Las herramientas del máster son infinitas
Posted in Cuentos viejos, Nephilim on 08/13/2010 11:46 pm by CubanoY algunas veces te preguntas qué reacción va a provocar la que has decidido usar y si no vas a meter la pata hasta el corvejón. Eso me pasó a mí hace eones, allá donde moran los dragones. Tras una divertidísima partida de Piratas que dirigí en la Semana Cultural, una de las jugadoras había decidido que merecía darse el paseo de su facultad a nuestra escuela para buscar alguna partida. Y terminó en mi primera campaña de Nephilim. Tras cierto número de partidas, tenía claro que había un problema con ella. Era muy pasiva y no aportaba nada a la campaña y todos mis intentos de involucrarla más (a ella y a su personaje) en la trama habían fracasado. En ese momento yo tenía cuatro jugadores y tenía alguno más que quería jugar. No hacía mucho del desastre de París (primera versión), que se llevó a Cuervo y a Pímer, que cayeron donde pensé que lo harían y sin tener que forzar, para nada, la situación, y me preguntaba si tocaría hacer otra limpia del grupo.
En esas, jugando una aventura de relleno donde Ailbarán (fénix, pyrim), emisario de Arturo, y sus acompañantes habían ido como parlamentarios ante el bretwalda sajón, se me presentó una oportunidad de oro para meterla en la campaña o perderla, directamente.
Había habido un banquete de bienvenida, un banquete sajón. Que lo desarrollé como un banquete vikingo, pero a lo bestia. Aprovechando el ruido de los escaldos y los gritos de los borrachos y algunas mujeres, parte del grupo había decidido darse una vuelta por los aposentos del mago del bretwalda, un nephilim como ellos. Para su excursión usaron las habituales sombras, los espíritus del bosque de basalto. Sin decirle nada al resto, claro. Así, descoordinados, vieron a través de las sombras como alguien se acercaba y las ordenaron entonar sus siniestros y terroríficos cantos. Quien se acercaba era el personaje de esta jugadora, Elnos el silfo, Liena la doncella del lago en su identidad humana, que iba en su busca. Y se comió las sombras, Aquellos que murmuran, los espíritus del bosque de basalto. O, mejor dicho, ellas se la comieron, porque las tiradas de resistencia fueron un fracaso absoluto y Elnos, encarnado en una hermosa y menuda muchacha britana de 15 ó 16 años, huyó gritando de terror por los pasillos oscuros de una fortaleza sajona llena de sajones borrachos.
Era una oportunidad demasiado buena para desaprovecharla. Y se dio de bruces con unos sajones al doblar una esquina. Y le pasé una nota a la jugadora.