El desafío de los 30 días — Mi derrota

Bueno, ya acabó el Desafío de los 30 días de este año. Mi enhorabuena a los participantes. Aún no he podido leerme todas las entradas, pero hay material muy interesante. No, a mí no me miren: me retiré en la 5ª pregunta. Probé a tomarme un par de días (tenía que preparar partida) y ver cómo evolucionaban las preguntas, pero, luego, viendo el camino que seguían, decidí dejárselo a quienes tienen talento para estas cosas.

Verán, mi capacidad creativa es escasa, soy más de coger algo y modificarlo y adaptarlo que de crear de la nada. Vale, podemos pensar que en fantasía medieval, tema del desafío, está todo más o menos dicho (como en el western) y que no se trata tanto de contar algo original como de contarlo bien. Además, yo soy de desarrollar ambientaciones más o menos trabajadas para mis campañas. Puede pensarse que, por esto, el desafío me favorecía, pero su planteamiento me resultó demasiado abstracto. Y, conforme avanzaba, se convertía en algo inverso a como yo desarrollo mis ambientaciones. Digamos que de empezar el desafío en la pregunta 28, me habría sido más fácil. O si hubieran estado más escalonadas las preguntas, porque las últimas de tomar material de los otros participantes tenían muy buena pinta, habría podido intentar algo (menos con las tablas de rumores, eso sí que es superior a mis fuerzas).

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El desafío de los 30 días 2015 — Pregunta cinco

Pregunta 5: En la pregunta 2 comentamos que Highdell es un pueblo situado cerca de montañas, rodeado de bosques, no muy lejos del mar y con un camino que lo atraviesa. Eso es, más o menos, como todos los pueblos de fantasía medieval que conoces, hasta que alguien que viene pregunta en otros pueblos cercanos. “¿Highdell?, si. Sigue este camino y lo encontrarás, a unos tres días, tras pasar por…” ¿Qué localización geográfica se encuentra cerca de Highdell y que le hace reconocible?

Oh, ¡venga ya! Lo estoy viendo. Saluda el aventurero a los cocheros de la diligencia en la parada de postas y pregunta:

—¿Puede indicarme el camino a Highdell?

—Highdell, ¿eh? Está a unas 5 millas, quizá más. ¿Ve usted aquel camino de allí?

—Sí.

—Pues olvídese de él. No le sirve de nada. El mejor camino a Highdell, yo lo he recorrido muchas veces…

—¡Ah!, usted quiere ir a Highdell, ¿no? Déjeme a mí, señor Maloney, yo orientaré a este forastero. ¿Conoce usted el camino a Knoghenor?

—¿Knoghenor? Si conociese el camino a Knoghenor, no preguntaría por Highdell, que está detrás.

—Hay muchos que conocen Knoghenor y no conocen Highdell. Y si se molestase un poco en estudiar la historia de su propio país, sería el primero en reconocerlo.

—¿Por qué mandan a este pobre caballero a Knoghenor, si allí se acabó toda la caza? Veamos, aventurero, ¿qué es lo que busca: orco o goblin?

—Sólo trato de llegar a Highdell.

—Ah, eso es otra cosa. Allí están los orcos más salvajes del país.

—Estoy de acuerdo contigo.

—Huargos, huargos como mis bueyes. Y trolls. Creí que iba a salir un hobbit del saco del último que cacé. Puedo jurarlo. Le acompañaría con mucho gusto, pero tengo que guiar la caravana. ¿Os he contado lo del huargo que cacé hace un mes?

—¿En Highdell?

—No, hombre, ¿qué dice usted? En Orthanc, en la otra punta del país.

—Edward, el hijo de mi hermana Sara, el tercero, ahora vive en Highdell. Para él sería un gran honor poder enseñarle el camino.

—Encantado.

—Bueno, verá… ¡si estuviese aquí!

—¿Seguro que quiere ir a Highdell?

En serio, la pregunta me ha matao.

El desafío de los 30 días 2015 — Cuarta pregunta

Pregunta 4: En todo mundo de fantasía medieval existen grandes dioses, gigantescos poderes que enfrentan a sus seguidores, unos contra otros, que los envían a grandes gestas, los utilizan en sus maquinaciones, y los empujan a guerras con y sin sentido. Todos han oído hablar de esas grandes entidades. Los Valar del Señor de los Anillos. Los desaparecidos y retornados dioses de la Dragonlance. Los poderes del Caos de Elric. E incluso en la historia antigua tenemos a los dioses romanos, griegos, persas, aztecas, etc, etc. Pero no vamos a acordarnos de ellos. Hoy es día para acordarse de esos dioses menores, esos pequeños poderes, tan extraños como desconocidos, cuyas aspiraciones son tan ignotas como son sus avatares. Elige o inventa a uno de esos dioses y descríbelo.

Pues igual podía haberme ahorrado la entrada de ayer y haber hecho un 2×1 :D.

Benne Pedart es el dios de Kepsa, el lar del lugar. Pequeño y etéreo, corretea por el complejo protegiéndolo de los peligros del exterior (ladrones, ratones…). Los huéspedes más sensibles a lo sobrenatural a veces lo ven, confundiéndolo con un gnomo o un pixie. Tiene un altar junto a la entrada donde recoge las ofrendas más grandes (le encantan los pastelillos de crema de la patrona). También se mete entre las mesas para recibir las gotas que se derraman en su honor en cada brindis.

Odia a Rovvan, el dios-río porque mata a los huéspedes de su hogar que no dejan ofrenda en el altar del embarcadero, pero con el resto de dioses se lleva bien. Rara es la caravana que no lleva un altar portátil o el clérigo que viaja sin su símbolo sagrado, así que Benne Pedart habla con todos, se mantiene al día, hace los favores que puede y luego los pide de vuelta.

Porque Benne Pedart se preocupa por los huéspedes que pasan por Kepsa. Atiende a sus ruegos, aunque sean pocos (“Oh, dios, que la cama no tenga chinches y el agua del baño esté caliente” o “Por favor, por favor, por favor, que el demonio de fuego y las hordas de orcos de la mina maldita del enano no entren aquí”) y gusta de seguirles la pista. Se alegra por las bodas y el nacimiento de los hijos y se entristece por la muerte de los padres y abuelos. Anota todo lo que averigua de los huéspedes en libros que guarda en su semiplano, aunque los últimos volúmenes los está guardando en el desván por falta de espacio.

Lo que más le gusta es conseguir que viejos conocidos se reencuentren en Kepsa. Para eso usa todos sus contactos, todos los favores debidos. Amigos, amantes, viejos enemigos… Para él no hay nada como ver morir a un hombre en brazos de su amada tras un espectacular duelo con su enemigo jurado, mientras éste llora recordando el tiempo en que fueron los mejores amigos del mundo. Todo, mientras saborea un pastelillo.

El desafío de los 30 días 2015 — Tercera pregunta

Pregunta 3: Ayer describiste un local/edificio situado en el pueblo de Highdell. Un local que considerarse importante por alguna razón, bien para el pueblo, bien para los aventureros que se pasan por el mismo con el objetivo de conseguir algo. Sin embargo, ese local/edificio adicional que hace que sea notable. Y es que de vez en cuando se pasea, va o le pertenece a un personaje por todos conocido. O no. ¿Quién es dicho personaje?

Esto empieza a parecerse a la superpregunta de El tiempo es oro.

Hay un viejo en Kepsa. No dentro del complejo, pues nunca entra, pero sí en la explanada donde paran los carros, o en la herrería donde los reparan, o alrededor del transbordador o, sobre todo, en la taberna del otro lado. Es de edad indefinida, nariz ancha y roja y rostro desfigurado por una horrible herida. Fuego o ácido o algo peor. La forma de andar, sin doblar la rodilla izquierda, con el brazo siempre bajo el mugriento capote, descubre que la herida no se reduce a la cara. Todo él huele a alcohol y miel y su habla es pastosa y chapoteante. Responde al nombre de Rovio Vanerhem, aunque casi todo el mundo lo llama “puto borracho”.

Vive mendigando monedas y se dice que roba las ofrendas que los viajeros dejan en el altar junto al embarcadero. Esto es injusto, pues, aunque toma las ofrendas, en realidad no las roba: el altar es suyo. Su verdadero nombre es Rovvan, el dios-río. Le gustaba jugar con los grandes y perdió su puesto ahogado por las deudas. Ahora sólo rige sobre el transbordador. Atesora las ofrendas (y mata a los que no dejan una suficiente) para pagar sus deudas y recuperar su posición. O eso dice él. En realidad, se lo gasta todo en néctar y ambrosía en el puesto de las hadas del bosque. O con orujo barato en la taberna, cuando no hay gemas de valor en las ofrendas y ha de conformarse con monedas.

El desafío de los 30 días 2015 – Segunda pregunta

¿Pero qué pregunta es ésta?

Pregunta 2: Imagina un pueblo al que vamos a llamar… Homlet. No, Homlet sería demasiado obvio. Vamos a llamarle Highdell. Highdell es un pueblo que llega casi a la categoría de ciudad, si no fuera porque todos sus habitantes siguen llamándole “el pueblo de Highdell”. Esta rodeado de montañas, sin encontrarse en un sitio escarpado. Esta cerca del mar, sin tener puerto. Y lo atraviesa un camino comercial, sin ser una ciudad destino. En ese pueblo-ciudad, en el que de vez en cuando descansan grupos de aventureros, existen numerosos locales que les resultan interesantes, tanto a los habitantes como a los propios aventureros, aunque estos vayan de paso. ¿Qué local/edificio es el que está pasando por tu mente?

Highdell no sería más que un villorrio en mitad de ninguna parte si no fuera por el transbordador que cruza el Rovvan. Una balsa grande, robusta, guidada por una gruesa maroma y con capacidad para cuatro carromatos. Tres generaciones de barqueros se han enriquecido con el transbordador, ampliando sus instalaciones: una pequeña y vieja taberna en la orilla derecha, un gran complejo hostelero en la izquierda, con buenas habitaciones, casa de baños, caballerizas de primera, herrería, una explanada para los carromatos con guardia privada (se han producido robos)… Todos los servicios que pueda precisar una caravana, pequeña o grande. La llaman Kepsa.

Los servicios de la Kepsa y el pasaje del transbordador no son caros, pero hay un altar en la orilla derecha, junto al embarcadero. Es un pequeño templete de piedra gris con tejado a dos aguas, de casi dos metros de alto y unos setenta centímetros de lado. No se sabe a qué dios está dedicado, pues la talla que hay en su interior está siempre cubierta por un velo. Es tradición que los viajeros que cruzan el Rovvan dejen aquí una ofrenda proporcional al valor de lo que llevan consigo (más o menos, una vigésima parte). Se dice que quien no deja ofrenda o es muy cicatero muere antes de tres días.

Los viajeros creen que es un invento de los barqueros para cobrar más por sus servicios, pero todos tienen a un amigo que conoció a un tipo que apareció muerto con los pulmones llenos de agua tres días después de cruzar sin dejar ofrenda…

El desafío de los 30 días 2015 — Primera pregunta

Tercera edición de este curioso ejercicio que propone Kano desde Tragotauro y segundo año en el que me sumo: treinta días, treinta preguntas, treinta entradas de blog y la gente en Google+ quejándose de la invasión de entradas y comentarios, que tapan el crowdfunding y el flame de la semana. Aunque este año ha cambiado las reglas y ahora no se conocen las preguntas con antelación, así que igual al final me arrepiento, pero, ¿quién dijo miedo?

Pregunta 1: ¿En qué momento de tu experiencia rolera medieval-fantástica alucinaste con el giro de los acontecimientos?

Primer problema: “medieval-fantástico” se refiere, principalmente, a (A/O)D&D y juegos afines, quizás incluso MERP/Rolemaster. Pero Runequest-Glorantha es antiguo-fantástico, más bien; Akelarre, histórico medieval-fantástico; Ánima, renacentista scify-fantástico; Pendragón es Pendragón… Supongo que meterme en un desafío que tiene de tema la fantasía medieval no siendo amante del abuelo de los juegos de rol y su parentela directa no ha sido muy inteligente por mi parte.

Segundo problema: yo soy máster, no jugador. Y el máster no puede verse sorprendido por el giro argumental de su historia, ¿no?

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El desafío de los 30 días — Día 29 ¿Cuántos dados tienes?

Pues, dados míos, lo que se dice míos, pocos. Es decir, tengo dados de 4, 6, 8 y 12 según necesidades (un puñado de d6 que compré cuando dirigía a Piratas!!, por aquello del daño, un trío verde-rojo-gris que compré para The Babylon Project), pero son dados “del fondo”, donde los coge quien los necesite cuando los necesite. Los míos son estos:

  • El trío rojo-morado-verde los compré en el 95, no recuerdo si en Arte-9 o en Gen-x de Moncloa-Argüelles. Junto con uno negro liso que ya tenía, formaron mis dos d100 durante una buena temporada, siendo el rojo-negro el dado titular. Por desgracia, perdí el negro y el d100 titular pasó a ser el rojo-morado. Esos dos dados son los que uso en otros juegos que usen d10, como Cyberpunk, Piratas!! o (acompañados), juegos con sistema Sombra.
  • Cuando empecé a dirigir a Ánima me encontré con que el par rojo-morado se había acostumbrado tanto a BRP (Nephilim, Runequest y derivados) que no rendía bien, así que me compré otro d100, el negro/dorado-púrpura/dorado. Los números son un coñazo de ver, pero les he cogido mucho cariño.

Estos son mis dos dados de 100, que jamás se mezclan y jamás se prestan. Y, sí, con los dados de 10 y de 100 soy muy maniático.

  • Dados de 20 tengo dos: uno azul-gema que es para Pendragón y uno gris-mármol que es para D&D.

Los dados ajenos: además de mis dados y de los dados del fondo común, tengo dos d100 que no son míos. Son para uso de otros jugadores. El verde que mencionaba antes y uno trasparente forman uno de los dados; dos dados gema, uno marrón y otro morado, el segundo. Esto viene de los tiempos de mi campaña de Nephilim Los Guardianes del Grial, en la que tenía a dos jugadoras novatas (Nephilim fue su primer juego de rol) y les tuve que prestar dados. El transparente no sé de dónde salió y el par marrón-morado lo compré ya en Badajoz. Son dados que llevo por si algún otro jugador está sin dados, pero que yo jamás uso. Hace unos meses empecé como jugador una campaña de Stormbringer y quise recuperar el par morado-verde, pero tras media hora revolviéndome incómodo en mi silla, entendí que, por mucho que me doliera, el verde ya no es mío y volví al rojo-morado.

Y, colorín, colorado, este desafío se ha acabado. La última pregunta, proponer una para el siguiente desafío, no la voy a contestar porque no se me ocurre ninguna. Cuando tenga un rato prepararé una entrada con mis reflexiones sobre el desafío y lo que ha dado de sí y cerraré este ajetreado mes de noviembre.

Un saludo a todos, todos.