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	<title>Cuberterías de Albacete, I&#38;E &#187; Ánima</title>
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		<title>La verdad sobre los Caminantes de la Muerte</title>
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		<pubDate>Sat, 05 May 2012 11:30:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hubo una vez una gran ciudad en el desierto, una civilización sin igual. Tan majestuosas eran sus calles, tan sabios sus habitantes, que los dioses paseaban por ella con sorpresa y agrado. Pero el orgullo y el egoísmo les llevó a sacrificarlo todo en pos de un sueño de locura, el Momento Eterno: la búsqueda [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Hubo una vez una gran ciudad en el desierto, una civilización sin igual. Tan majestuosas eran sus calles, tan sabios sus habitantes, que los dioses paseaban por ella con sorpresa y agrado. Pero el orgullo y el egoísmo les llevó a sacrificarlo todo en pos de un sueño de locura, el Momento Eterno: la búsqueda de su propia eternidad. Algo innatural, terrorífico, un terrible insulto a los ojos de los hombres y los dioses. Tan grave que la suerte de la ciudad y sus habitantes, sus logros, su cultura, su ciencia, han sido olvidados, repudiados por la memoria de las gentes. Los pocos que conocen algo de esta historia la llaman, sencillamente, la Metrópolis Olvidada, y la consideran, las más de las veces, un mito sin raíces reales.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">No todos los habitantes de la Metrópolis Olvidada estuvieron de acuerdo con crear el Momento Eterno. Aquellos más abiertos al exterior, como comerciantes y ganaderos, muchos de ellos relacionados con los primeros habitantes del desierto, abandonaron la ciudad. Con ellos fueron algunos &#8220;urbanitas&#8221;, conocedores de los secretos de la urbe: magos, sabios, funcionarios…<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Estos exiliados de la ciudad dieron origen a cuatro de las tribus del desierto de Salazar: los Baal, los Saada, los Haggar y los Harumai. Tuvieron una época de gran esplendor tras la desaparición de la Metrópolis, pero las guerras, la llegada de nuevas tribus (del Kushistán, de Estigia, de Kashmir y de Baho) y catástrofes naturales, como el despertar de Gurmah-Gharus) los relegaron a lo que son ahora: tribus en decadencia apegadas a antiguas tradiciones.</span></p>
<p><span id="more-1563"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Entre los exiliados hubo algunos que resultaron afectados por el Momento Eterno. Ligados a la esencia de Ulrioka Yama (quizás por ser descendientes de los devaneos de algún avatar suyo con mortales, ¡quién sabe!), sintieron el impulso irrefrenable de romper el Momento Eterno. Liderando a los nostálgicos de la vida cómoda de la ciudad, intentaron volver a ella.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Entre los exiliados también hubo quien vio que destruir el Momento Eterno sería algo más antinatural que su creación, algo que podría incluso destruir el mundo entero. Aquello degeneró rápidamente en una guerra civil que acabó con la derrota de los partidarios de volver a la ciudad. Sin embargo, también dejó unas profundas heridas en los supervivientes que llevarían a la división en las cuatro tribus.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Los últimos magos y sabios consideraron que sus conocimientos eran demasiado peligrosos para el mundo que ahora debían morar, pero que tampoco podían olvidarlos por si el enemigo recién derrotado volvía o aparecían otros que ansiasen los tesoros de la Ciudad Olvidada. Por ello, dividieron su saber entre lo que podían comunicar y lo que no. Algunos permanecieron entre su pueblo para ayudarlos con lo primero, como sacerdotes y chamanes. El resto formaría una sociedad monástica apartada de todos, los Caminantes de la Muerte. Con el tiempo, serían más monjes y menos magos, más volcados en su devoción y defensa de Ulrioka Yama y de su pueblo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El enemigo volvería a aparecer. Los tocados por Ulrioka Yama supervivientes se encontraron fuera del ciclo de la vida y de la muerte. De cuando en cuando, uno o varios de ellos intentaba alcanzar la ciudad. La vez que más cerca estuvieron fue cuando tentaron a los Harumai, lo que les llevó a perder su humanidad. No se quedaron en Salazar: sus manipulaciones llegaron a tribus del Kushistán y de Estigia.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Los Caminantes de la Muerte han ido perdiendo poder con el tiempo. La memoria del hombre es corta, frágiles sus conocimientos, quebradizas sus creencias. Cada vez hay menos fieles de la Antigua Religión, cada vez ellos mismos creen menos en que su historia sea historia y no mito. Y el mal se infiltró en ellos cuando el Viejo Enemigo despertó una vez más, quizás por la infausta expedición Reed.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Y ocurrió lo impensable: cambiaron de bando. Guiados por Maysar, el más sabio entre ellos, los Caminantes de la Muerte sirvieron a aquél a quien debían combatir.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Todos salvo uno: Gaya, el tío de Rashid, el último entre los suyos.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Así se lo contó en los calabozos de Fort Nakhti el día de Año Nuevo del calendario cristiano.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">(Tampoco es que fuera él el último: en su oculta morada quedaban los ancianos y los novicios, y quizás en algún perdido rincón del desierto quedara algún Caminante olvidado por todos y dado por muerto, que tampoco era extraño que pasaran años sin verse entre ellos).</span></p>
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		<title>La expedición Reed</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Apr 2012 09:36:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ánima]]></category>
		<category><![CDATA[Fort Nakhti]]></category>

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		<description><![CDATA[Los desiertos de Salazar son reacios a revelar sus secretos. Si bien los mercaderes de Gabriel parecen no tener problemas en conseguir las preciadas plumas del Oasis de las Aves, las expediciones científicas se ven abocadas a un destino más incierto. De la expedición Lunzberg, dos de sus miembros estaban oficialmente muertos (por dos veces), [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Los desiertos de Salazar son reacios a revelar sus secretos. Si bien los mercaderes de Gabriel parecen no tener problemas en conseguir las preciadas plumas del Oasis de las Aves, las expediciones científicas se ven abocadas a un destino más incierto. De la expedición Lunzberg, dos de sus miembros estaban oficialmente muertos (por dos veces), Nordim y Ström, y por el pellejo del resto nadie daba una pieza de cobre. La expedición Jones no había corrido mejor suerte: tras sufrir un ataque de una partida saada, sólo la suerte de Sassa y su criada Mira nos es conocida.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El día uno de enero de 989, en la sala de oficiales del destrozado Fuerte Nakhti, se habló del destino de otra expedición, treinta años atrás, que parecía ser el origen de las extrañas aventuras vividas en el fuerte en las últimas semanas.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La expedición Reed estuvo formada por la habitual mezcla de profesores universitarios, alumnos de postgrado y aventureros de medio pelo. Con la misión de cartografiar y explorar cierto sector al norte de Fuerte Nakhti que hasta los nativos eludían, contó con el apoyo del ejército imperial en forma de una escolta comandada por el joven teniente Deschamps. Encontraron y cartografiaron parcialmente un árido macizo rocoso cruzado por un laberíntico sistema de desfiladeros y cañones.<br />
</span></p>
<p><span id="more-1526"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Y en el centro, una gran explanada, como un cráter. Y en su centro, un túmulo. Y en el túmulo, una tumba. Reed, su ayudante, un joven estudiante llamado Grezbuln, y el teniente Deschamps entraron en la tumba. Cuando sus compañeros, preocupados por su tardanza, fueron a por ellos, sólo lograron sacar con vida a Grezbuln y al teniente, ambos inconscientes. Reed estaba muerto y el soldado que intentó llegar hasta él también murió. Los encontraron en una amplia cámara cuyo suelo, salvo una estrecha franja junto a las paredes, estaba cubierto por baldosas de distintos colores. Reed era el único que estaba en las baldosas y el soldado murió al pisar en ellas.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Deschamps salió de la cámara muy enfermo. Grezbuln también enfermó, aunque de forma más leve. Y pronto les seguirían todos los que habían bajado a socorrerlos, así que recogieron el campamento y volvieron rápidamente al fuerte.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El doctor entró en nuestra historia poco después. Formaba parte del relevo de la guarnición de Fuerte Nakhti, como nuevo oficial al mando. En Fuerte Blanco, en el <em>limes</em> estigio, se encontró con la escolta que Fuerte Nakhti había dado a la expedición Reed, que volvía a casa. Uno de los soldados había muerto de una extraña y fulminante enfermedad. De boca de sus compañeros supo la historia de la tumba y que el soldado fallecido era uno de los que habían bajado a la misma. Es más, parte de la escolta había tenido que quedarse en el oasis de Ain Asil, a medio camino, porque otro de los soldados, el cabo Flanagan, había caído igualmente enfermo. El doctor, todo un coronel de la Orden del Cielo destinado allí hasta que se olvidara cierto asuntillo que no viene al caso en esta historia, comprendió que la enfermedad no era natural. Que Flanagan se recuperase milagrosamente en cuanto volviera a adentrarse en Salazar sólo confirmó sus sospechas.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">En cuanto tomara el mando del fuerte, puso en cuarentena al teniente Deschamps y todos los soldados que pisaron la tumba, prohibiéndoles abandonar el fuerte. A continuación, visitó la tumba para intentar conocer el mal al que se enfrentaba, sin resultado. Iría luego al sur, hasta el hogar de los Caminantes de la Muerte, en busca de respuestas y una cura, pero sin mucho éxito. También recurrió a sus contactos, con el mismo resultado: fuera cual fuera el origen de la extraña enfermedad o maldición, no había cura. Sus síntomas eran fiebres intermitentes, pesadillas y la muerte segura si intentaban abandonar Salazar.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El doctor usó toda su influencia para garantizar que ni él ni el resto de infectados fuesen obligados a abandonar el desierto. Con el tiempo, renunciaría a su empleo militar, quedando como simple médico militar y dejando el mando del fuerte en las manos de Deschamps, el que más tiempo pasó en la cripta y el que en peor estado se encuentra, empeorando ostensiblemente en el último año y medio. Aparte de ellos dos, los sargentos Flanagan y O Flaherty son los únicos supervivientes de los militares que bajaron a la cripta. Condenados a permanecer en el fuerte mientras el resto de sus compañeros vuelven a la civilización relevo tras relevo.</span></p>
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		<title>Nochevieja, llamas y sombras</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Apr 2012 07:52:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Fort Nakhti]]></category>

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		<description><![CDATA[La actividad frenética en Fort Nakhti inequívocamente ligada a la habitual y famosa fiesta de Nochevieja fue el telón de fondo del problema localizativo de Du Pont que vimos el otro día. Más o menos a la vez que él revisaba los registros del fuerte de los últimos trescientos años e interrogaba a los dos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La actividad frenética en Fort Nakhti inequívocamente ligada a la habitual y famosa fiesta de Nochevieja fue el telón de fondo del problema <a href="http://cda-ie.es/2011/11/10/cuentos-viejos-norte-y-sur/"><em>localizativo</em></a> de Du Pont que vimos el otro día. Más o menos a la vez que él revisaba los registros del fuerte de los últimos trescientos años e interrogaba a los dos viejos sargentos, el padre Rupert, capellán castrense, ex-agente inquisitorial y convocador medio potable, con ayuda de ciertas hierbas, brebajes y pentáculos protectores, revisaba el grimorio demonólogo que nuestros héroes habían traído de su aventura con <a href="http://cda-ie.es/2011/08/19/una-de-fantasmas/">los fantasmas</a>. Tenían el convencimiento de que un <em>algo</em> había quedado libre cuando Nordim y Ström rompieron los sellos y que ese <em>algo</em> era el responsable de <a href="http://cda-ie.es/2011/12/24/nochebuena-conac-y-gusanos/">las huellas calcinadas</a> que, erráticamente, avanzaban hacia el fuerte.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Razón no les faltaba: el chaval de las llamas eternas había sido un devah sin temor de Dios (de ninguno) al que la demonología no se le había dado demasiado bien. El ignis, demonio de fuego con muy mala leche resultante, buscaba ahora lo único que podía tanto causarle problemas como valerle un ascenso. Así, Nochevieja sorprendió a Du Pont, Rashid, Hodor, Sassa y al padre Rupert en la nueva plataforma de madera construida por el teniente Alonso, los tres primeros tras una pieza de a ocho cargada de metralla mientras seguían con la vista un fuego fatuo crecido que se acercaba haciendo eses por el lado del oasis.</span></p>
<p><span id="more-1513"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El partido se complicó porque resultó ser un triangular simultáneo: Gaya, el tío de Rashid perteneciente a los Caminantes de la Muerte y dueño de las huellas en la salina, buscaba por sus propios motivos el grimorio y al demonio y había decidido sumarse a la fiesta. Un rayo oscuro que derribó al padre Rupert dio inicio a un partido enloquecido donde el demonio se estampó contra la muralla al saltar a la plataforma, Du Pont se tiró murallas abajo intentando pillar el libro, pero la telequinética Sassa se le adelantó.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">¡La sombra número uno salió de la nada y cogió el libro, pero fue pateada hasta la muerte! Y el libro, que vuelve a bailar como un balón de bloodbowl. Gaya lo intenta a distancia; el demonio salta a por el libro pero recibe una somanta de palos de la sombra número 2 que lo deja medio muerto; Sassa vuelve a agarrar el libro y Gaya lo soluciona con un nuevo rayo que atraviesa limpiamente el inútil escudo telequinético de la chica.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Y el libro vuela hacia el Caminante. Hodor se tira en plancha en una estirada espectacular, pero falla y se la pega planta y media más abajo contra el techo de la sala de oficiales —con un siniestro <em>crack</em> el techo de cañizo cede, atrapando la pierna del grandullón—. Rashid le sigue, aunque no hubiera ningún cazatalentos de edén o béisbol por ahí. Consigue no hundirse y trastabilla entre tejas y cañas intentando alcanzar a su tío, que, ya con el libro, se da el piro. Unas hebras negras surgen de la nada y lo inmovilizan bajo la muralla.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—¡No me sigas sobrino, que no quiero hacerte daño!<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">¡Pero Du Pont vuelve al partido! Trepa, salta, pega, escupe, sacude, le parte la crisma al demonio, corre como un Ben Johnson sobredopado y como viera al Caminante ya a camello alejándose del fuerte, saltó sobre él desde la muralla —lástima que los jueces ya estuvieran borrachos y no validaran el récord—, le atrapa, cae con él, rueda por la arena y le sacude dos rodillazos para dejarlo quieto ya, ¡coño! ¡Y no te muevas!<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Atrás, mientras Sassa y el doctor arrastraban al cura a la enfermería, la plataforma en llamas se venía abajo con gran estrépito llevándose consigo uno de los preciados cañones del fuerte.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Y para terminar la noche, la tierra tembló, el cielo se tornó rojo como la sangre y una leve nevada cayó sobre el fuerte.</span></p>
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		<title>Nochebuena, coñac y gusanos</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Dec 2011 18:23:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ánima]]></category>
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		<description><![CDATA[Rashid se tomó su sueño como premonitorio y las huellas que encontraron al día siguiente atravesando la salina, yendo y volviendo de las ruinas, lo convencieron. Volvían al fuerte, confiando en llegar para la fiesta de Nochevieja. Habían evaluado también otras posibilidades: la historia de Menna no acababa en el sueño. Su marido fue tras [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Rashid se tomó <a href="http://cda-ie.es/2011/08/29/la-tormenta-de-arena/">su sueño</a> como premonitorio y las huellas que encontraron al día siguiente atravesando la salina, yendo y volviendo de las ruinas, lo convencieron. Volvían al fuerte, confiando en llegar para la fiesta de Nochevieja. Habían evaluado también otras posibilidades: la historia de Menna no acababa en el sueño. Su marido fue tras el Caminante de la Muerte para recuperar a su hijo, pero jamás volvió. Encontraron restos de ropas y de su montura cerca de la sima de un gusano de las arenas. Menna volvió con su familia. Era prima de Ahmed y estaba en su grupo <a href="http://cda-ie.es/2011/04/28/momias-que-emocionante/">el día de los zombies</a>.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Tenían el macizo rocoso que vieron en los <a href="http://cda-ie.es/2011/08/19/una-de-fantasmas/">frescos de las ruinas</a>, el lugar donde parecía estar un templo o ciudad de los Caminantes de la Muerte. O investigar más la historia de los dos desgraciados devas a los que habían dado descanso eterno. O ir al oasis de El-Jeriyah, donde se perdía la pista de la expedición Lunzberg. O al misterioso macizo Jabbarem (¿quizás el mismo macizo negro de las ruinas?) que Steffan confesó a Sassa era uno de los objetivos de Lunzberg años atrás, en Lucrecio.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sin embargo, decidieron volver al fuerte. Cargados de presentes por la ayuda prestada y lo sacado de las ruinas: sellos de oro, el incómodo grimorio, una extraña daga… y con un recluta para la compañía de Regulares: Hodor, el grandullón ojo de águila y mente de esponja primo de Rashid al que Du Pont había cazado con el viejo sistema de emborracharlo primero.</span></p>
<p><span id="more-1432"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">No fue un viaje sin incidentes: siempre es triste pasar la noche de Weihnacht, la llegada del Mesías, lejos de casa y los tuyos. Sassa y Du Pont combatieron la tristeza con la botella de buen coñac que la muchacha le había regalado al teniente por salvarle la vida y Rashid y Hodor no se hicieron de rogar a la hora de acompañarles. Quizá por eso no se dieron cuenta de que estaban en plena ruta de migración de una manada de gusanos de las arenas. Un eufórico y borracho Du Pont quiso quedarse a matarlos, pero sus compañeros, tras ver muy de cerca las fauces uno de esos sarlacc en miniatura, salvaron lo que pudieron (incluyendo al teniente) y salieron por piernas.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Atrás dejaron la vacía botella de coñac, las provisiones, los odres de agua… Tuvieron que dar un rodeo para acercarse a un oasis donde aprovisionarse. El oasis en cuestión tenía forma de estrecha media luna flanqueado por altas dunas, un lugar magnífico para una emboscada. Un telépata es muy útil en estos casos: los pobres harumai que esperaban que entraran confiadamente en el oasis fueron masacrados sin piedad pese a su gran ventaja numérica. Era la segunda o tercera vez que pasaban por encima a un grupo de estos <em><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Reaver_%28Firefly%29">reavers</a></em> del desierto y Du Pont propuso dejar la próxima vez a alguno vivo para que corriera la voz… O quizás proponerlos como especie en peligro de extinción.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Los harumai estaban muy al norte de sus territorios de caza, pero tal hecho pasó desapercibido al encontrar, entre los restos de la anterior presa de los salvajes en el fondo del oasis, equipo y utensilios de la expedición Lunzberg.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Aquel no sería el último encuentro desagradable antes de llegar a Fuerte Nakhti: restos destripados y calcinados de un jinete solitario y su montura, que tuvo la desdicha de encontrarse con algo que dejara un camino de arena fundida y cristalizada. Aquello parecía confirmar las sospechas de que algo demoníaco y llameante había escapado de las ruinas cuando los infaustos Nordin y Ström.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Las miradas fueron al grimorio. Ninguno era vidente, pero el futuro que vieron era tan terrible como cierto.</span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Cuentos viejos: Norte y Sur</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Nov 2011 21:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cuentos viejos]]></category>
		<category><![CDATA[Fort Nakhti]]></category>

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		<description><![CDATA[Esto no es, propiamente dicho, una antigua anécdota de un rolero viejo. Tampoco es una reseña de la venerable serie: las risas aún colean. Pongámonos en situación: los personajes están interesados en una extraña meseta rocosa, un Ayers Rock negro que parece encontrarse al sur de su base de operaciones, Fuerte Nakhti. Una búsqueda en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Esto no es, propiamente dicho, una antigua anécdota de un rolero viejo. Tampoco es una reseña de la venerable serie: las risas aún colean.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Pongámonos en situación: los personajes están interesados en una extraña meseta rocosa, un Ayers Rock negro que parece encontrarse al sur de su base de operaciones, Fuerte Nakhti. Una búsqueda en los registros secretos del fuerte les llevó a encontrar información sobre dos misteriosas expediciones al norte, a un subterráneo o tumba, llevados a cabo por el capitán, el doctor y los dos sargentos borrachos… con treinta años menos, claro.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Dejando de lado los detalles, que ya contaré en otra ocasión con detenimiento, el teniente Du Pont aprovechó que los dos sargentos estaban de exploración en las bodegas del doctor para ganarse su confianza e interrogarlos sobre esos viajes.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Lo hizo preguntando por la expedición <em>al sur</em>.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">¡Olé sus huevos!, me dije. Eso es ir de farol y lo demás es cuento. Efectivamente, había habido un viaje al sur, viaje del que yo no tenía pensado soltar prenda en dos o tres partidas. En fin, si el jugador levanta la liebre, se le deja cobrar la pieza, que para eso se lo ha currado. Así que, tras terminar la parte del interrogatorio, le felicité por el farol y los demás jugadores por la información conseguida.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: Verdana; font-size: 10pt;">Y el jugador del teniente Du Pont calló pensativo, miró con detenimiento el mapa que representaba Fuerte Nakhti y las supuestas localizaciones del Ayers Rock (sur) y la tumba (norte), lo cogió <em>y le dio la vuelta.</em></span></p>
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		<title>Una pista falsa</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Sep 2011 13:36:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ánima]]></category>
		<category><![CDATA[Tres Valles]]></category>

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		<description><![CDATA[Eran unos vándalos, unos malnacidos hijos de Satanás que harían llorar de vergüenza a sus madres. Cayeron sobre la vieja ermita, la que lleva abandonada cincuenta años, la que está más allá del Chorlón, como plaga de langosta: el más grande de ellos, el que parecía un oso, arrastró la piedra del altar, la que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Eran unos vándalos, unos malnacidos hijos de Satanás que harían llorar de vergüenza a sus madres. Cayeron sobre la vieja ermita, la que lleva abandonada cincuenta años, la que está más allá del Chorlón, como plaga de langosta: el más grande de ellos, el que parecía un oso, arrastró la piedra del altar, la que pesa lo menos diez quintales, hasta la puerta taponar la puerta. ¡Sacrílego! Y luego amontonó encima los pocos bancos que quedaban más o menos enteros.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El otro grandullón, el pelirrojo, un saqueador sin temor de Dios, robó los tesoros de la ermita: los dos pesados candelabros de plata y el gran cáliz de la misa. Sí, los que el viejo pater escondiera de los bandidos y que luego nunca encontramos. Los encontró el asesino ese. ¿Y sabes que hicieron con tan sagrados objetos? Matar a un pobre animal.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Todos juntos, grandullones, fuertes, con grandes espadas. ¡Unos cobardes! El manco se agarraba a las patas de la pobre bestia para que no se levantara y así los otros podían golpear a placer. <em>Plof, plof.</em> Los candelabros cubiertos de sangre, el sonido de sus huesos al romperse. ¡Qué crueles, Dios mío! Y se daban palmaditas y reían y se felicitaban por tal fechoría. Y luego hicieron una gran hoguera con los bancos y tiraron al pobre bicho a las llamas. ¡Que Dios, en su justa ira, castigue a esos engendros de Satán!: al oso, al pagano pelirrojo, al negro de mirada lasciva, al manco…</span></p>
<p><span id="more-1364"></span></p>
<p style="text-align: justify">
 </p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Tras la muerte de lady Lilya, su asesino y su cómplice, las pesquisas continuaron. El castellano, sir Franz Mauser, y el jefe de la infantería, Iván Kursinskov, coincidían con el malherido Edan <em>el Manco</em> Garrison en creer que sir Alenxandr, el primo y campeón del conde Piotr, estaba detrás del asesinato. Y había un hombre que, esperaban, tenía las respuestas: sir Boris, uno de los caballeros de sir Alenxandr, desaparecido desde la noche de autos.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Tras interrogar a mercachifles, taberneros y putas, fue el caballero más joven del castillo, que se había convertido en la mano derecha de sir Franz Mauser, quien les puso en la pista: sir Boris se había encariñado de una joven prostituta, quien, ¡ajá!, también había desaparecido. En la calle confirmaron lo dicho y, además, que sir Boris y el joven caballero habían estado en compañía del mercader de sedas cómplice del asesino. Esto fue tomado por nuestros dos protagonistas como prueba de que sir Boris, mandado por su señor sir Alenxandr, había estado en tratos con los asesinos. Tenían que encontrarlo para hacerlo confesar.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">No fue hasta bien entrado agosto cuando los batidores de Edan Garrison encontraron algo parecido a una pista: los restos despedazados de una joven cerca de la aldea del Gortva, el cañón que cerraba el condado de Tres Valles al norte.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El grupo (sir Franz Mauser, Iván Kursinskov y su mano derecha Erik, un recuperado Edan Garrison y la bella Anna) partió rápidamente, tras pequeña visita al viejo Oleg, para seguir esta pista que resultaría falsa: la muchacha cuyos restos habían encontrado no era la puta con la que suponían se había fugado sir Boris.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La muchacha, de una aldea cercana, había sido despedazada y comida por un asaguiri, un peculiar tipo de espíritu licántropo que se manifestaba en la aldea del Gortva cada cierto tiempo, poseyendo a alguna pobre mujer. La desdichada era la esposa de sir Pavel [llamado erróneamente durante la partida sir Konstantin], el señor del cañón… y bajo cuyo techo se hospedó el grupo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Las mujeres de la aldea, para aplacar la maldición, habían formado una secta secreta generaciones atrás. Con la nueva venida del demonio, sacrificaban a mujeres de fuera sobre un antiquísimo altar oculto en el bosque y donde intentaron sacrificar a Anna.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sus compañeros la salvaron en el último momento, pero huyendo del monstruo se perdieron en el bosque. Acabaron encontrando las ruinas de una vieja ermita, donde se atrincheraron, esperando a la muerte: ninguna de sus armas afectaba a la criatura. Pero dentro Erik hallaría un cofre con dos pesados candelabros y un cáliz de plata. Recordando que las leyendas y los cuentos de vieja hablaban de la vulnerabilidad de los hombres lobo a la plata, se enfrentaron con tales objetos a la bestia. Fue una pelea más propia de matones barriobajeros que de hábiles guerreros, pero la mataron.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Y luego la quemaron, lo que traería más problemas de los que imaginaban.</span></p>
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		<title>La tormenta de arena</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Aug 2011 09:00:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ánima]]></category>
		<category><![CDATA[Fort Nakhti]]></category>

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		<description><![CDATA[Hacía veinte días que la tormenta de arena rugía sin descanso. Veinte días sin ver el sol. Veinte días sin ver nada, en realidad: cuando avanzaban, desde el centro de la caravana no se veía ninguno de los dos extremos; cuando acampaban, se hacía difícil encontrar la tienda más cercana. La tormenta se había llevado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Hacía veinte días que la tormenta de arena rugía sin descanso. Veinte días sin ver el sol. Veinte días sin ver nada, en realidad: cuando avanzaban, desde el centro de la caravana no se veía ninguno de los dos extremos; cuando acampaban, se hacía difícil encontrar la tienda más cercana. La tormenta se había llevado el sol. La tormenta se había llevado las estrellas. La tormenta se había llevado el agua: el pozo de El-Jahr estaba seco, igual que el de El-Jaht. El de Yahb-Bah había sido engullido por las arenas y apenas sobresalía dos palmos de su aguja de piedra, de siete metros de altura. La tormenta quería llevarse ahora sus vidas. Parecía un ser vivo. Se podía sentir su furia, su ansia de sangre. Entre las tiendas, a la macilenta luz, la arena tomaba formas terroríficas, abalanzándose sobre ellas con saña, haciendo vibrar el armazón, arrancando capas de pieles y tela. No había día que no saliera volando alguna, o se viniera abajo atrapando entre sus restos a sus moradores.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La tienda del jefe era la más grande y la más sólida. Las demás estaban apiñadas contra ella, así que a su alrededor quedaba un espacio en el que casi se podía estar. Un altivo camello negro hacía de improvisado cortavientos en uno de los laterales, así que para el chaval que, acuclillado, curioseaba por un pequeño agujero abierto entre las capas de piel y lana, la tormenta era apenas un murmullo.</span></p>
<p><span id="more-1349"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Dentro, entreveía al viejo jefe, de rostro fatigado y grandes ojeras y a su hijo, un joven Saden con la cara pálida como la de un cadáver. Al otro lado de la rica alfombra, un hombre de negro, tan altivo como su camello, tan terrible o más que la tormenta. Entre ambos, un bebé hacía pucheros: el hijo de Menna, que había nacido prematuro por culpa de la maldita tormenta. Hablaba el jefe, hablaba el tipo de negro, que mantenía su rostro cubierto incluso bajo techo, y a cada palabra Saden empalidecía aún más.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Llegaron a un acuerdo. El hombre de negro salió de la cabaña, fue hacia el ganado y al poco volvió a cruzar el campamento, hacia donde soplaba la tormenta, llevando un pequeño cabrito también nacido en esos crueles días. Luego, sólo el ronco bramar de la tormenta.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Y una piedra, dirigida con precisión a la cabeza del muchacho. Un grito, un salto, las manos levantadas por reflejo, cubriendo inútilmente la cabeza y la piedra, inofensiva, rebotando en un breve muro invisible. La arena crepitando un instante sobre él, como la lluvia en el tejado, antes de que desapareciera.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La sombra negra salió de la tormenta y se arrodilló junto al asustado chico. Con la mano izquierda se retiró el velo y le dedicó una sonrisa feroz. Los ojos dorados brillaban divertidos. Iba cuidadosamente afeitado y un tatuaje reciente, una desagradable espiral negra, se le enroscaba, desde el cuello, en la mejilla derecha.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—Tienes poder, Rashid. Es poco, pero ejercítalo: puede salvarte la vida —Le revolvió con gesto cariñoso el pelo y entró en la tienda. El chaval quedó sentado en el suelo, recuperando el aliento, mientras un grueso goterón de sangre le caía por la frente.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Salió al poco, protegiendo un pequeño fardo entre sus ropajes. Montó en su camello y se internó en la tormenta. Atrás dejó el viento, el llanto desgarrado de una joven madre, el silencioso reproche de una esposa, la honda desesperación de un hombre justo, la desagradable enseñanza de lo que significa ser jefe.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Al día siguiente, brillaba el sol. Tiempo a cambio de Tiempo. Vida a cambio de vida. El Caminante de la Muerte, maldito y necesitado.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify">
 </p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><em>En su tienda, Rashid despertó sobresaltado. Oh, piadosa Devah, ¿por qué este sueño, por qué este recuerdo olvidado? ¿Por qué ahora?</em></span></p>
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		<title>Una de fantasmas</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Aug 2011 16:57:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Fort Nakhti]]></category>

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		<description><![CDATA[—¡Sassa! ¡Ey, Sassa! Steffan Dahl era ornitólogo. Bueno, estudiante de postgrado, pero sus profesores decían que se convertiría en una figura mundial. A sus espaldas, todo el mundo decía que era por ese cuello delgado, esos ojos saltones, esa nariz picuda, esa calvicie a la carrera que dejaba tras sí una pelusilla pueril, ese andar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—¡Sassa! ¡Ey, Sassa!<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Steffan Dahl era ornitólogo. Bueno, estudiante de postgrado, pero sus profesores decían que se convertiría en una figura mundial. A sus espaldas, todo el mundo decía que era por ese cuello delgado, esos ojos saltones, esa nariz picuda, esa calvicie a la carrera que dejaba tras sí una pelusilla pueril, ese andar nervioso, esa forma de girar la cabeza o mover los brazos, que le daban un aire de pajarillo caído del nido (de polluelo epiléptico, según los más crueles) que hacía que la mayor parte de las aves le trataran como uno más. Menos las rapaces, que le tomaban por el almuerzo. Sus compañeros, sin embargo, sostenían que llegaría lejos por haberse cobijado en buen árbol y hacer los trabajos más duros (como lidiar con los alumnos de primero) sin quejarse.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El sobrio uniforme universitario le hacía parecer un gorrión que se hubiera caído en un barril de alquitrán. Ese aire pegajoso también lo traía de serie, el pobre muchacho, y la pálida luz bajo los soportales sólo lograba realzarlo. Avanzaba dando ridículos saltitos por la larga galería que iba del aula C al salón de actos mientras agitaba nerviosamente los brazos, no se sabe si para atraer la atención de la joven que caminaba delante de él o para remontar el vuelo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—¡Sassa, por favor, para un momento! ¡Me voy a Salazar! ¡Salimos el mes que viene!<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La muchacha se paró en seco y se encaró con un movimiento tan calculado como su vestido: la mano en la cadera, la melena al viento, la falda amplia y cómoda, el corpiño, un escote sugerente pero no escandaloso… los folletines de aventuras estaban llenos de grabados con heroínas con la misma pose pero, por tópica que fuera, levantó un coro de suspiros entre los alumnos de primero que sesteaban entre clase y clase al otro extremo del patio.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—¡Imposible! La expedición Jones iba a salir antes.</span></p>
<p><span id="more-1335"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">—Sí, pero Lunzberg ha conseguido los permisos de las autoridades estigias, así que el claustro nos ha dado prioridad. Y como no hay presupuesto para dos expediciones al mismo sitio al mismo tiempo, la Jones se aplaza —Steffan revoloteaba alegre alrededor de Sassa. Si hubiera tenido los pies en el suelo, habría sentido el crujir admonitorio de los hielos de la ira de la joven—. Ya te dije que apostaras siempre por el catedrático. La estrella de Jones se apaga y si no tienes cuidado, te llevará contigo. Pero no te preocupes: cuando vuelva de la expedición como un ornitólogo famoso, te reservaré un hueco en mi equipo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify">
 </p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Steffan Dahl sobrevivió a aquel día, no me preguntéis como. Sólo para desaparecer seis meses después tragado por las arenas de Salazar con toda la expedición Lunzberg: el propio Lunzberg, catedrático de Historia y experto en religiones y mitos antiguos; su colega Nordim y Ström el antropólogo; Cornelius y Otis, los geólogos; los guías y camelleros. Y un muchacho sombrío de pelo blanco, un callado estudiante de segundo que daba repelús y se había unido al grupo de Lunzberg un par de meses antes de su partida. Y la expedición del doctor Jones fue a Salazar, al final, aunque para encontrar a su colega. Oficialmente, al menos.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Ya daba igual. La expedición Jones se había perdido también en el desierto, a manos de unos bandidos. Sassa también estaba desaparecida, a los ojos del mundo. Y había estado a punto de ser definitivo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Los recuerdos volvieron a su mente. No es que quisiera, pero era eso o ver a una curandera más o menos de su edad dudando entre los ingredientes de unos emplastos y equivocándose en la letra de una letanía. A veces, parecía que directamente tarareaba en vez de canturrear. Cielos, si debía remendarte una mujer sabia pagana y salvaje con mejunjes parcialmente regurgitados, no tenía que parecer una mala estudiante que se hubiera pasado las clases (pequeña punzada de culpabilidad) leyendo folletines de aventuras.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify">
 </p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Había sido una historia emocionante al principio. Una de fantasmas, como <em>La tumba maldita de Tutkatón</em> del maestro Betini: el espectro de una muchacha rubia de tres ojos que se aparecía en los sueños de los niños, los del clan familiar de Rashid. Una historia que les llevó a unas ruinas cercanas a una llanura de sal. Unas ruinas sin tabúes ni prohibiciones: cuando la caravana pasaba para aprovisionarse de sal, los chavales jugaban en ellas, dentro de la tosca y vacía torre, entre los siete pilares de piedra (negra, ajena a la región) que la rodeaban o escondiéndose tras los montículos de sal de caprichosa forma (el Chacal, el Cazador, la Doncella…) que quedaban un poco más allá. Los mayores preferían no acercarse porque habían pertenecido a los Caminantes de la Muerte y eso siempre da reparo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Resultó que alguien había excavado bajo uno de los pilares, hasta una cámara subterránea. Resultó que habían sido Nordim y Ström. Resultó que estaban muertos y resecos, pero eso no les impidió levantarse a saludar. Y al teniente Du Pont, con esa forma peculiar de hacer las cosas que tenía, no tuvo mejor idea que disparar el arcabuz en aquella pequeña estancia cerrada.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Y resultó que había otra… cosa… en la estancia: una especie de murciélago humanoide gigante. Un engendro salido de Dios sabe dónde (quizás del pasillo que había al fondo, tras la cadena ahora rota llena de sellos de protección). Un engendro al que el estampido hizo maldita la gracia y estuvo en un tris de merendarse a Sassa. Du Pont la salvó por los pelos: se había dado cuenta de que los sonidos fuertes afectaban la criatura, así que se interpuso con el segundo arcabuz, se lo apoyó en el pecho y (total, ellos ya estaban sordos) disparó.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Luego, con Sassa ya medio recuperada de sus heridas, volvieron a terminar el trabajo. Se llevaron de vuelta un tratado de demonología que parecía el causante de todo y que no fueron capaces de destruir (ni las llamas de la condenación eterna del pobre fantasma que encontraron al final llegaron a chamuscarlo). También encontraron frescos y relieves que contaban la historia de los Caminantes de la Muerte y hacían referencia a una ciudad cubierta por la oscuridad (o por una enorme cúpula oscura) y un convento o lugar sagrado en un macizo de piedra negra que Rashid no fue capaz de ubicar.</span></p>
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		<title>Historia reciente de Tres Valles</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jul 2011 19:17:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ánima]]></category>
		<category><![CDATA[Tres Valles]]></category>

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		<description><![CDATA[Lord Alexandr Vinokurov, decimosexto conde de Tres Valles, fue el primero que gobernó sobre los límites actuales del condado. Su padre, que no ocultaba sus preferencias por los hijos de su segunda esposa, había negociado la unión de Tres Valles y el vecino condado de Cahul a través de la boda de su segundo hijo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Lord Alexandr Vinokurov, decimosexto conde de Tres Valles, fue el primero que gobernó sobre los límites actuales del condado. Su padre, que no ocultaba sus preferencias por los hijos de su segunda esposa, había negociado la unión de Tres Valles y el vecino condado de Cahul a través de la boda de su segundo hijo y la heredera del condado. Sin embargo, el príncipe de Galgados se opuso a la fusión de los condados, por lo que Alexandr terminó heredando la corona ducal y las pobres tierras altas del condado: el valle del Czesk, el cañón del Gortva, la laguna de Dnier y otros montes y gargantas vecinas, tierras prácticamente deshabitadas. El bandidaje, tanto de las tierras vecinas como de sus propios vasallos, y las disputas fronterizas con el condado de Cahul fueron problemas constantes con los que tuvo que lidiar durante todo su gobierno. Impulsó, dentro de lo que pudo, pues el padre no le dejó nada del tesoro condal, la colonización de sus dominios, roturando tierras y otorgando feudos. Los señoríos del Gortva y de Dnier y las primeras granjas del valle del Czesk surgen durante su gobierno.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Casó con la hija de un señor vecino, que le dio dos hijos: Alexandr, el mayor, heredaría el condado. Piotr, el segundo, recibiría como feudo la parte baja del Czesk, cuyas granjas sufrían el azote de los hombres de Cahul. Piotr levantaría atalayas y fortificaría su señorío, y finalmente casaría con la hija de un abanderado de Cahul, lo que rebajó mucho las tensiones entre los condados. Durante esos años, y gracias a las ricas tierras bajas del valle del Cesk, Piotr se convirtió en el hombre más rico del condado, eclipsando a su hermano mayor y a su padre. Éste, de un segundo matrimonio, les dio un hermano, mucho menor, que terminaría sirviendo en Tol Rauko.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Alexandr hijo, decimoséptimo conde de Tres Valles, siguió la política de su padre estrechando lazos con los pequeños señores vecinos. Bajo su gobierno se abrió la mina de Dnier, lo que alivió las maltrechas arcas condales: las represas y huertos del Cesk surgen gracias al flujo de hierro, así como las primeras herrerías. La ciudad condal de Czyna sigue a la sombra de las ricas tierras de su hermano y campeón, pero poco a poco los mercaderes empiezan a llegar hasta la cabecera del valle.</span></p>
<p><span id="more-1331"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Tuvo dos hijos, llamados a la forma tradicional de la familia: Alexandr el mayor, Piotr el menor. Piotr se buscó la vida en la carrera de las armas, liderando a un grupo de hijos segundones del condado y tierras vecinas que se alistarían en el ejército imperial. Entre ellos se encontraba Leonid, el heredero de un pobre señorío vecino. El apellido Vinokurov, aunque venido a menos, seguía siendo respetado en las llanuras y el grupo terminaría sirviendo bajo las órdenes del entonces Señor de la Guerra Elías Barbados. Y se encontraban entre los primeros que le siguieron en su golpe de estado contra Lascar, el emperador loco.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Tras la subida al trono de Elías, la compañía de Tres Valles se disolvió. Leonid, lisiado en la batalla, volvería a sus tierras. Y también otros, que habían obtenido suficiente botín del golpe de estado y de las campañas que llevó a cabo el ahora emperador Elías para consolidad su poder, como para asegurarse una buena vida en casa. Otros, los que más brillaron en la batalla, entrarían en la nueva Orden del Cielo del Emperador. Y el resto se encontró con que había visto demasiado mundo como para volver a un pequeño valle perdido en las montañas, o habían hecho ya sus vidas en la cosmopolita Arkángel.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Entre tanto, en Tres Valles tomaba la corona Alexandr nieto, decimoctavo conde de Tres Valles. Pero sólo durante unas pocas semanas: un alud tardío le sorprendió mientras recorría sus dominios. A las pocas semanas, su viuda, loca de dolor, mataba a su hijo, un bebé de pecho todavía, y se suicidaba. Piotr, el tío de Alexandr y campeón del condado, quiso recoger la corona condal, pero fue frenado por los vasallos directos del conde y por los burgueses de Czyna, que buscaron a Piotr, el hermano menor. Piotr tío intentó ganarse a los burgueses anunciando la boda de su hijo Alexandr con una de las hijas del conde de Cahul mientras su sobrino Piotr, en Arkángel, deshojaba la margarita. Cuando Piotr tío tenía ya en su bolsillo a la mayoría de los burgueses fue cuando llegó mensaje de Piotr aceptando la corona ducal.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El gobierno de Piotr fue fructífero. El nuevo conde trajo un buen botín de sus campañas, que le permitió restaurar el castillo y las murallas de Czyna y ampliar las minas de Dnier. Patrocinó la construcción de hornos para el refino del hierro y los mercaderes y el dinero empezaron a llegar a la ciudad, en parte gracias al renombre y los contactos conseguidos durante las campañas de Elías. Se le consideró un buen gobernante, pero algo sombrío y solitario. Desde siempre gustó de rodearse de gente de fuera del condado, hombres de armas o de letras que se convertían en sus consejeros. Tardó mucho en tomar esposa, de una buena familia de las tierras bajas: los rumores apuntaban a que había dejado a su amor, quizás incluso a un hijo, en Arkángel y que se casaba cediendo a las peticiones de sus vasallos para dar un heredero al condado. Su mujer falleció al dar a luz a su único hijo, Alexandr.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Al comenzar nuestra historia, Piotr contaba con algo más de cincuenta años, aunque aparentaba alrededor de cuarenta. Alexandr, su hijo, iba camino de los quince. Su primo Alexandr y campeón del condado tenía más o menos la misma edad que Piotr y tenía un hijo y una hija. El chaval, con los veinte por cumplir, era aún escudero. Como era costumbre, se llamaba también Alexandr. La niña tenía doce años.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Lilya, la hija de lord Leonid, iba a cumplir 17 años cuando murió. De hecho, el anuncio de la boda entre lord Piotr y lady Lilya cogió a todos por sorpresa, pues habían dado por supuesto que sería con Alexandr hijo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">El culebrón continúa.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt"><br />
		</span> </p>
]]></content:encoded>
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		<title>La noche antes de la boda</title>
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		<pubDate>Mon, 30 May 2011 19:02:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cubano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ánima]]></category>
		<category><![CDATA[Tres Valles]]></category>

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		<description><![CDATA[Era bien entrado junio. Czyna bullía de vida, sólo comparable a las fiestas de la cosecha. La explanada frente al castillo, ese espacio árido, batido por el viento y helado en invierno, era ahora la plaza del mercado, cubierta por tenderetes y carromatos venidos de afuera del condado: mercaderes de pieles, telas, sedas y afeites; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Era bien entrado junio. Czyna bullía de vida, sólo comparable a las fiestas de la cosecha. La explanada frente al castillo, ese espacio árido, batido por el viento y helado en invierno, era ahora la plaza del mercado, cubierta por tenderetes y carromatos venidos de afuera del condado: mercaderes de pieles, telas, sedas y afeites; hierro y herramientas; artesanos y joyeros que venían a comprar y vender; que buscaban buenas pieles, plata en bruto, lingotes de hierro, hojas de armas y ofrecían bellos vestidos, armas repujadas, hermosas joyas; que cambiaban ricos jamones y embutidos curados en la sierra por bacalao en salazón y arenques en conserva, pimienta y legumbres de las tierras bajas. Las noticias que traían los mercaderes eran preocupante: Eljared, la suma sacerdotisa, hacía y deshacía a su antojo, acaparando cada vez más poder. El temor por el futuro se palpaba en el ambiente y se traducía en buenas ventas de hierro.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Se acercaba la fecha de la boda del conde Piotr con la joven hija de lord Leonid. Al bullicio habitual se unían curiosos, invitados, buscavidas, buhoneros y artistas. La ciudad estaba atestada y el propio castillo, normalmente semivacío, estaba ahora falto de espacio. Ya habían acudido los vasallos del conde Piotr: su campeón y primo, lord Alexandr con dos de sus caballeros, sir Boris y sir Mark; el joven sir Andrei y el callado sir Pavel, señores de los otros dos valles del condado. También lord Leonid con su hija Lilya y el viejo Alexei, el cazador. Y emisarios de los condados y baronías vecinas. Con tal jaleo, todos habían tenido que apretarse en el castillo y, así, sir Franz Mauser compartía torre del castellano con el hijo del conde, Alexandr; los caballeros se apretaban con la infantería para hacer sitio a los visitantes; Alexandr (hijo) y Anna habían cedido sus aposentos en la torre del homenaje.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La noche antes de la boda había previsto un gran espectáculo en el patio grande del castillo abierto al pueblo llano, en un escenario montado entre la cantina y las caballerizas, espectáculo coronado por un castillo de fuegos artificiales y cuyo plato fuerte era la actuación de la afamada compañía Vladimir, formada por el propio Vladimir (un orondo y estrafalario actor, hortera, con gusto por los tipos altos, macizos y peludos y cuyo horroroso bastón dorado coronado por un Cupido empalmado será largamente recordado) y dos chavales jóvenes y menudos, casi unos niños, el rubio Ken y el castaño Ernest. </span></p>
<p><span id="more-1325"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">La noche llegó y trajo el fin de la fiesta. Los plebeyos y artistas abandonaron el castillo y las puertas se cerraron, tanto las del castillo como las de la barbacana. Dentro sólo quedaron los habitantes del castillo, los invitados de alto rango y sus séquitos, que se retiraron a descansar o los retiraron (el viejo Alexei, el explorador y campeón de lord Leonid, perdía su segundo mano a mano con Iván Kursinskov), salvo dos centinelas: uno, Erik, el gigantón nórdico, en las puertas, el segundo sobre la torre del homenaje. Ninguno se esperaba la larga noche que les tocó vivir.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Resultaría largo en extremo contaros lo que ocurrió en la noche. Al final, hubo demasiada gente despierta, demasiada gente moviéndose, demasiados intereses entrelazados. El primero en darse cuenta de que algo iba mal fue Erik, el pelirrojo, al entrever una sombra furtiva en la terraza de la cantina, cerca del carro de los comediantes. Se recorrió medio castillo buscando a la sombra y terminó en lo alto de la torre del castellano, a tiempo de ver dos sombras al pie: una en el suelo, en un charco de sangre, otra de pie, a su lado.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Tampoco dormía para entonces Edan Garrison: su perro favorito le había despertado con el hocico bañado en sangre y lo guió a pie de la torre del castellano, donde yacía destrozada contra el suelo la bella lady Lilya, la hija de lord Leonid. Mirando a lo alto, acertó a ver una sombra asomada a las almenas.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Tanto paseo por el patio había despertado a su vez a Iván Kursinskov, el gigantón jefe de la infantería. Dormitaba agarrado a una garrafa de vodka apoyado contra el cañón de la terraza de los alojamientos, frente a la torre del homenaje. Tras una parada en la armería, subió a proteger y alertar a su señor. En el camino, sorprendió una sospechosa conversación de lord Alexandr, primo, con uno de sus caballeros, sir Mark. En el pasillo frente a los aposentos de lord Leonid y lord Alexandr fue encontrado por Anna, que tampoco dormía y también había visto cosas que quizás no debiera.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Sir Franz Mauser había tenido un <em>affaire </em>con lady Lilya y tampoco dormía esa noche. No de temor porque aquel encuentro hubiera dado frutos no deseados, sino porque había tenido un encuentro esa misma noche con la dama, razón por la que había caído de su torre y no de otra. No, no el tipo de encuentro que suponen, no me sean mal pensados: esta vez sir Franz Mauser recordó su posición y la mandó de vuelta a su dormitorio. Eso no quitó que fuera sospechoso durante un tiempo.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">También fue sospechoso Alexandr hijo que, lo han adivinado, tampoco dormía esa noche. Pero tenía coartada: compartía lecho con Ernest, el chaval de pelo castaño de la compañía Vladimir… que resultó no ser chaval, sino chavala. Esto fue demasiado para Erik, el pelirrojo, que juraba haber visto salir al gordo Vladimir y sus dos efebos.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Alertose a la tropa, retirose el cuerpo y en conciliábulo pusieron en común lo averiguado y sus sospechas. De ello, pillaron a Morslav Sergiev, el ingeniero de minas, el único que al parecer dormía, pues de tal borrachera no había podido volver a casa y se había buscado un hueco en el barracón de la tropa, para que les ayudara en las pesquisas. Mientras, Iván y Erik fueron a por Vladimir y lo trajeron, junto con sus dos efebos.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">O eso estuvieron a punto de creer. Menos mal que Morslav andaba por allí y, mago poderoso como era, pudo ver más allá de las ilusiones: Ken, el rubio, estaba más solo que la una, siendo sus acompañantes meras ilusiones. El chaval no aguantó el interrogatorio y terminó confesando que había creado la ilusión de Ernest a petición de la chica, porque quería pasar la noche con el joven Alexandr, y la de Vladimir por orden de aquel, seguramente para encontrarse con algún amante.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Al gordo Vladimir nuestros héroes lo tenían entre ceja y ceja, más desde que encontraron un doble fondo en la carreta de los cómicos con un amplio surtido de armas cortas, venenos, abrojos, equipo de escalada urbana nocturna y un largo etcétera que hizo las delicias de Anna, aunque luego no pudiera quedárselo todo (&#8220;Entiéndelo, Anna, son pruebas&#8221;). Lo atraparían, gracias a los sabuesos del señor Garrison, en la garganta del Dvorn, al sur de la ciudad. Y porque, sinceramente, se confió después de derribar a Edan Garrison de un único golpe. Desde entonces le llaman <em>El manco</em>.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">No consiguieron capturarle con vida y perdieron una cantidad importante de dinero, unos quinientos escudos de oro, que encontraron en su equipaje, en la taberna donde se hospedaba. Resultó tener un cómplice o un supervisor, al que identificaron por trabajo policial básico (preguntar a todo el mundo) y darían caza días después en las montañas.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">Ambos pertenecían a un poderoso clan de asesinos a sueldo, lo último que uno esperaría encontrar en una pequeña ciudad perdida en las montañas. A la pregunta de por qué la muerte de lady Lilya valía tanto se juntaba el poco tacto político de un medio muerto Edan Garrison que acusó a lord Alexandr, el primo y campeón del conde Piotr, de estar detrás del asesinato.<br />
</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family:Verdana; font-size:10pt">¿Qué extraños hilos se tejían en las sombras del pacífico condado de Tres Valles?</span></p>
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