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	<title>Cuberterías de Albacete, I&#38;E &#187; Pendragón</title>
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		<title>La muerte de sir Hywel</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Aug 2010 18:49:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pendragón]]></category>

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		<description><![CDATA[El año de 489 trajo tambores de guerra. La campaña francesa del año anterior, esa que terminó con el pretor Syagrius vendido ante el rey Claudas, había servido para llenar las arcas del rey Uther, suficiente dinero para dos o tres buenas campañas militares. Entre los posibles objetivos estaban el Sussex, el reino de Aelle, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El año de 489 trajo tambores de guerra. La campaña francesa del año anterior, esa que terminó con el pretor Syagrius vendido ante el rey Claudas, había servido para llenar las arcas del rey Uther, suficiente dinero para dos o tres buenas campañas militares. Entre los posibles objetivos estaban el Sussex, el reino de Aelle, que se lamía las heridas de la batalla de Mearcred Creek, o vengar a Caercolum, que había sido arrasada y había perdido a su señor, el duque Lucio, a manos de Aethelswith de Kent. Sin embargo, la expedición de sir Brastias de 486 y la campaña naval del año siguiente habían enfriado bastante los ánimos a los sajones de Aethelswith, así que no había razón urgente para revolver ese frente.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Pero en el norte sí había un peligro: los caudillos Octa y su primo, el gigante Eosa, comandaban un gran ejército que se movía libremente por Cumbria y amenazaban a Lindsey y otras tierras del norte de Logres. Los señores vasallos aconsejaron al rey terminar con esta amenaza antes que cualquier otra, pero Uther tenía una espina clavada en el costado: Cornualles y sus señores, el duque Gorlois y el belicoso rey Idres, y hacia allí condujo su ejército.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El ejército del duque Gorlois les esperaba en una boscosa colina, tras un pedregoso arroyo, prometiendo una batalla muy costosa, pero el rey Uther, acompañado por Merlin, se adelantó con bandera de tregua y el duque de Cornualles aceptó parlamentar. Gorlois cedió ante Excalibur y juró lealtad a Uther. A cambio, obtuvo los derechos sobre todo Cornualles y la ayuda implícita del rey para arrebatárselos en un futuro al rey Idres.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Arreglado el asunto de la frontera occidental, el rey Uther se encaminó al norte, para hacer frente al ejército de Octa y Eosa. Sin embargo, los exploradores sajones los descubrieron y los dos reyes evitaron el enfrentamiento directo, dispersando parte de su ejército en bandas dedicadas al saqueo y a frenar a los britanos. El rey Uther, desesperado por no poder alcanzar a los reyes sajones, organizó batidas para acabar con esas bandas. </span></p>
<p><span id="more-916"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sir Dae y sir Gracian formaron parte de una de ellas, liderada por sir Hywel, el abanderado de West Lavington. En total, una docena de caballeros, entre los propios vasallos de Hywel y otros de la mesnada personal del conde Roderick, con sus escuderos y guías. Encontraron pronto el rastro de una banda de sajones, aunque les llevaría varios días alcanzarlos. En el combate, los sajones serían aniquilados, pero sir Hywel cayó gravemente herido. El jefe de los sajones era un tipo cruel y sin honor que envenenaba el filo de sus armas y ahora sir Hywel se debatía entre la vida y la muerte.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Consiguieron refugio en un señorío cercano, cuyo caballero estaba ausente, en campaña al igual que ellos, pero su mujer, lady Meryl, se desvivió por ayudar al valiente caballero de Salisbury, quizás deseando que, si se diera el caso, su marido encuentre igual ayuda. El más rápido de los vasallos de sir Hywel partió, intentando alcanzar el cuerpo principal del ejército y conseguir ayuda, quizás incluso traer a Merlin, mientras que el resto de la partida, siguiendo las órdenes del propio sir Hywel, siguen con su misión. En el señorío quedaron guardando al caballero sir Lione, uno de sus vasallos, sir Dae y sir Gracian. Pero el estado del abanderado de West Lavington no hace sino empeorar.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Lady Meryl les habló entonces de la existencia de una mujer sabia en el bosque cercano, lady Illia, quien quizás pueda ayudar al caballero. Sir Dae y sir Gracian partieron en su busca. Con las indicaciones de lady Meryl y mucha suerte encontraron la cabaña de lady Illia, oculta en lo más profundo del bosque. Lady Illia les sorprendió a ambos, pues no esperaban encontrar a una hermosa joven con un algo que no parecía de este mundo. Sir Gracian cayó profundamente enamorado desde el momento en que la vio.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Lady Illia se compadeció de su historia y se ofreció a ayudarlos, creando un antídoto para el veneno que mataba a sir Hywel. Pero, para ello, necesitaba un objeto de gran poder, una pequeña daga que le había robado el malvado sir Brynach, el señor de la Torre del Roble. Así, los dos caballeros de Salisbury partieron a enfrentarse al misterioso señor de la Torre del Roble.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La Torre resultó no ser tal, sino una gran casona de piedra protegida por una empalizada de madera. Aun así, una fortificación inexpugnable para solo dos caballeros. Tras discutir sus opciones, sir Dae y sir Gracian decidieron acercarse sir armar y pedir hospitalidad, y así poder indagar más en la extraña historia de lady Illia y sir Brynach, pues algo les decía que allí había más de lo que parecía a simple vista.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Así, los dos caballeros, con sus escuderos, se acercaron a las puertas abiertas de la empalizada. Los del recinto los vieron y se llamaron entre ellos, saliendo a las puertas el que parecía el señor, un hombre grande y de poblada barba. Dos guardias con arcos vigilaban desde la empalizada y vieron otros tres o cuatro hombres en el patio.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—¡Salud, viajeros! —exclamó el hombre barbado, levantando su mano derecha a modo de saludo—. ¿Qué os trae por estas tierras?<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—Somos los campeones de lady Illia y te pedimos que nos devuelvas la daga que le robaste —contestó altivo sir Gracian, para estupor de su compañero.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Quince minutos después, a cubierto en el bosque y mientras quitaba las flechas clavadas en el escudo que de milagro había alcanzado a empuñar, sir Dae le espetó a su compañero:<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—Contadme, sir Gracian, ¿qué parte de &#8220;vamos y pedimos hospitalidad como pobres viajeros que se han perdido&#8221; no entendisteis?<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify">
 </p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Descartado el entrar por la puerta principal, decidieron intentarlo con el golpe de mano. Esperaron a la noche para rodear la pequeña fortaleza y aproximarse por su parte trasera, que estaba protegida por un terraplén y un arroyo pantanoso lleno de maleza. Llevaban sus acolchados, cascos y escudos, pero no las armaduras, pues solo les estorbarían a la hora de trepar.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Con muchos esfuerzos lograron llegar al pie de la empalizada y enganchar una cuerda en lo alto sin que se oyera ninguna voz de alarma. Sir Gracian subió el primero, alcanzando el adarve, pero no vio a nadie. Ninguna luz, ningún centinela a la vista. Avanzó con cuidado, pero de pronto el adarve cedió, hundiéndose con gran estrépito y arrastrando parte de la empalizada. Tampoco ese escándalo provocó reacción en la Torre del Roble. Escamados, sir Dae, que ya había trepado la empalizada, y sir Gracian, que había conseguido salir de la maraña de maderos y troncos, revisaron con detenimiento la fortaleza.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Estaba vacía y en ruinas. El frondoso roble que habían visto por la mañana era un tronco pelado y reseco, la empalizada presentaba varias brechas y amenazaba con caerse y la propia casa señorial tenía el tejado hundido y los muros agrietados. Los dos caballeros avisaron a sus escuderos, que trajeron las monturas, las armaduras y, lo más necesario, antorchas con las que poder registrar a fondo el recinto.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Encontraron una trampilla en salón que daba a un pozo rectangular, con las paredes cubiertas de musgo y del cual emanaba un fuerte olor a humus. Sir Gracian se ofreció a bajar, una vez se hubo armado. Atado a una cuerda y con una antorcha, el caballero se perdió en la oscuridad. El pozo continuaba durante varios metros pero, de repente, las paredes desaparecieron: estaba en una gran caverna. Una fuerte corriente de aire apagó la antorcha y el caballero quedó colgando en la oscuridad. Sin embargo, pudo su promesa de recuperar la daga de lady Illia y ordenó a sus compañeros que siguieran soltando cuerda. Veinte metros más abajo, ya al límite de la cuerda y tras haber sufrido un ataque de una bandada de murciélagos enormes, asustados por sus gritos, tocó la copa de un árbol. Sorprendido, se agarró al árbol y soltó la cuerda, pidiendo a sir Dae que bajara con otra antorcha. Sir Dae se hizo bastante de rogar, lo que provocó más vuelos de murciélagos y de algo que se arrastraba por el suelo, pero aceptó bajar y cuidó mejor su antorcha. Pronto, ambos caballeros se reunieron en el suelo de este misterioso y viejo bosque.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Algo más allá de donde habían bajado encontraron una senda que siguieron. Sir Gracian, que iba delante, metió pie en una topera y cayó cuan largo era. Cuando se incorporó se encontró con un topo del tamaño de un jabato que le miraba desaprobadoramente. Luego, se dio la vuelta, cogió un pico y se volvió a meter en su madriguera.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—¡S-s-s-sir Dae! ¡Un topo! ¡Un topo cavando!<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—¿Y qué esperas que hagan los topos? ¿Bailar? —contestó el interpelado, cada vez más molesto con la aventura.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—P-p-pero tiene un pico…<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sin duda se había golpeado la cabeza al caer, pensaría sir Dae, pero aun así mantuvo una cara de póquer y se asomó a la topera. El topo volvía empujando una carretilla llena de tierra que vació a los pies del caballero.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—Pues yo no veo ningún pico.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify">
 </p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Continuaron por la vereda, siguiendo un tenue olor a humo, hasta que llegaron a un pequeño claro donde había varias cabañas pequeñas y una más grande, una gran hoguera en el centro donde se asaban varios animales y figuras, indistinguibles en la noche, que bebían, comían y se peleaban. El comportamiento de las figuras hizo pensar a sir Gracian que no eran humanos, pero luego recordó el comportamiento de caballeros que conocía en banquetes y ya no estuvo tan seguro.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Los dos amigos decidieron rodear el claro y acercarse por detrás de la cabaña grande, en un intento de averiguar si las figuras tenían algo que ver con sir Brynach. Fueron con cuidado, por si las trampas, ya que en el camino sir Dae había pasado un rato conmocionado y colgando boja abajo a cierta altura mientras sir Gracian lo buscaba desesperado.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Las figuras de la hoguera resultaron ser trasgos y también estar relacionadas con su aventura cuando uno de ellos descubrió a sir Gracian y alertó a sus compañeros gritando:<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—¡El campeón de Illia!<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El combate fue breve. Había seis trasgos y de la gran cabaña salió uno más grande, con las ropas que le habían visto a sir Brynach esa mañana, pero sir Dae dio buena cuenta de ellos mientras sir Gracian hacía de <em>sparring</em>. Muerto Brynach, los cuatro trasgos supervivientes huyeron como alma que lleva el diablo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Registraron los muertos y las cabañas y encontraron una pequeña daga de plata, atada a un cordón de cuero que Brynach llevaba al cuello, y un cofre lleno de oro y joyas del que sir Dae tomó un hermoso colgante y sir Gracian un anillo de gran valor. Este último también tomó un cáliz de plata sucio y maltrecho con intención de devolverlo a una iglesia.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Recogidas las cosas, volvieron a toda prisa al árbol al que habían llegado en un principio, pero no lo lograron antes del alba. Con la luz del sol vieron un cielo de un azul increíble e infinito, pero ni rastro de la cuerda ni de la caverna ni del pozo. Los dos caballeros, cansados y abatidos, se dejaron caer junto al árbol.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Tras pensar en sus posibles opciones, decidieron volver al campamento trasgo a por víveres, donde tuvieron que vérselas con los trasgos supervivientes, y pasar allí el día, y volver al anochecer esperando que entonces estuviera la cuerda. La noche llegó, el cielo desapareció, la oscuridad se hizo más espesa y los murciélagos grandes como cigüeñas volaban sobre las copas de los árboles pero, de la cuerda, ni rastro.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Estaban desesperados y temiendo no volver nunca a su mundo cuando sir Gracian notó que la empuñadura de la daga de Illia, que llevaba al cuello, presionaba contra su pecho. Tras diversas pruebas, se la quitó y la dejó moverse libremente, sujetando el cordón de cuero. La daga señalaba en una dirección concreta. Los caballeros, esperanzados, la siguieron, llegando a la vereda que habían seguido en sus anteriores aventuras, pero en dirección contraria al campamento trasgo. Pronto, llegaron a una pesada puerta de roble que les cortaba el camino. Sin dudarlo, la abrieron y atravesaron, encontrándose en el patio de la Torre del Roble con la puerta de la casa a sus espaldas.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Era de noche, igual que cuando se fueron. Estaba en ruinas, igual que cuando se fueron. Pero estaba todo cubierto de nieve, hacía un frío invernal que se metía en los huesos y no había ni rastro de los escuderos ni los caballos.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Buscaron refugio entre las ruinas de la casa para esperar a que amaneciera. Con la primera luz del alba y cada vez más helados se pusieron en marcha, intentando orientarse en los campos nevados y llegar a la caballa de lady Illia. Lo consiguieron, ateridos, hambrientos y agotados, y temiendo encontrarse también unas ruinas abandonadas. Pero la cabaña estaba allí y la hermosísima lady Illia también. Los recibió con vino caliente con especias, para entrar en calor, un excelente hidromiel y una cena digna de reyes. Sir Gracian le devolvió la daga y lady Illia les invitó a pasar la noche. Pero solo tenía un jergón de sobra, así que sir Gracian compartió el lecho con ella.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">A la mañana siguiente la cabaña se había convertido en un viejo y abandonado refugio de pastores y no había ni rastro de lady Illia, más allá de los jergones y la calidez que los envolvía y el frasco del antídoto prometido. Deseando terminar tan extraña aventura sir Dae y melancólico y suspiroso sir Gracian, siguieron camino hasta el señorío de lady Meryl.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify">
 </p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Era principios de febrero. Por fortuna, del año 490. Habían estado más de seis meses en el Otro Lado. Sin su ayuda, sir Hywel había muerto y había sido enterrado en el pueblo cercano. Sus escuderos y los demás caballeros los habían buscado durante semanas, antes de volver ya sin esperanzas a sus tierras. Todo esto les contaron lady Meryl y sus maridos, además de ofrecerles su hospitalidad durante el invierno. Cuando el tiempo lo permitió, se llegaron a Nottingham, la ciudad más cercana, donde compraron monturas para poder volver a casa.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Llegaron justo a tiempo: el rey Uther había convocado a sus vasallos. Iban a presentar batalla a Octa y Eosa. Los dos caballeros fueron recibidos con gran regocijo en Sarum, como si volvieran de entre los muertos. Sir Dae regaló el colgante del tesoro del trasgo a lady Adwen. También recitó la historia de sir Gracian, lady Illia y sir Brynach ante la condesa, lady Adwen y el resto de las damas de la corte, con gran éxito. La muchacha cada vez miraba con mejores ojos al caballero y sir Dae, armándose de valor y pese a su baja condición, pidió la mano de la dama al conde Roderick, su tutor.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Este iba a rechazar la petición, pues aunque sir Dae había demostrado ser un gran guerrero pese a su juventud, tampoco podía entregar a una de las joyas del condado a un caballero sin nombre. Pero la condesa intercedió por él, alabando su tacto, su diplomacia y su oratoria, así como su habilidad con las armas y afirmando que el joven podía convertirse en uno de los mejores recursos del condado en los años futuros. Finalmente, el conde aplazó su decisión al otoño siguiente, exhortando a sir Dae a brillar con fuerza en la guerra contra los sajones para decidir el fiel de la balanza.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify">
 </p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Lo que nadie supo entonces fue que la noche que sir Gracian y lady Illia, una auténtica dama del Otro Lado, pasaron juntos dio su fruto los habituales nueve meses después. ¿Cómo afectará eso al futuro? </span></p>
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		<title>Pendragón IV – La feria</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jul 2009 11:14:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pendragón]]></category>

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		<description><![CDATA[En el año de nuestro Señor de 488 el rey Uther llevó la guerra al continente. El pretor Syagrius, que lleva mendigando ayuda contra el rey Claudas de los francos por las distintas cortes de Britania, ha conseguido apoyo del rey Uther. La mitad del ejército, bajo el mando del príncipe Madoc, parte al continente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">En el año de nuestro Señor de 488 el rey Uther llevó la guerra al continente. El pretor Syagrius, que lleva mendigando ayuda contra el rey Claudas de los francos por las distintas cortes de Britania, ha conseguido apoyo del rey Uther. La mitad del ejército, bajo el mando del príncipe Madoc, parte al continente para una corta campaña. Hay muchos que no están de acuerdo con esta aventura, pues el rey Claudas es poderoso y en Britania ya hay enemigos suficientes.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El conde Roderick parte a la campaña llevándose la mitad de sus caballeros y alrededor de un tercio de la infantería. Con él van grandes caballeros, como lord Amig, lord Elad el alguacil o sir Llewelyn el de las carretas. Sir Hywel, caballero abanderado de West Lavington, queda al frente del condado, mientras que sir Elffin de Durnford queda como castellano de Sarum. En el condado quedan los caballeros que participaron en la campaña marítima del príncipe Madoc del año anterior, como sir Dael, sir Gracian y sir Jaradan, para gran disgusto suyo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sin embargo, incluso un aburrido verano de guarnición tiene sus extraños sucesos, como la noche en que desaparecieron lady Adwen y lady Elaine. Lady Rhona, una de las damas de compañía de la condesa Ellen, avisó a sir Gracian de la desaparición de sus compañeras y este y sir Dael salieron a buscarlas. Se encontraron con que la poterna estaba entornada, así que temiendo lo peor, fueron a la ciudad. El rastro lo perdieron pronto, pero había feria y encontraron gente en la plaza del mercado, bebiendo, bailando, intimando… Tras unas cortas indagaciones llegaron a un pajar apartado donde una compañía circense representaba un espectáculo de marionetas y teatro muy… subido de tono. Tras sortear a los forzudos de la compañía encontraron a las dos damas entre balas de paja en las traseras del granero: lady Adwen con cara de hastío y charlando con un mozo y lady Elaine que estaba… bueno, también usaba boca y lengua, aunque no en el arte de la Oratoria.</span></p>
<p><span id="more-327"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sir Gracian y sir Dael llevaron de vuelta al castillo a ambas mujeres, después de echarlas un buen rapapolvo. Sir Dael estaba especialmente cabreado porque estaba prendado de lady Adwen y le hacía la corte, así que conforme volvieron al castillo se retiró a descansar, pero sir Gracian volvió a la fiesta.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">A la noche siguiente, lady Adwen despertó a sir Dael diciéndole que lady Ellen, la condesa, había desaparecido con lady Elaine y otras damas. La fama des espectáculo crecía… Sir Gracian y sir Dael acudieron presto y de incógnito a escoltar a las damas y nada de esto contaron, así que se ganaron el aprecio de lady Ellen y sus damas por su discreción y buen hacer.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sin embargo, el verano estuvo a punto de terminar trágicamente para sir Gracian (bueno, de terminar su vida, más bien) cuando, de patrulla cerca de la carretera a Silchester vieron a hombres de Levcomagus robando ganado. La patrulla de Salisbury, formada por sir Gracian, sir Dael y sir Leo, cargó contra los asaltantes, aunque sir Gracian se sentía totalmente desmoralizado por semejante ataque a su señor (<em>varias pasiones entre 16 y 18 y nunca saca una tirada</em>). Sir Gracian fue muy malherido en la primera carga, pero sir Dael pudo hacer prisionero al jefe de los caballeros de Levcomagus, sir Gneo Postumio Silo, y les obligó a retirarse. Dejó también libre a sir Gneo con la promesa de que haría pago de su rescate en Navidad.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sir Gracian quedó a cargo de la comadrona de la aldea y se debatió durante semanas entre la vida y la muerte. Hasta finales del verano no se había recuperado lo suficiente como para ser trasladado a Sarum, donde lady Rhona le cuidaría durante todo el invierno. Las manos de la comadrona de la aldea eran santas, sin duda, pues sir Gracian se recuperó de las gravísimas heridas sin que le quedaran secuelas. Sir Dael, por su parte, aprovechó el rescate cobrado para hacer un suntuoso regalo a lady Adwen.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sir Roderick volvió del continente tras una corta campaña, con pocas bajas y un buen botín. El pretor Syagrius, enfurecido por lo que consideraba una traición del príncipe Madoc, se enfrentó al rey Claudas ese otoño y fue derrotado. </span></p>
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		<title>Pendragón III – Dael, sir Dael</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Jul 2009 18:45:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pendragón]]></category>

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		<description><![CDATA[La Navidad de 486-487 fue muy movida, ya que el rey Uther con toda su corte vino a Sarum. Por supuesto, también vinieron señores vasallos, condes, duques y barones, que se unieron al habitual jaleo festivo navideño de Sarum. Como resultado, los sargentos fueron enviados a los barracones de la tropa y los caballeros mantenidos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La Navidad de 486-487 fue muy movida, ya que el rey Uther con toda su corte vino a Sarum. Por supuesto, también vinieron señores vasallos, condes, duques y barones, que se unieron al habitual jaleo festivo navideño de Sarum. Como resultado, los sargentos fueron enviados a los barracones de la tropa y los caballeros mantenidos a las estancias de los sargentos. Luego hubo que mover a los sargentos a unos barracones provisionales y a los caballeros mantenidos a los barracones de la tropa. Cuando llegó el príncipe Madoc con su séquito, hombres y caballos, Sarum, ciudad y castillo, estaban a reventar y a los sargentos se les mandó con los soldados, luego les requisaron los barracones para usarlos de establos y los mandaron más allá.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La gran fiesta, que duró horas, con un banquete de múltiples platos y bardos, malabaristas y tragafuegos para alegrar la velada, ha sido tan relatada por los bardos que la voy a resumir: empezó con los regalos habituales de Navidad entre los señores y sus vasallos. El príncipe Madoc trajo el botín de la última campaña contra los sajones y el rey Uther lo repartió con generosidad y también dio un gran feudo a su hijo. A todos sobresaltó y maravilló la llegada de Merlin, que entregó Excalibur al rey, dándole un gran empujón en sus aspiraciones de ser Alto Rey. También contó a lord Roderick como sus hombres lo habían ayudado a conseguir la espada.<br />
</span><br />
<span id="more-295"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Cuando la fiesta llegaba a su fin, con los postres, el vino dulce y los bardos cantando epopeyas de héroes, lord Roderick pidió a sir Gracian y a Dael que contaran sus aventuras con Merlin. Dael, cuyo talento con la palabra le viene de familia, relató lo ocurrido con gran viveza, despertando pasiones entre los oyentes. Tanto, que el rey Uther, viendo que tan gran guerrero no era caballero, quiso nombrarle caballero, lo que lord Roderick se tomó como un insulto, un intento de robarle la cantera a un equipo pequeño. Finalmente, con la intermediación del príncipe Madoc, las aguas volvieron a su cauce y lord Roderick retuvo su derecho a nombrar caballero a Dael, lo que ocurrió al día siguiente. El rey Uther, por su parte, regaló una cota de mallas de gran calidad y una hermosa espada al nuevo caballero, y un rápido caballo de batalla a sir Gracian.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El rey Uther partió en primavera hacia el ducado de Lindsey, al norte de Logres, un vasallo poco fiel. Con él fue el conde Roderick y otros muchos nobles. Sin embargo, sir Gracian, sir Dael, sir Jaradan y otros jóvenes caballeros de Salisbury prefirieron, con el permiso de su señor, unirse a la campaña marítima que estaba organizando el príncipe Madoc. Durante todo el verano atacaron las costas de los reinos sajones, a modo de los propios sajones, para destruir las flotas de los distintos reyes.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El resultado de la campaña para los caballeros de Salisbury no fue para echar cohetes. Sir Gracian, por ser el de mayor Gloria, iba al mando del destacamento, pero se las apañó para que los barrieran en el primer desembarco. Con el grupo más mermado, su comportamiento en el resto de asaltos fue bastante discreto. El odio de sir Gracian hacia los sajones se convertía en miedo cuando se veía rodeado por ellos y sólo la lealtad a su señor y a sus compañeros evitó que corriera a refugiarse en la bodega durante un combate naval.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Al final volvieron a casa cubiertos de heridas, cortes y contusiones y henchidos de Gloria. Excepto los cuatro caballeros que murieron, bien en combate, bien por las heridas sufridas, por el desastroso mando de sir Grncian (a quien algunos ya empezaban a llamar sir des-Gracian) en el primer combate.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Y bien que le hacía falta a sir Dael la Gloria. Ni le habían nombrado caballero cuando había puesto sus ojos y ambición en una de las grandes perlas de Salisbury, la joven lady Adwen.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><em>Y con esto nos ponemos a la par de la campaña. Hasta la próxima.</em></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Pendragón II – La aventura de la espada y el lago</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Jul 2009 10:05:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pendragón]]></category>

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		<description><![CDATA[Un poco de política: en 485 desembarcó un gran contingente sajón en Kent bajo el mando de su rey, un tal Aethelswith. Muchos nobles propusieron a Uther acabar con esta nueva amenaza, pero él siguió con la campaña contra Sussex, el reino de Aelle, que amenazaba las tierras de Windsor y Silchester y sobre el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Un poco de política: en 485 desembarcó un gran contingente sajón en Kent bajo el mando de su rey, un tal Aethelswith. Muchos nobles propusieron a Uther acabar con esta nueva amenaza, pero él siguió con la campaña contra Sussex, el reino de Aelle, que amenazaba las tierras de Windsor y Silchester y sobre el que lord Ulfius, duque de Silchester, tenía grandes ambiciones. Windsor era feudo real y lord Ulfius uno de los principales apoyos de Uther, así que a nadie sorprendió que la campaña contra Sussex siguiera su curso, ignorando a Aethelswith. La campaña contra Sussex terminó en tablas con la batalla de Mearcred Creek, pero el rey Aethelswith le dio candela al ducado de Caercolum, justo al otro lado del estuario del Támesis.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">En 486, con el rey Aelle lamiéndose de sus heridas, el rey Uther pudo hacer más caso a Aethelswith, pero sus señores también estaban recuperándose de Mearcred Creek, así que Caercolum no recibió toda la ayuda que necesitaba. Y menos mal, porque Aethelswith demostró ser un gran estratega y pilló en un renuncio al ejército britano, pasándoselos por la piedra en un plis-plas. Al final, y para que las cosas no se salieran de madre (es decir, para que Aethelswith no se plantara en Londres o en Lincoln), el rey Uther mandó un ejército bajo el mando de lord Brastias que logró frenar a los sajones en una serie de batallas más o menos exitosas, pero sin ninguna victoria clara.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">En este ejército participaron caballeros veteranos de Salisbury, quedando la guarnición del condado encomendada en gran medida a los novatos y a los viejos. Entre los novatos, sir Gracian y Dael que, junto a otro sargento, fueron enviados a reforzar Ebble.<br />
</span><br />
<span id="more-286"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El verano pasó en Ebble sin mucho que hacer. Pese a su cercanía a Sarum, el pequeño valle parecía estar en otro mundo y el cercano bosque pesaba como una losa. El salón de Ebble era pequeño, austero y sin un mal bardo para alegrar las noches. Sir Gracian y Dael pasaron los días vegetando en el castillo, patrullando por el río, cazando en el bosque o recorriendo la carretera a Dorchester hasta el Dique de Bokery. Precisamente en uno de estos viajes a la frontera sur del condado se encontraron a la vera del camino con un viejo ermitaño que les pidió ayuda para ahuyentar una alimaña que le estaba destrozando el huerto. Sir Gracian aceptó ayudarlo y le acompañaron hasta una loma con algunas ruinas dispersas. En ese instante oyeron un rugido y del bosque salió un gigante con tres ojos que los miró furioso. Los dos amigos se volvieron hacia el viejo, que se había sentado en una roca, sacado una bolsita de aperitivos y se preparaba para ver el espectáculo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—¡Eso no es lo que yo entiendo por alimaña! —Exclamó sir Gracian señalando hacia el monstruo, que estaba arrancando un árbol joven.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El gigante inició las hostilidades arrojando el tronco como si fuera una jabalina contra Dael, quien la evitó demostrando su maestría con el caballo. Alimaña o monstruo, había ido demasiado lejos, así que cogieron sus lanzas y cargaron valerosamente. El combate fue difícil, intentando evitar el árbol que el gigante usaba como un gran bate y conseguir atravesar una piel dura como la piedra. Sir Gracian rompió la lanza y siguió con la espada, para ser derribado con todas las costillas destrozadas. Dael tiró también de espada para ayudar a su compañero y, finalmente, logró derribar al monstruo, decapitándolo a continuación.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El viejo se les acercó y miró a Dael, cubierto de la nauseabunda sangre del monstruo, y a sir Gracian, ahogándose en la suya propia y asintió, satisfecho.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—Un gran guerrero y un sparring. Servirá.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Entonces el anciano, que no era otro que Merlin, curó a sir Gracian con su magia y pidió a los guerreros que fueran su escolta, por el bien de su señor, su rey y toda Britania. Ambos aceptaron y lo siguieron a través de un espeso bosque que se movía muy rápido hasta un claro donde dejaron los caballos con el escudero de sir Gracian. De ahí siguieron por un estrecho pasaje entre los árboles hasta la orilla de un lago de aguas cristalinas. Apenas habían llegado a la orilla cuando del bosque salió una extraña criatura verdosa que parecía un jinete a caballo y que portaba dos espadas. La criatura intentó atacar a Merlin, que había llegado al borde del lago, así que los dos amigos le salieron al paso para proteger al mago.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Esta vez sir Gracian repartió buenos golpes, pero también se llevó una buena somanta de palos, siendo derribado con el escudo deshecho, aunque por fortuna sólo con unos arañazos. Fue Dael quien dio el golpe de gracia, partiendo el monstruo en dos. Derrotado el monstruo, vieron como Merlin volvía del lago en una pequeña barca y con una espada envuelta en su capa. También les pareciera ver que un brazo femenino surgido de las aguas era quien había entregado la espada a Merlin.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Merlin les llevó de vuelta a la carretera a Dorchester, donde se encontraron, y allí se despidió de ellos. Los dos amigos siguieron hacían el Dique de Bokery mientras pensaban en lo sucedido y qué hacer a continuación. Durante la vuelta habían preguntado a Merlin por la espada y este les había dicho que era la Espada de la Victoria.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">A la vuelta decidieron tantear el terreno, aprovechando su estancia en Ebble. Averiguaron que los monstruos y criaturas extrañas no eran tan raras en el bosque. También preguntaron por la espada al señor de Ebble y este les contó que era la espada que había llevado el emperador Constantino el Grande y Macsen Wledig, y también Aurelio Ambrosio, el hermano de Uther, todos Altos Reyes de Britania. Viendo que aquello olía a Política con mayúsculas, decidieron callarse su encuentro con Merlin y la aventura de la espada y contar sólo su enfrentamiento con el gigante a su vuelta a Sarum.</span></p>
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		<title>Pendragón I – Mearcred Creek</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jul 2009 14:53:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pendragón]]></category>

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		<description><![CDATA[Por extraños giros del destino, se ha vuelto a formar el tándem Pírixis-Yaltaka, esta vez para jugar la Gran Campaña de Pendragón, a la que tenía verdaderas ganas. Me hubiera gustado tener más jugadores, pero dejar de ser dos (personas) y por fin ser dos (jugadores) es todo un logro en nuestro caso. Como los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Por extraños giros del destino, se ha vuelto a formar el tándem Pírixis-Yaltaka, esta vez para jugar la Gran Campaña de Pendragón, a la que tenía verdaderas ganas. Me hubiera gustado tener más jugadores, pero dejar de ser dos (personas) y por fin ser dos (jugadores) es todo un logro en nuestro caso. Como los findes están vetados y entre semana se curra, hemos optado por partidas cortas cuando sea posible, lo que dará lugar a una campaña irregular y que veremos hasta <em>cuándo</em> llega.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Siguiendo el ejemplo de la <a href="http://frikoteca.blogspot.com/search/label/Pendrag%C3%B3n" target="_blank"><em>Frikoteca</em></a> y mi propia campaña de nephilim, iré contando aquí las desventuras de los personajes, para aburrimiento de ustedes. El otro día hicimos ya los personajes y jugamos una pequeña introducción que, para variar, a punto estuvo de terminar en epílogo. Para crear los personajes usé el <em>Caballeros aventureros</em> en combinación con <em>El joven Arturo</em>, dejando elegir libremente cultura y religión. Las reglas que sigo son las de la 3ª edición (Joc), que es la que tengo. En la Gran Campaña se mencionan religiones extras (variantes del cristianismo, principalmente), pero he pasado olímpicamente de ellas.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Los personajes con los que empieza la campaña son sir Gracian <em>ap</em> Llywelyn y Dael. Sir Gracian es el segundo hijo sir Llywelyn, caballero vasallo del condado de Salisbury. Es de raíces celtas y buen cristiano y todos pensaban que terminaría sirviendo a la Iglesia. Sin embargo, la muerte de su hermana pequeña, Eira, violada y asesinada durante una incursión sajona, le ha llevado a la vida de las armas. Sir Gracian ha sido nombrado caballero durante el invierno, para cubrir bajas, pero ya se las trae a todas de calle, con su largo cabello rubio y sedoso y su agradable voz de tenor. Es todo un contrasentido, pues tan pronto representa el caballero ideal que intenta vender la Iglesia como tira por tierra esa imagen con su exacerbado odio a los sajones o su gusto por los placeres mundanos.<br />
</span><br />
<span id="more-278"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Dael, por su parte, es hijo de un caballero mercenario. Se ha criado en Sarum, aunque a su padre no lo ha visto en años. Realmente, no se preocupaba de su familia, y de sus hermanos mayores ya ni sabía si vivían o no. Sin un padre caballero mantenido al menos y sin un padrino se le hacía muy difícil ser nombrado caballero, así que había dejado de servir como escudero para buscarse la vida como sargento. Con Britania como estaba, trabajo no le faltaba. De momento, seguía en casa, formando parte de la guarnición de Sarum.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">En el verano de 485 el conde Roderick convocó a todos sus vasallos y tropas para unirse al ejército de Uther Pendragón en una campaña contra los sajones de Aelle, rey de Sussex. Para Dael era ya su segunda campaña y sir Gracian estaba entusiasmado, pues iba a ser su primera. Su escudero, el herrero y el maestro de caballos estaban ya hasta el gorro del ímpetu del joven caballero. Sin embargo, la noche antes de que la mesnada de Salisbury se pusiera en marcha, sir Llywelin le dijo a sir Gracian que formaría parte de su grupo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Sir Llywelyn de las carretas, como era conocido, pasaba ya de los sesenta años. Era delgado como una vara, arrugado como una pasa, curtido por el viento y el sol y con un pelo plateado que le caía sobre los hombros. Tras la muerte de su hija había dejado su señorío a su primogénito, sir Gwyn y se había retirado a un monasterio. Sin embargo, el conde Roderick le había hecho llamar y le había otorgado unas generosas rentas. La razón había que buscarla en su sobrenombre, el Caballero de las carretas: Llywelyn era un hacha organizando y protegiendo la comitiva de suministros. Así que, para gran cabreo de sir Gracian, su primera campaña la iba a pasar en retaguardia mientras su hermano masacraba sajones en el frente.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">El viaje fue tranquilo. La comitiva de suministros de Salisbury incluía los boyeros que conducían las carretas, sir Llywelyn, sir Gracian, seis sargentos a caballo, incluyendo a Dael, y una docena de infantes. Pronto se mezclaron con el resto de caravanas de suministros de los otros señores, así como con los buhoneros, mercaderes y putas que acompañan a cualquier ejército. Un día, los exploradores localizaron al ejército de Aelle cerca de Mearcred Creek. Acamparon y al amanecer toda la hueste de Uther partió al campo de batalla.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">¿Toda? No, atrás quedaron el grupo de Llywelyn y varios soldados de otros señores protegiendo los suministros. A ellos llegaba el sonido de la batalla, pero los soldados, veteranos de otras campañas en retaguardia, lo ignoraban y mataban el tiempo jugando a los dados y pensando por dónde huir si los sajones vencían. Sólo sir Gracian, anhelante, estaba subido en lo alto de uno de los carromatos intentando ver algo. Precisamente fue él quien vio a una banda de sajones que salía de un bosque cercano: ¡una emboscada! De repente, el trabajo de retaguardia se convirtió en trabajo de vanguardia.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Llywelyn dio órdenes sin dudar. Reunió a su caballero y sus sargentos para organizar una carga, mandó mensajeros a la batalla, mandó llamar a los soldados de los otros señores que vagabundeaban por el campamento y ordenó a los civiles que se largaran cagando leches. Los sajones eran muchos, un ataque por sorpresa por la espalda con la esperanza de desbandar al ejército britano y sobre los hombros de sir Llywelyn de las carretas y sus hombres estaba el aguantar hasta que llegasen los refuerzos.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Sir Llywelyn logró lanzar dos cargas que hicieron gran daño entre los sajones antes de verse rodeado por estos. Por fortuna, los soldados de infantería llegaron en su apoyo y todo degeneró en un combate a cara de perro donde los britanos, menores en número, tenían las de perder. Sir Gracian hizo buen trabajo con la lanza, pero cuando se vio rodeado de sajones le pudo el pánico: estaba convencido de que terminaría como su hermana (<em>16 en Odio a los sajones, y falla la tirada</em>). A duras penas supo protegerse de los golpes sajones hasta que un hachazo destrozó escudo y brazo y lo mandó al suelo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Y allí habría muerto de no ser por la intervención de Dael, que ahuyentó a los sajones, dando tiempo al asustado escudero de sir Gracian para que recogiera a su caballero y lo arrastrase a los carros. A tres sajones derrotó con la espada Dael ese día y su hazaña salvando a sir Gracian llegó a oídos del propio conde Roderick.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Las tropas de Uther llegaron pronto, salvando a sir Llywelyn y los suyos y poniendo en fuga a los sajones. Sin embargo, este ataque traicionero les obligó a retirarse del campo de batalla. Por su parte, Aelle, fracasado su ataque sorpresa, también tuvo que retirarse, siendo Mearcred Creek una batalla sin consecuencias, más allá de los muertos y heridos.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">En cuanto a sir Gracian, fue mandado de vuelta a casa con los heridos, escoltado por Dael. Los dos se hicieron amigos (teniendo en cuenta la diferencia de clases) tras esta batalla, y durante el invierno era habitual verlos entrenar juntos en Sarum. El brazo de sir Gracian no recuperó toda su movilidad, pero como era el del escudo, tampoco era tan importante.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;"><strong>Los personajes en 585.</strong><br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;"><strong>Sir Gracian</strong>, caballero mantenido, celta cristiano, 21 años.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Características: TAM 16; DES 15; FUE 14; CON 17; APA 15<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Rasgos y pasiones destacados: Clemente, 17; Enérgico 15; Frugal 19; Indulgente 16; Arbitrario, 15; Modesto, 17; Valiente, 17. Es caballeroso. Lealtad al señor (conde Roderick), 18; Hospitalidad, 16; Odio a los sajones, 16.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Habilidades: Equitación y Espada, 15. Percepción, 11; Reconocer, 10.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;"><strong>Dael</strong>, sargento, celta pagano, 21 años.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Características: TAM 18; DES 14; FUE 15; CON 16; ASP 16 (<em>eso son 6d6 de daño)</em><br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Rasgos y pasiones destacados: Cruel, 15; Enérgico, 16; Generoso, 16; Honesto, 16; Orgulloso, 16; Valiente, 16.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Habilidades: Espada, 15; Oratoria, 13.<br />
</span></p>
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