corriendo, saltándose la orden de &#8220;sin testigos&#8221;, para &#8220;morir&#8221; luego, borrando así las pistas que pudieran poner en peligro a la <em>Prieuré</em>.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sin embargo, esto no hizo falta, porque los nephilim confiaron en él y en Constancio. Pírixis y Yaltaka no sabían hacia dónde ir, así que aceptaron el ofrecimiento del fénix de ir a Tierra Santa, a buscar refugio en la Torre. Sigbert les ofreció el bajel que tenía en Aigues-Mortes y, para sorpresa suya y de Constancio, ¡aceptaron! Aquello les dejó algo descolocados (a Constancio atragantándose con el vino): cuatro nephilim aceptaban embarcarse con un teutónico. El destino sonreía a la <em>Prieuré.</em></span></p>
<p><span id="more-365"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El viaje a Aigues-Mortes no tuvo incidentes dignos de mención. Los <em>faidits</em> y los guías los fueron dejando, salvo un grupo de seis que los acompañarían a Tierra Santa. La presencia de Sigbert les daba paso franco allá por donde fueran, por lo que pudieron embarcar sin ser molestados ni investigados por nadie. El barco era pequeño y anodino, pero resistente. Sería un viaje largo, prácticamente costeando casi todo el camino, pero seguro, les dijo Sigbert.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">En el barco, como antes en tierra, los dos agentes de la <em>Prieuré</em> confraternizaban con los nephilim, para que estos bajaran la guardia. Sigbert hablaba de temas militares con el fénix y de temas más filosóficos con Pírixis, resaltando los puntos comunes entre ellos y sin hacer referencia nunca a su orden. Constancio, con sus hermosos ojos tristes, su andares de tigre y su hermosa voz, usaba su laúd y todo su repertorio de poesía y canción de amor occitana.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Cuando se acercaban a Génova, Sigbert pasó a la acción. La tripulación del bajel era de cuatro marineros y patrón, pero estos no sabían ni tenían intención de combatir. Eso significaba que Sigbert contaba con Constancio y los seis mercenarios para enfrentarse a los nephilim en el espacio cerrado y sin testigos de un barco, así que intentó que ese enfrentamiento no se produjese: drogó el vino de la cena. Un potente somnífero de acción lenta que les haría efecto una vez acostados; nada de ver al compañero desplomarse inconsciente, que eso es propio de aficionados. Sin embargo, no se dieron cuenta de que Pírixis apenas probaba el vino.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Pírixis se despertó con Constancio sobre ella. Antes siquiera de reparar en la soga que llevaba, sus piernas se movieron por impulso y Constancio se desplomó con apenas un quejido, hecho un ovillo. En segundos, la quimera negra se dio cuenta de la situación. Arrebató al gimiente Constancio su cimitarra y su cuchillo y ahuyentó a uno de los mercenarios, que estaba terminando de atar a Menxar. Cortó rápidamente las ataduras de sus compañeros e intentó despertarlos. Yaltaka reaccionó al tercer puntapié, aunque tuvo que recurrir a toda su concentración para superar el embotamiento de los sentidos de su simulacro. Mientras Pírixis despejaba la cámara, el silfo conseguía despertar a los otros dos y subían a cubierta, donde estaban Sigbert, revisando los objetos de los nephilim (armas, el Grial,  las estasis, los libros y pergaminos…), y el resto de los mercenarios.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El mar estaba en calma, aún no era noche cerrada y la Luna llena relucía en el cielo y en el agua. Allá donde uno mirase sólo veía paz y silencio… Excepto en la cubierta del pequeño bajel, iluminada por la Luna y varias lámparas, donde todo era caos y maldiciones. Un mercenario demasiado impaciente había contribuido a aumentar el arsenal de los nephilim y ahora Pírixis y el fénix los mantenían a raya mientras Yaltaka, acodada contra la borda, preparaba un conjuro.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sigbert se dio cuenta de esto y se lanzó contra los nephilim, blandiendo su enorme mandoble. El Destino, hasta entonces a su favor, le daba ahora un puntapié. Sin Constancio y contra magia tenía las de perder. La pequeña cubierta del bajel no era el mejor sitio para luchar, tuvo que rodear el mástil y evitar la vela y eso le dio a Yaltaka el tiempo necesario para lanzar el conjuro.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Y fallar. Pero fallar estrepitosamente. Por mucho que intentara concentrarse, las drogas que entumían el cerebro de su simulacro la afectaban seriamente, y la brujería es un arte delicado. Yaltaka no fue capaz de controlar las fuerzas que había conjurado y una tromba marina apareció de la nada, golpeando el costado del bajel. Ella y Menxar cayeron al agua, junto con varios de los tripulantes, mientras el resto rodaban por cubierta. Pírixis fue la que más rápida se recuperó e intentó recuperar el Grial, pero Sigbert también se había puesto en pie y le salió al paso, impidiéndoselo. Al final, Pírixis sólo consiguió recuperar su gladio. La mochila con las estasis, que Sigbert aún no había tenido tiempo de revisar, cayó al agua por el impacto, pero el fénix estuvo rápido y saltó tras ella, salvándola.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La esperanza había vuelto a cambiar de bando. Sobre el bajel sólo quedaba Pírixis, y Constancio salía a cubierta, más o menos recuperado y ciertamente cabreado. Los otros tres nephilim habían alcanzado el bote que iba a remolque del bajel, así que Pírixis, acorralada contra la borda, cortó el cable que los unía y saltó también al agua. El fénix, que ya había empuñado los remos, consiguió recoger a la quimera negra y luego enfiló hacia la costa, que se entreveía a la luz de la Luna.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Habían perdido el Grial.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">En el bajel no estaban para perseguirlos. Las bordas estaban deshechas; de la vela sólo quedaban jirones y el penol estaba partido; la mitad de las jarcias habían sido arrancadas de cuajo y el mástil amenazaba con caerse; el bajel estaba escorado y habían embarcado mucha agua. El patrón daba voces; los marineros y los mercenarios intentaban achicar el agua y pescar a los compañeros caídos. Milagrosamente, no había habido muertos ni heridos de consideración, aunque Constancio, aún acuclillado, tardaría en olvidar el dolor.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sigbert, entre tanto, no perdió el tiempo. Recogió el Grial y el resto de objetos de los nephilim, entre los que había pergaminos con conjuros e invocaciones, y los guardó en la cámara. Luego, bajó a la bodega en busca de las palomas. Aquello no había terminado aún.</span></p>
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		<title>Montségur y VII – La Prieuré en acción</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Jul 2009 12:19:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nephilim]]></category>
		<category><![CDATA[Grial]]></category>
		<category><![CDATA[Personajes]]></category>

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		<description><![CDATA[El mal tiempo y las corrientes adversas retrasaron a Sigbert y a Constancio. Era ya enero cuando desembarcaban en Aigues-Mortes, por lo que el asedio llegaba a su fin cuando llegaron al Montségur. El eques Gavin Montbard de Béthune les dio la bienvenida en el campamento que los templarios habían montado en el lado sur [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El mal tiempo y las corrientes adversas retrasaron a Sigbert y a Constancio. Era ya enero cuando desembarcaban en Aigues-Mortes, por lo que el asedio llegaba a su fin cuando llegaron al Montségur. El <em>eques</em> Gavin Montbard de Béthune les dio la bienvenida en el campamento que los templarios habían montado en el lado sur de la garganta del Lasset, con una buena vista sobre el castillo. Gavin había llegado con un pequeño destacamento templario a principios del verano y había estado en contacto, vía paloma mensajera, con Sigbert durante todo el viaje de este, así que tenía todo dispuesto según sus instrucciones.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Lo primero había sido formar un grupo operativo. Sus templarios estaban descartados, claro, así que había echado mano de <em>faidits</em>, montañeses, furtivos y guerrilleros. Básicamente, los mismos que estaban aprovisionando el Montségur. Hacerse con su ayuda no fue difícil: la <em>Prieuré</em> llevaba años financiando y armando a los <em>faidits</em> a través de banqueros lombardos y pisanos y a través del Imperio Germánico, con las posesiones que estos habían perdido frente al invasor como garantía y que cada vez tenían más difícil recuperar. Los asfixiados <em>faidits</em> habían recibido carta de sus acreedores durante el verano canjeando sus deudas por un breve tiempo de servicio a frey Gavin. Con el resto había sido más o menos igual: frey Gavin había ayudado a muchos de ellos, o a amigos y parientes, dándoles cobijo, provisiones e información y ahora cobraba esos servicios. Sólo tuvo que convencerlos de que lo que iban a hacer era perjudicar a la Iglesia de Roma y al rey francés. De igual forma, frey Gavin añadió a la nómina informadores varios en el campamento francés, incluyendo el copero de Hugues des Arcis, hombre muy dado al juego.</span><br />
<span id="more-310"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Así, cuando Sigbert y Constancio llegaron, Gavin tenía a su equipo de <em>compagnons</em> preparado, unas dos docenas de hombres de todo tipo, condición y habilidades, pero todos expertos conocedores de la zona. Desgraciadamente, el informador que tenían en el castillo había muerto durante el verano (al parecer por el ataque de una piedra asesina que lo atrapó en el bosque). Desde entonces obtenían información a través de los <em>compagnons</em>, de lo que veían cuando subían al castillo o de lo que les contaban sus defensores. No tenían los detallados informes de antes, pero, al menos, se enteraban de cosas como los dos nephilim (<em>Cascabeles</em> y uno del destacamento de la Torre, según el informador) que salieron en primavera y volvieron a finales del verano acompañados de dos mujeres.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Con todo preparado, sólo quedaba esperar una oportunidad. La toma de la <em>Roc de la Tour</em> y de las murallas exteriores fue recibida con alegría, pues Gavin ya se temía que el asedio fuera infructuoso. Sin embargo, con la toma de la barbacana casi les dio un infarto, pues el castillo estuvo a punto de caer. Cuando Pierre-Roger de Mirepoix y Hugues des Arcis acordaron la rendición de la fortaleza en los términos que conocemos, Sigbert se levantó de la hamaca que se había hecho instalar con vistas al castillo y donde pasaba las horas muertas acompañado del laúd de Constancio. Ahora jugaban ellos.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Los <em>faidits</em> les informaron de que desde el Montségur habían contactado con ellos para sacar, de uno en uno o en pequeños grupos, a varias personas del <em>pog</em> antes de la entrega del castillo: sabios, mercenarios… Gente con problemas con la Iglesia o con Francia. Para Sigbert estaba claro que se trataba de los nephilim. Lo siguiente era saber cuándo sacarían el Grial. Sabía también que la última noche los cátaros iban a hacer una ceremonia especial y suponían que el Grial sería necesario, así que apostaron que el Grial saldría la última noche. El candidato obvio para llevarlo era José de Arimatea, y lo único que preocupaba a Sigbert era que llevara escolta, aunque de los nephilim que había en el castillo sólo Ighnöel le suponía un problema. Y quizás el tipo del pelo largo y las dos espadas, del cual no sabía ni nombre ni capacidades, pero de eso ya se preocuparía en su momento.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El plan de Sigbert era simple: la mitad de los nephilim del Montségur debían desaparecer, capturados por diversas sociedades secretas, absorbidos por sus estasis o muertos. Del resto, varios debían escapar a ataques. De esta forma, cuando el Grial y quien lo llevara desaparecieran todos supondrían que o se habían salvado y estaban más callados que en misa o habían caído en manos de alguien. Y ese alguien debía ser alguno de los que atacaron a los demás fugitivos del Montségur. Las distintas facciones negarían tenerlo y acusarían e investigarían a las demás, y no se pararían a buscar una facción desconocida como vulgares conspiparanoicos. Lo difícil del plan era llevarlo a cabo: no se podría atacar a los nephilim hasta la entrega del Montségur, lo que suponía seguirlos durante días, más de diez para los primeros fugitivos, sin levantar sospechas. También había que movilizar a las distintas sociedades secretas, pero eso fue el menor de los problemas, sólo hubo que hacerles llegar las instrucciones a los distintos <em>equites</em> de la <em>Prieuré</em> en la zona y la trampa estuvo montada.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Todo se tambaleó cuando el de Arimatea abandonó el <em>pog</em> el 11 de marzo de 1244. ¿Sacaban el Grial antes del 15 o era un señuelo? Sigbert se aferró a su plan, pero dio órdenes a Gavin de atrapar al nephilim a toda costa. Cuando el 13 salía Ighnöel con dos acompañantes, suspiró tranquilo. Para la noche del 15 sólo quedaban en el <em>pog Cascabeles</em> y uno del grupo de la Torre. Si de verdad sólo eran esos dos, todo terminaría esa misma noche. Pero, conforme pasaba el tiempo, Sigbert se sentía más inquieto. Era ya madrugada cuando los sintió acercarse, y el corazón le dio un vuelco. ¡Cinco! No, cuatro, dos de ellos poderosos. Les sintió entrar en el claro y les oyó hablar con el contacto y abrió los ojos. Pudo verlos entre la maleza: una zíngara llena de cascabeles, un soldado con cara de bruto, un hosco montañés que parecía un oso y dos mujeres jóvenes. La primera parecía tan peligrosa como una tormenta. La segunda estaba hecha un desastre, con las ropas mojadas y rotas, el pelo apelmazado y el rostro y las manos llenos de arañazos, pero era <em>tan</em> hermosa, tan única, que era el centro de toda la atención, como si el Universo girase a su alrededor. Un nephilim de aire y otro de luna, tan poderosos. Así que ellas eran las que entraron a finales del verano. Ahora escoltaban el Grial. No, se corrigió, viendo con qué deferencia trataban <em>Cascabeles</em> y el de la Torre a las dos. Las han traído para sacar el Grial. Un nephilim de aire y otro de Luna…</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><em>Oh, mierda, </em>ellos. <em>Ya entiendo…</em></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sigbert se levantó de la roca donde estaba sentado y recogió su espadón. Hizo un gesto a Constancio, que estaba unos metros más allá, y entró en el claro, echando mano de todo su aplomo y toda su valentía. Tenía una partida difícil por delante.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><strong>Epílogo</strong></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Ighnöel había despedido pronto a sus guías y avanzaba con sus dos compañeros. Los otros tres formaban un grupo aparte que había abandonado el <em>pog</em> varios días antes. Iban todos en silencio, abatidos, sintiéndose derrotados. No sabían si dirigirse a la Península o a Tierra Santa o qué hacer con sus vidas y vagaban sin rumbo. Al entrar en un bosque, el elfo les hizo detenerse: el bosque estaba inquieto. No le fue difícil encontrar la causa. Había templarios emboscados, demasiados. Llevaban incluso un homúnculo. Estaba claro que esperaban a alguien poderoso. Ighnöel musitó una pregunta. El elfo se concentró un momento y negó con la cabeza. Ighnöel sonrió.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Cogió una rama y empezó a dibujar un pentáculo en el suelo. &#8220;Sin testigos&#8221;, dijo.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">No todos murieron en el combate. Dejaron uno vivo para que sirviera de simulacro para el nephilim capturado. Y otros para interrogarlos. Y otros para indicarles que capturar nephilim era algo muy feo. Todos desearon haber muerto en el combate.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Ighnöel salió del bosque de vuelta al Languedoc con una sonrisa salvaje en los labios. Tenía una cita pendiente con un tal Gavin Montbard y tenía hermanos nephilim a los que salvar y proteger.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">A su espalda, el fuego borraba las huellas.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><strong>Personajes:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><strong>Sigbert von Öxfeld</strong></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Es un auténtico gigantón teutónico que pasa de los cincuenta años. Participó en la Cruzada de los Niños siendo adolescente. Convertido en esclavo en Oriente, terminó al servicio de un Sabio de Sion que se encariñó con él y facilitó su entrada en el Priorato. Ya como <em>eques</em> entró en los Caballeros Teutónicos del Hospital de Santa María de Jerusalén. Sus ascensos en la <em>Prieuré</em> fueron parejos a los de la Orden Teutónica y en este momento de la historia es Orador y comendador, muy conocido y respetado desde Tierra Santa a Irlanda. Pese a su afiliación, es un hombre poco violento, cansado de la guerra, que prefiere la negociación. Ha tenido algunos problemas con sus compañeros de la <em>Prieuré</em> por saltarse la política de &#8220;sin testigos&#8221;, pero sigue siendo muy valorado tanto dentro como fuera de sus órdenes por su capacidad de solucionar situaciones difíciles sin medidas drásticas.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Su tacto, sutileza y talento para la oratoria, junto con su capacidad disuasoria (sigue siendo un tipo de casi siete pies de alto, fuerte como un toro, con un manto blanco con cruz negra y un mandoble que maneja como si fuera un bastoncillo) son legendarios y son la razón por la que la <em>Prieuré</em> le ha encomendado esta delicada misión. Tiene intención de cumplirla causando el menor destrozo posible y no pierde de vista que la seguridad de la orden va primero. Debía convertirse, si los jugadores no lo mataban antes, en el antagonista de la primera parte de la campaña, el enemigo respetado que se convierte en viejo amigo.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><em>Características en 1244:</em> FUE 18, CON 18, INT 16, DES 15, CAR 16, Ka-sol 22.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><em>Habilidades principales (sobre un máximo absoluto de 100%):</em> Combate: Espada 2 manos 90%, Lanza de caballería 80%, Táctica 80%; Comunicación: Intimidar 90%, Convencer 60%, Negociar 80%; Percepción (raíz 70%); Ocultismo (raíz 60%): Conocimiento tablillas Akhenatón 70%, Conocimiento de los nephilim 75%; Cultura (raíz 40%); Atletismo (raíz 60%).</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><em>Habilidades mágicas:</em> Sentir nephilim, 75% (es una variante de los ritos de detección conocido por algunos Sabios de Sion; concentrándose, puede sentir la presencia de un nephilim o efecto-dragón en las cercanías —unos veinte metros de radio— y su ka-elemento dominante); Ritual del Homúnculo, 60%.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Además del mandoble, lleva una armadura completa de 12 puntos (-30%).</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><strong>Constancio de Selinonte</strong></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">También conocido como Fassr ed-Din &#8220;el Halcón Rojo&#8221;, es hijo del primer visir del sultán de Damasco y ha sido nombrado caballero por el emperador Federico II. Desde muy joven sirve a la <em>Prieuré</em> y es el <em>filidh</em> de Sigbert desde hace un par de años. De unos treinta años es alto, apuesto y siempre bien vestido. Es un ligón incorregible, buen conversador, buen trovador, amable, con andares de pantera y mirada de depredador: una combinación que se hace irresistible. Pero, pese a su aire de superficialidad, es inteligente, observador y no le tiembla el pulso a la hora de actuar.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><em>Características en 1244:</em> FUE 14, CON 16, INT 17, DES 17, CAR 18, Ka-sol 19.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><em>Habilidades principales:</em> Combate: Cimitarra 80%, Arco 90%; Cultura (raíz 40%): Conocimiento de Europa y Oriente Medio 60%, Lengua de oc 70%; poesía occitana 60%; latín y griego 50%; Artes: Laúd 60%, Cantar 60%, Recitar 50%; Ocultismo (raíz 50%); Social: Política 50%.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><em>Habilidades mágicas:</em> Sentir nephilim 30% (es la misma habilidad de Sigbert, quien se la está enseñando); Ritos de detección 50% (agua, aire, fuego y tierra; no conoce el de luna); Ritual del Homúnculo, 40%.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><em>Los personajes están hechos según la hoja de Nephilim primera edición (Joc), pero con un máximo de la habilidad del 100% (si se permiten habilidades por encima de ese máximo, habría que subir las de combate un poco). Los rituales son de manufactura propia y el día que me acuerde los subiré.</em></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Montségur VI – Rendición</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Jul 2009 17:54:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nephilim]]></category>
		<category><![CDATA[Grial]]></category>

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		<description><![CDATA[Para gran enfado de Pierre Amiel, Pierre-Roger de Mirepoix logró unas buenas condiciones de rendición. Los sitiados dispondrían de un plazo de quince días para arreglar sus asuntos terrenales, debiendo abandonar la fortaleza el día 16 de marzo de 1244. Los caballeros y soldados y sus familias quedarían libres, conservando bienes y armas, pero los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Para gran enfado de Pierre Amiel, Pierre-Roger de Mirepoix logró unas buenas condiciones de rendición. Los sitiados dispondrían de un plazo de quince días para arreglar sus asuntos terrenales, debiendo abandonar la fortaleza el día 16 de marzo de 1244. Los caballeros y soldados y sus familias quedarían libres, conservando bienes y armas, pero los cátaros que no abjurasen de su fe serían entregados a Pierre Amiel y a la Inquisición. Con esto, Hugues des Arcis contentaba a todos: tomaba la fortaleza para su rey con un coste de hombres relativamente reducido; evitaba soliviantar a sus propias tropas, cuyas simpatías por los sitiados era evidente, ya que muchos tenían amigos y parientes entre ellos; y le daba a la Iglesia material para una buena barbacoa.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Para los sitiados fueron quince días de gran actividad. Por una parte, los <em>perfectos</em> querían hacer una serie de ceremonias de gran importancia que culminaban la noche antes de la entrega. Además, muchos cátaros y simpatizantes quisieron recibir el <em>consolamentum</em> y compartir destino con sus amigos y parientes. Y, por último, había que sacar de la fortaleza los tesoros cátaros y a los nephilim. El Grial era necesario para la última ceremonia, así que los Guardianes serían los últimos en abandonar la fortaleza. Ighnöel ordenó al fénix darles escolta para proteger el Grial y, si fuera posible, convencerlos de que el sitio más seguro era la base de la Torre en Petra (y, de esta forma, que la Torre se hiciera con el Grial). Sorprendentemente, Menxar también decidió acompañarlos, aunque sus razones nunca se han sabido. Lo más probable es que decidiera acompañar a Pírixis como discípula, pues la quimera negra era famosa en el Carro por sus seminarios en la época de Arturo y por ser la última Dama del Lago.<br />
</span><br />
<span id="more-301"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El resto de los nephilim y algunos humanos fueron abandonando el <em>pog</em> durante esos quince días. Los sitiadores mantenían la barbacana, pero habían relajado mucho la vigilancia. Los fugitivos usaron varias rutas, a uno y otro lado del <em>pog</em>, aunque la mayoría bajó por la garganta del Lasset. Desde ahí siguieron su propio camino: algunos, con guías, cruzarían el país; otros, conocedores del terreno o confiando más en sus propios medios, lo intentarían en solitario; también había quien tenía conocidos y amigos en el campamento francés y sólo tuvieron que deslizarse hasta el pabellón adecuado y cambiarse de ropas.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La última noche, el campamento de los sitiadores era una fiesta. En el castillo todo era lágrimas y emoción contenida. Los <em>perfectos</em> y aquellos que recibieron el <em>consolamentum</em> aquella noche participaron de una ceremonia secreta en el salón del castillo en la que usaron el Grial. Una vez terminada la ceremonia, entregaron el Grial a los Guardianes, quienes abandonaron rápidamente el castillo, después de despedirse de amigos y compañeros. Con el amanecer, los sitiados abandonaron el castillo, entregándose a las tropas del rey de Francia. Cumpliendo con su palabra, Hugues des Arcis dejó libre a soldados y civiles y Pierre Amiel tuvo su barbacoa: unos 220 cátaros fueron quemados al pie del <em>pog</em>, en el <em>Prat dels Cremats</em>. <a href="http://www.russianbooks.org/montsegur/montsegur5.htm" target="_blank">Aquí</a> hay una lista de algunos de ellos que han sido identificados.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Los Guardianes del Grial, Menxar y el fénix, entre tanto, habían seguido a su <a href="http://www.russianbooks.org/montsegur/mont-map4.htm" target="_blank">guía</a> deslizándose por la puerta norte. Cruzaron el abandonado pueblo, pasando de terraza en terraza hasta la muralla, que atravesaron por una poterna. De ahí la siguieron, por el lado de fuera y con cuidado de no caer al vacío, hasta llegar a la explanada. Entraron en el bosque para eludir a los centinelas de la barbacana y los pocos hombres que vigilaban el trebuchet y las murallas. Una vez los dejaron atrás cruzaron la cresta para enlazar con el <em>Pas del Roc</em> y descender, con ayuda de cuerdas, hasta la garganta del Lasset. Este venía crecido por el deshielo y complicó mucho el paso de la garganta. Pírixis, con la inestimable ayuda de sus compañeros, estuvo a punto de abrirse la cabeza, romperse el cuello y destrozarse las piernas y la cadera contra las piedras, pero salió del paso unos cientos de metros torrente abajo empapada, aterida y contusionada.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Así retrasados, empezaba a clarear cuando llegaron al claro donde debían encontrarse con el grupo de <em>faidits</em> que debía guiarles fuera del Languedoc. Se encontraron con el grupo, sí, y conocían el santo y seña, sí. Lo que no contaban era con que hubiera un teutónico de pelo cano y más de seis pies y medio de alto que llevaba un espadón casi tan grande como él. Pírixis y Yaltaka echaron rápidamente mano a sus armas: tenían bien presente aún la carnicería de París en 492. Sin embargo, entre los acompañantes del teutónico estaban varios de los <em>faidits</em> que les habían acompañado de Quéribus al Montségur y Menxar y el fénix, que llevaban varios años en el país, confiaban en ellos. Si estos respondían por el teutónico, para ellos bastaba. Sigbert, además, tenía mucha labia y se presentó como agente humano de El Loco de una manera muy creíble. La urgencia del momento hizo el resto y los Guardianes aceptaron la compañía del comendador teutónico de momento.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El grupo de escolta los condujo a través de las líneas francesas sin tener ningún tropiezo. Tenían caballos para todos al otro extremo del bosque y pronto galopaban hacia el este, alejándose lo más posible del <em>pog,</em> donde ya ardía una gran pira.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La <em>Prieuré</em> tendía sus redes.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><em>Con lo que yo no contaba fue con que confiaran en él.</em></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Montségur V – La barbacana</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Jul 2009 11:54:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nephilim]]></category>
		<category><![CDATA[Grial]]></category>

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		<description><![CDATA[Enero de 1244 fue un mes caótico, con salidas, contrasalidas, golpes de mano y todo el combate que no había habido en los meses anteriores. Finalmente, Pierre-Roger de Mirepoix tuvo que dar por perdido tanto la Roc de la Tour como la muralla exterior, pues las pérdidas se estaban volviendo inaguantables. El frente volvió a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Enero de 1244 fue un mes caótico, con salidas, contrasalidas, golpes de mano y todo el combate que no había habido en los meses anteriores. Finalmente, Pierre-Roger de Mirepoix tuvo que dar por perdido tanto la <em>Roc de la Tour</em> como la muralla exterior, pues las pérdidas se estaban volviendo inaguantables. El frente volvió a estabilizarse, pero ahora los cruzados emplazaron catapultas en la explanada, tras la muralla exterior, con la que bombardear a los sitiados. Por su parte, estos hicieron lo propio con sus propias armas de asedio. El espacio entre murallas se convirtió en tierra de nadie. Las propias murallas se volvieron inseguras, con los cadalsos arrasados por los proyectiles, pero por lo menos estos no llegaban ni al pueblo ni al castillo. Así que, poco a poco, la calma volvía a los sitiados.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Otro audaz golpe de mano destrozó sus sueños. Corría ya el mes de febrero, con el <em>pog</em> aún nevado y el deshielo sin prisas por venir, cuando los montañeses vascos contratados por Huges des Arcis la volvieron a liar. En una escalada nocturna aún más peligrosa que la de la <em>Roc de la Tour</em>, y según algunos con ayuda de un traidor, alcanzaron la barbacana que hacía de avanzada al castillo y protegía la muralla principal. Lograron coger a sus defensores totalmente por sorpresa, pasándolos a cuchillo sin que saltara la alarma. Luego eliminaron a los centinelas que había sobre la muralla mientras el ejército francés cruzaba la tierra de nadie en masa. Cuando los defensores del Montségur quisieron darse cuenta, el enemigo estaba en la muralla y en la barbacana.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Ighnöel dirigió el contraataque, seguido de todos los nephilim que sabían luchar: los voluntarios de la Torre, la ondina, Menxar, los Guardianes del Grial y unos pocos más, así como de caballeros y hombres de armas, mientras los ballesteros los cubrían desde el castillo. Sin embargo, fue inútil: el enemigo era cincuenta o sesenta veces más numerosos y el terreno no acompañaba a las habilidades de algunos luchadores, como la ondina. Así, todo lo que pudieron hacer fue impedir que los franceses entrasen a saco en el poblado y dar tiempo a los cátaros a buscar refugio tras los muros del castillo.<br />
</span></p>
<p><span id="more-291"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El ejército real no pudo ocupar la muralla de forma efectiva, ya que estaba demasiado expuesta a los ballesteros del castillo, pero desde la barbacana dominaban toda la explanada, impidiendo a los defensores tomar a su vez la muralla. De esta forma, pudieron ocupar el espacio entre las murallas y montar ahí un gran <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Trebuchet" target="_blank">fundíbulo</a> (trebuchet, yo tampoco conocía el nombre en español) capaz de lanzar piedras de 80 kilos hasta el castillo (las piedras aún pueden verse en el <em>pog </em><a href="http://www.russianbooks.org/montsegur/pix/mont-27.jpg" target="_blank">hoy día</a>). Para los sitiados, el fundíbulo  se convirtió en un peligro mortal: eran unas 500 personas las que estaban ahora hacinadas dentro de la fortaleza, y sólo los grandes muros ofrecían protección. El patio y sus endebles construcciones de madera se convirtieron en una lotería mortal donde se rifaban las grandes piedras, esquirlas y astillas. El número de bajas se disparó e incluso los fuertes muros sufrían un duro castigo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Estando así las cosas, Pierre-Roger y sus consejeros idearon un plan desesperado para intentar hacerse con la barbacana, recuperar la muralla y quemar el fundíbulo. Aprovechando que la barbacana la seguían controlando los vascos y que había montañeses vascos entre los defensores del Montségur, intentarían hacerse con ella devolviendo la moneda a los franceses. Los vascos, junto con un grupo de voluntarios formado por la ondina, el fénix de la Torre, Menxar, Pírixis y Yaltaka, se deslizarían fuera del castillo y, cubiertos por la muralla sur (prácticamente abandonada por los sitiados y que había quedado en tierra de nadie), llegarían hasta el foso que separaba la barbacana del castillo, lo cruzarían, treparían y se harían con ella sin que se diera la alarma. Luego asegurarían la salida de la muralla que usaban las tropas reales y saldrían a la explanada entre las murallas para incendiar el fundíbulo. Entre tanto, Pierre-Roger e Ighnöel habrían salido del castillo y tomado la muralla, apoyando y protegiendo al grupo de los Guardianes del Grial. Si todo salía bien, volverían a las posiciones de enero.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Hicieron la salida una noche sin Luna. Consiguieron deslizarse hasta el foso sin ser vistos, por la parte externa de la muralla. Allí ya se acababa la muralla y lo fácil: había que saltar de roca en roca y trepar por un tajo casi vertical, una fría noche de febrero con hielo y nieve. Nada, en principio, imposible para los aguerridos montañeses vascos que, durante meses, habían metido y sacado gente y carga del <em>pog</em>. Sin embargo, se encontraron con la piedra asesina.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La piedra asesina es un tipo bastante habitual de piedra en montañas abruptas: es una roca aparentemente estable que, cuando el desafortunado escalador descarga todo su peso sobre ella, se mueve, tirando abajo al escalador y saltándole rápidamente encima, para atraparle tobillo o pierna o, por lo menos, romper algún hueso. La piedra asesina del Montségur era experimentada: después de cometer una fechoría se escurría rápidamente y se camuflaba con sus congéneres, para luego colocarse disimuladamente bajo el pie de algún otro montañés. Así cayeron tres o cuatro vascos malheridos, aunque sin soltar ni un gemido ni alertar a los defensores de la barbacana, hasta que el fénix atrapó a la maldita roca y se sentó encima (<em>en mi vida he visto tantas pifias seguidas en escalar</em>).<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Solucionado este pequeño contratiempo, los vascos lograron trepar a la barbacana y ayudar a los nephilim a hacer lo propio. En un momento se habían hecho con el control de la fortificación. El último centinela, apostado al pie de una escalera, oyó a los sitiados bajar por la misma, pero quedó muy sorprendido al encontrarse con una zíngara con vestido de vivos colores, cascabeles en el pelo y un gran hacha a la espalda y se le olvidó dar la alarma antes de que lo estamparan contra la pared.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Aquí se torció el plan. Resultó que los vascos del Montségur hablaban un dialecto distinto a los vascos de Hugues des Arcis y encima dieron con el centinela listo y despierto. La alarma fue dada, empezaron a salir soldados de debajo de las piedras y los sitiados fallaron en su intento de hacerse con la muralla. Consiguieron lanzar algunas antorchas contra el fundíbulo, pero sólo le causaron daños superficiales. Desbordados por todas partes, Pierre-Roger e Ighnöel tuvieron que retroceder sin haber podido llegar siquiera a la muralla. El grupo de los Guardianes del Grial estuvo a punto de ser rodeado, pero la ondina y Menxar les dieron tiempo suficiente para retroceder y entre Yaltaka, Pírixis y el fénix forzaron el paso. La barbacana tuvieron que cederla al enemigo, pues era imposible de defender sin contar con la muralla. Así terminó la última salida de los defensores del Montségur, una salida que les costó varios muertos y heridos graves y se llevó sus últimas esperanzas.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La desesperanza también cundía entre los nephilim, crispando los nervios. Esa mañana, tras la salida, Ighnöel y la ondina estuvieron a punto de llegar a las manos en el salón que compartían todos los nephilim. A duras penas sus compañeros consiguieron separarlos. La ondina, cubierto de sangre de sus enemigos, exhausto, le suplicó a Ighnöel que les permitiera usar conjuros e invocaciones más poderosos en combate, pero el de la Torre se negaba.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—¡No te estoy diciendo que saquemos tres cohortes de Guerreros de Bronce! Unos <em>Querubines</em>, unos malditos <em>Querubines de la exasperación y la confusión</em> en sus líneas y terminarán matándose entre ellos.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—Sólo magia que mejore vuestras habilidades y magia curativa. No voy a autorizar nada más, y lo sabías cuando te uniste a nosotros. La Torre nos permite luchar aquí con esa condición. Los <em>perfectos</em> nos permiten luchar por ellos con esa condición. <em>Yo</em> os permito luchar con esa condición. Y el Temple, los teutónicos, los hospitalarios y la Rosa-Cruz nos permiten jugar aquí con esa condición. Si nos saltamos esto, las órdenes no tendrán excusa para no venir a por nosotros y estaremos en peligro. Y la Torre no lo permitirá.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—¡Maldita sea, Ighnöel! Ellos —Exclamó la ondina señalando vagamente afuera, al patio, el pueblo y el castillo— van a perder. Van a morir. ¿Quieres que nos sentemos y contemplemos el espectáculo?<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—Si así ha de ser, así será —murmuró Ighnöel con su voz de trueno y los ojos llameantes, levantándose amenazadoramente. Hicieron falta ocho nephilim para separarlos.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Al día siguiente las grandes piedras volvían a caer cada cuarto de hora sobre el Montségur. Hubo varios heridos y muertos durante el día, mujeres y niños y un caballero. Aparecieron grietas en los propios muros del castillo. Y Pierre-Roger envió un mensajero para negociar la rendición.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El sueño había acabado. Era el 1 de marzo de 1244.</span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Montsegur IV – La Roc de la Tour</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jul 2009 17:38:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nephilim]]></category>
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		<description><![CDATA[El senescal Hugues des Arcis no era un hombre feliz. No lo era desde que vio las laderas del pog, y cada día que pasaba tenía menos razones para serlo. El verano había pasado infructuoso. Todos los ataques contra el castillo habían fracasado: por la ladera sur-oeste, a donde daba la puerta principal del castillo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El senescal Hugues des Arcis no era un hombre feliz. No lo era desde que vio las laderas del <em>pog</em>, y cada día que pasaba tenía menos razones para serlo. El verano había pasado infructuoso. Todos los ataques contra el castillo habían fracasado: por la ladera sur-oeste, a donde daba la puerta principal del castillo, sus hombres se habían estrellado contra los muros de avanzada. Lo empinado del terreno les obligaba a avanzar despacio y los convertía en blanco fácil para los virotes y pedruscos. La otra posible ruta de ataque arrancaba en el otro extremo del <em>pog</em>, con un camino igualmente empinado que daba a la larga cima de la montaña, un lugar desde el cual podrían instalarse catapultas y otros ingenios de asedio. Sin embargo, los señores de Montségur habían cubierto ese flanco protegiendo la <em>Roc de la Tour</em>. Había intentado un ataque por los dos flancos simultáneamente, esperando que los sitiados no tuvieran hombres suficientes para defender ambos puntos, pero había sido imposible: mientras tuvieran flechas y piedras, un puñado de hombres podrían mantener a raya a un ejército. Y si ya, además de flechas, tenían buenos y pesados virotes, quienes intentaran la subida la tenían muy negra.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El senescal Hugues des Arcis no era un hombre feliz. El ejército que dirigía estaba formado principalmente por gente de la tierra, del Languedoc y de Provenza, nuevos vasallos del rey de Francia tras las campañas de los años anteriores. Han acudido prestos, para demostrar que son buenos vasallos, y para quitarse de encima la presión de la Iglesia, pero no ocultan sus simpatías por los sitiados: muchos tienen conocidos, amigos o parientes arriba, entre los defensores o entre los refugiados. El largo asedio está haciendo mella. Una campaña larga y sin posibilidades de botín, con problemas de aprovisionamiento, clima adverso y lejos de sus casas no es lo mejor para la moral de la tropa. Quizás si hubiera tenido fanáticos en el ejército, como Monfort o Amaury, hubiese podido tomar el castillo a las bravas, sin importar las bajas. Tampoco le era posible sitiar completamente el <em>pog</em>, y sabía que a los sitiados les aprovisionaban regularmente, así que no podía esperar rendirlos por hambre.<br />
</span><br />
<span id="more-272"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El senescal Hugues des Arcis no era un hombre feliz. Tenía a Pierre Amiel, arzobispo de Narbona, como co-comandante. Pierre Amiel era una de esas personas con un alma tan oscura y malvada que en todo lo que miraban veían un reflejo de sí mismos. Como era habitual, no reconocía en esta realidad sesgada su propia maldad, sino que creía vivir en un mundo pecaminoso. Como era tristemente habitual, había medrado en la jerarquía eclesiástica, en este caso de la Iglesia romana. Su visión de las Sagradas Escrituras, retorcida por su negra alma, su natural sadismo y persuasiva labia le habían convertido en azote de herejes y creyentes, en castigador universal, en defensor de la religión como cadenas, yugo y castigo del pecaminoso ser humano. Como todos los de su clase, toda su maldad la veía en el mundo que le rodeaba, así que se creía virtuoso y noble. Como todos los de su calaña, era un peligroso cáncer al que había que tratar con sumo cuidado, cuando a Hugues lo que más le gustaría sería lanzarlo al Montségur con una catapulta.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El senescal de Carcasona, Huges des Arcis, no era un hombre feliz. Pero como hombre práctico, buscaba soluciones.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El sitio no había cogido por sorpresa a Pierre-Roger de Mirepoix; contaba con ello desde que organizó el ataque a los inquisidores de Avignonet. El Montségur había sobrevivido a tres asedios anteriores, así que la moral estaba bien alta. Lo que no esperaba, ni nadie en la fortaleza, es que Hugues des Arcis reuniera a un ejército tan grande. Cuando vio las primeras columnas de tropas acercarse, Pierre-Roger se alegró de haber terminado el muro bajo unas pocas semanas antes.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El asedio empezó como los anteriores: varios ataques que se estrellaron inútilmente contra los muros del suroeste. Aprovechando el número, los sitiadores establecieron campamentos rodeando la montaña, en un intento de cortar el flujo de suministros y refuerzos que les llegaban a los defensores, sin mucho éxito. Probaron también la ruta norte, pero el fuerte de la <em>Roc de la Tour</em> aguantó todos los envites.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Conforme avanzaba el verano, los sitiadores perdían empuje, y el otoño llegó frío, lluvioso, con nieves tempraneras en septiembre pero, sobre todo, tranquilo. Pierre-Roger de Mirepoix confiaba en que, si el invierno pasaba sin cambios, para verano el ejército real tuviera que levantar el sitio cuando los señores feudales se cansasen y exigiesen volver a sus tierras. Eso, si las penurias o alguna epidemia no los obligaba antes. Arriba no faltaban suministros, pese al frío invierno. Agua había en abundancia, así como nieve, y durante la primavera se habían aprovisionado para el sitio. Los <em>perfectos</em> eran vegetarianos y comían poco y el bosque suministraba leña y caza, así que todo era cuestión de paciencia.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">En enero, con el nuevo año, cambió todo radicalmente. Un grupo de montañeses vascos contratados por Huges des Arcis realizaban un audaz golpe de mano: escalaron de noche, con toda la helada, la cara más inaccesible de la <em>Roc de la Tour</em>, confiando en que sus defensores se hubieran refugiado en la torre, dejando vacíos los distintos puestos de vigilancia de la roca y camino. Poco antes del amanecer caían sobre los defensores, sorprendiéndolos completamente. En el Montségur no se dieron cuenta de lo que sucedía hasta que, casi a medio día, el relevo se encontró los pendones reales ondeando en el fortín de la <em>Roc de la Tour.</em><br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La pérdida de la fortaleza de avanzada fue un duro mazazo para los cátaros y sus aliados, tanto moral como estratégico. La tranquilidad del asedio se rompió en un mes de enero de continuas escaramuzas. Las tropas francesas avanzaban de noche, cubiertas por la niebla y la ventisca, levantaban trincheras y manteletes, y seguían avanzando. La jugada de la <em>Roc de la Tour</em> la repitieron en la muralla más externa, también la más baja, y sólo la presencia de la ondina entre los defensores impidió que entraran hasta la cocina.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El asedio empezaba a pintar mal para los sitiados. Ighnöel condujo a un grupo de voluntarios para intentar tomar de nuevo el fortín de la <em>Roc de la Tour</em>, pero tuvo que retroceder al ver la cantidad de enemigos que ocupaban ya el enclave. Además, estaban construyendo trabucos y catapultas con las que empezaron a bombardear las defesas exteriores.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">A finales de enero, Pierre-Roger de Mirepoix tuvo que suspender las salidas y los intentos de recuperar la explanada y la muralla exterior. Estaban sufriendo demasiadas pérdidas frente a un enemigo que era cincuenta veces más numeroso. Habían perdido el bosque, consumían mucha más leña para mantener iluminada la explanada frente a la muralla durante las noches, para impedir otro golpe de mano, y la moral flaqueaba. La única esperanza era ya ayuda del exterior pero, ¿vendría alguien?<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Para los nephilim la pérdida de la <em>Roc de la Tour</em> también fue un mazazo: Nicodemo el ateniense comandaba el puesto y no había vuelto. ¿Había sido capturado? ¿Había muerto su simulacro y había sido absorbido por su estasis? El centro de poder telúrico que era el <em>pog</em> distorsionaba los sentidos nephilim y no les permitía saberlo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">En su pabellón, Hugues des Arcis era un poquito más feliz. Ya tenía catapultas para lanzar a Pierre Amiel a la fortaleza.</span></p>
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		<title>Montségur III – El castro y castillo</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Jun 2009 20:08:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nephilim]]></category>
		<category><![CDATA[Ayudas de juego]]></category>
		<category><![CDATA[Grial]]></category>

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		<description><![CDATA[Antes de seguir con esta historia, vamos a hacer una visita al Montségur para hacernos una idea de cómo fue el asedio. La historia de los defensores del pog es fascinante y puede dar pie a múltiples aventuras. Por las fotos se ve, además, que el sitio es precioso y espero poder visitarlo algún día. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Antes de seguir con esta historia, vamos a hacer una visita al Montségur para hacernos una idea de cómo fue el asedio. La historia de los defensores del<em> pog</em> es fascinante y puede dar pie a múltiples aventuras. Por las fotos se ve, además, que el sitio es precioso y espero poder visitarlo algún día. El <em>pog</em>, la montaña, es un macizo rocoso que impresiona, alargado y estrecho, orientado más o menos de este-noreste a oeste-suroeste. Su cima está a 1207 metros sobre el nivel del mar, y a unos trescientos o cuatrocientos sobre las tierras circundantes. Al este está la garganta del Lasset, que corre de sur a norte y por la que ahora pasa una carretera y al sur el pueblo de Montségur. Mide en la base algo más de 700 metros de longitud por unos cuatrocientos en la parte más ancha. Arriba la anchura de la larga cresta no pasa de 150 metros. Está rodeado por altos acantilados con caídas de entre 80 y 150 metros, que forman la primera y principal línea de defensa.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Hay cuatro formas de subir a la cima (además del al estilo <em>me la cargué</em> por los acantilados). La más fácil es por el lado suroeste. Es la zona más alta del pico, pero también la que tiene una ladera empinada pero practicable, y es donde está el castillo. Por las fotos que he visto (por ejemplo, <a href="http://www.panoramio.com/photo/1258477" target="_blank">esta</a>), la subida debe de ser más larga que la de <a href="http://www.panoramio.com/photo/16872854" target="_blank">Castrovido</a> pero no tan difícil (¿Que la de Castrovido no os parece gran cosa? Probad, hijos míos, probad). En la entrada de Córdoba puse una <a href="http://i114.photobucket.com/albums/n280/ercubano/Montsegur5.jpg" target="_blank">foto</a> donde se ve la ladera suroeste de perfil, así como los acantilados del noroeste. Es el acceso natural al castillo. Hay otros dos accesos sobre los que no he encontrado información más allá de los nombres: el <em>Pas del Roc</em> y el <em>Pas du Trébuchet.</em> Según <a href="http://www.russianbooks.org/montsegur/mont-map4.htm" target="_blank">este mapa</a>, el <em>Pas del Roc</em> sería un sendero que arrancaría en la boca sur de la garganta del Lasset y llevaría casi hasta la <em>Roc de la Tour</em>, mientras que el <em>Pas du Trébuchet</em> daría más cerca del castillo. Es probable que los defensores usasen estos senderos para comunicarse con el exterior y conseguir provisiones. La <em>Roc de la Tour</em> es más interesante. Creo que es el farallón rocoso que se ve en primer plano de esta <a href="http://www.panoramio.com/photo/5744928" target="_blank">fotografía</a>. El camino de subida a la <em>Roc de la Tour</em> y de ahí, por la cresta, hasta el castillo, debe lo suficientemente <em>fácil</em> como para suponer una peligrosa vía de ataque y que los sitiados tuvieran ahí un puesto de avanzada. Por el nombre, una torre o un pequeño fortín que cubriera el camino de ascenso.<br />
</span><br />
<span id="more-262"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Del castillo encontraréis por Internet miles de fotos. Al final de esta entrada pongo enlaces a un reportaje fotográfico de lo más completo. Sobre el castillo también encontraréis mucha tontería esotérica, alguna de la cual puede ser interesante para una aventura. En todo caso, hay que ir con cuidado porque el castillo que vemos ahora no es el castillo cátaro, sino el de la familia de Lévis, quienes lo reconstruyeron y se encargaron de su defensa. De hecho, incluso habría habido una fortaleza anterior a la cátara. Lo que nos interesa a nosotros es la llamada &#8220;Montségur II&#8221; (esto es como Troya, va por capas), que era un castro, un pueblo fortificado que se erigió sobre unas antiguas ruinas a primeros del siglo XIII. Se han encontrado restos del mismo al norte de la torre del homenaje del castillo (no me preguntéis cómo se podían hacer casas ahí). Sobre la existencia o no del castillo, dos variantes: la primera, que castro y torre del señor fueron arrasados, la cima aplanada y sobre ella construyó Guy de Lévis la fortaleza que vemos ahora. La segunda, que Ramón de Perelha tuvo su castillo, su torre fortificada con muros dentro del pueblo, y que Guy de Lévis lo reconstruyó, siguiendo al menos en parte su trazado.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Reconstrucciones del castro he visto dos. Una de ellas no la guardé y no la he vuelto a encontrar y era más del castillo (un castillo con más torres, pero con la misma forma). La otra es <a href="http://www.loicderrien-illustration.com/jpgnew/montsegur.jpg" target="_blank">esta</a>, que coincide más o menos con cómo lo jugué yo (suponiendo que la torre de avanzada que se ve a la izquierda es la famosa barbacana). En estos <a href="http://www.paysdesault.com/chateau_8_5_plan.htm" target="_blank">dos</a> <a href="http://pyrene.free.fr/patrimoine/monuments/plan_montsegur.gif" target="_parent">planos</a> pueden verse tanto el trazado del castro (que coincide con el del dibujo anterior) como dónde han encontrado restos de las construcciones cátaras.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Después de todo este rollo, vamos con mi versión, para esta aventura y narración, del Montségur:<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Tenemos el castillo, con las líneas aproximadas del actual. En él se alojan el señor y las tropas, con sus familias, caballos, criados y perros. Alrededor de él ha ido creciendo el pueblo, en un principio un batiburrillo de sencillas edificaciones de los <em>perfectos</em>, casi como un monasterio, que se ha ido completando con las casas de sus familias y otros refugiados, una hospedería, quizás una taberna, una herrería, silos, graneros y cisternas. El pueblo aprovecha las formas del terreno, las covachas, las rocas, y lo último que se puede decir de él es que es llano.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El pueblo está rodeado por una muralla protegida con cadalsos y alguna torre, que serpentea siguiendo el terreno. Para defender la ladera suroeste, la subida natural y donde está la puerta principal, hay dos líneas avanzadas de murallas protegidas por sendas barbacanas. Por el lado noreste un foso artificial, usado de cantera para la obra, convierte en un cuello de botella el paso del pueblo a la muralla, reforzada en el flanco derecho por la barbacana este. Dos muros adicionales han sido construidos por delante para frenar el avance del enemigo, formando una triple línea de murallas también por este lado. Al otro extremo del <em>pog</em>, la <em>Roc de la Tour</em> se ha convertido en otra fortaleza: una torre de piedra, un muro bajo, puestos de tirador repartidos por la roca para los ballesteros, trincheras cortando el camino…<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Con o sin castillo, dos o tres líneas de murallas, con fortines de avanzada, barbacanas, acantilados impracticables y buenos ballesteros hicieron que los sitiados aguantaran diez meses, con una treintena de caballeros y centenar y medio de infantes y ballesteros a un ejército de entre seis y diez mil hombres. En esta historia, añádase el castillo y una docena de nephilim duchos en las armas. Era el cuarto asedio que aguantaban.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Artículos y reportajes fotográficos que he seguido, entre otros:<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><a href="http://www.russianbooks.org/montsegur.htm" target="_blank"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Peter Vronsky, Montségur and the cathars</span></a><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Reportaje fotográfico de Jean-Pierre Lagache, en 6 partes (con algo de historia y algunos planos): <a href="http://belcaire.over-blog.com/article-27163963.html" target="_blank">I</a>, <a href="http://belcaire.over-blog.com/article-27391819.html" target="_blank">II</a>, <a href="http://belcaire.over-blog.com/article-27391934.html" target="_blank">III</a>, <a href="http://belcaire.over-blog.com/article-27392044.html" target="_blank">IV</a>, <a href="http://belcaire.over-blog.com/article-27392271.html" target="_blank">V</a> y <a href="http://belcaire.over-blog.com/article-27634550.html" target="_blank">VI</a>. Yo sigo sin ver dónde caben 400 personas durante diez meses, provisiones y demás ahí. Si os fijáis en la 6ª parte, en la quinta fotografía, a la derecha de la torre del homenaje puede verse las terrazas donde han encontrado restos del pueblo. En la segunda foto de la misma parte, a la derecha del castillo se ve un corte en la montaña, un escalón. Ese es el foso, por lo que a la derecha justo estaba la barbacana.</span></p>
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