El Ícaro — Emboscada en la isla de Risian

Decíamos que, tras la batalla contra la Máquina en el norte, el Albatros dorado volvió a Ynys Mawr con la mayor parte de la expedición, pero la Perla de la capitana Svala había sufrido graves daños y tuvo que buscar un puerto refugio en el que hacer reparaciones: Land O’carl Risian, la isla de Risian el hacedor de barcos, donde nació. Fueron bien acogidos y las reparaciones comenzaron de inmediato, quedando para el día siguiente un desayuno con el propio Risian para acordar precio y forma de pago.

Por la noche la cosa se torció: en la posada, una niña de unos ocho o nueve años era maltratada por los parroquianos. Es la lazarillo de un demonio azul, decían. El grupo del Ícaro tampoco estaba para fiestas, con discusiones entre la capitana Edana Conway y el sargento Iosef Dragunov que cargaron aún más el ambiente. Finalmente, Dragunov no aguantó la mirada de la chiquilla y la echó de la posada. Conway lo abroncó y salió tras la niña, intentando comunicarse con ella. Lo hizo tan bien que no volvió: el amo de la chica había encontrado un lazarillo mejor.

Dragunov y el sargento Max Powell se olieron algo raro al no volver la capitana. Preguntaron por la chica a los parroquianos, averiguando que había venido con un demonio azul, un fenicio, y el dique donde estaba atracado su barco. El primer intento de acercarse al barco fue fallido, porque la puerta del dique estaba cerrada y había un guardia en el pasillo. Como era tarde y estaban cansados, pasaron de una segunda intentona por la superficie de la isla… Una pena, pues hubieran podido evitar lo que ocurrió.

Al día siguiente, Dragunov y Powell se presentaron ante Risian a reclamar a su capitana. Resultó que Risian era de Dalaborn, padre de un amigo del alma de Dragunov que había desaparecido quince años atrás y en cuya búsqueda había obtenido el artillero del Ícaro sus ojos de rapaz y su escopeta de corredera del calibre 12. Risian reconoció a Dragunov al punto, pese a los años pasados, y le ofreció unirse a él en la isla. Oferta que incluía a Powell, mientras quitaba importancia a la suerte corrida por Edana Conway. Mucho insistió Risian en su propuesta y en que la misma tenía fecha de caducidad, pero Dragunov insistió en ver a la capitana y hablar con su base antes. Por lo tanto, el hacedor de barcos los llevó ante su capitana y el demonio azul. Que estaba en una sala con delegaciones de dos facciones de la Máquina, formada cada una por un pretoriano y dos tecnócritas. Una de las facciones era a la que habían derrotado tres días antes, mientras que la otra, con abundancia de cromados en su diseño, les era desconocida. Parecía algún tipo de conferencia a tres bandas donde el fenicio usaba a la capitana Conway como intérprete. Que Conway estaba dominada resultaba evidente, pues iba vestida con vaporosas sedas rosas que dejaban poco a la imaginación.

—Lo siento —dijo Risian—, llegaron justo antes que vosotros.

Dragunov y Powell no se hicieron ilusiones sobre su suerte. Con una mirada acordaron morir matando y Dragunov echó mano de su escopeta y sus pistolas, dispuesto a quemar los últimos cartuchos. Voló el plomo, se apagaron las luces, estalló un tecnócrita repartiendo metralla por doquier y consiguieron salir al pasillo, arrastrando a una Conway inconsciente tras la muerte del fenicio. La facción cromada parecía no intervenir en el combate, lo que les permitió retirarse por el pasillo, intentando alcanzar el ascensor a los niveles superiores. Powell le quitó el eru pelegrí a Conway para dar lo que parecía sería su último informe.

Pero un loco plan de extracción tomó forma en esos frenéticos instantes: el grimorio del santuario de Setmaenen, cuyo conjuro de resurrección les había permitido traer de vuelta a Paolo y que albergaba uno de deseo quizás más poderoso. El departamento de ocultismo consideró que podía funcionar y se comisionó a un aterrado Jason Callahan para ir allí (para entendernos, como teleportarse desde algún lugar de Uzbekistán al Coliseo de Roma) y usar el libro. Se encontró a un luchador de artes marciales que pudiera proteger a Callahan sin llevar apenas equipo, se confeccionó una lista de lo que debía pedirse al conjuro (los conjuros de deseo los carga el diablo) y les dieron la proverbial palmadita de buena suerte.

—Su escolta le protegerá hasta que puedan volver. Recuerde que a tres días de camino de Setmaenen está Minas Anghen, donde dejamos provisiones de emergencia. Si no puede volver a la isla, diríjase a Córdoba o a Sevilla, vamos a mandar un equipo allí. Suerte

—Oh, Dios, voy a morir.

—Erstin, diga a Powell que aguanten unos minutos más.

El mensaje del Ícaro llegó cuando salían del ascensor, ya en el nivel -1. Dragunov dio su inútil escopeta a Powell y desenfundó su espada.

—Reuníos con Svala. Yo los entretendré lo que pueda.

 

La Perla apareció entre Nidik y el puerto, escorando a babor al apoyarse sobre el irregular terreno. A su alrededor empezaron a caer las piezas ya desmontadas, las piezas nuevas y varias herramientas. Un suspiro después, lo hacían Svala y su tripulación, la capitana Conway, los sargentos Dragunov y Powell y un malherido Risian que Dragunov se había asegurado de incluir en la lista-deseo.

Dragunov (maestro de armas nivel 5) salió de aquella sin un rasguño, tras mantener 8 asaltos de combate singular con un pretoriano. Tras aquello, pidió el matrimonio a Su Wei.

NdA: el fenicio o demonio azul está inspirado en los fenicios de La puerta de Ishtar.

Los viajes del Ícaro, 3×10.

2 comentarios para “El Ícaro — Emboscada en la isla de Risian

  1. Era una aventura chunga. Debíais descubrir el pastel por la noche, saliendo de las zonas comunes (porque temiérais la persecución de la Máquina estando en un puerto tan cercano a su territorio o porque Edana hubiera sido capturada por el fenicio). Eso os hubiera dado la iniciativa y teníais varias opciones con posibilidades, como coger el barco del fenicio para huir en la oscuridad o que desde Ynys Mawr mandaran el jumper 1 con la caballería y montar la de San Quintín.

    Comerse la trampa implicaba caer prisioneros (teníais un eru pelgrí, por lo que el rescate era factible) o suicidarse en combate. Pero caer en la trampa, con Edana en manos del fenicio, era lo peor, pues iba a ser muy difícil recuperarla.

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