Los juegos a los que juego: The Babylon Project

El primer juego de rol ambientado en el universo de Babylon 5 (posiblemente la mejor serie de ciencia-ficción) vino de la mano de Joseph Cochran para la Chameleon Eclectic con el nombre de The Babylon Project allá por 1997. Dudo que a alguien le suene: el juego apenas tuvo éxito, con sólo dos suplementos publicados (la pantalla y el Earthforce Sourcebook, aunque he visto información sobre un tercero dedicado a los Narn que se tuvo que quedar a las puertas). De la Chameleon Eclectic nunca más se supo y, al final, quien se llevó el gato al agua como juego de rol de cierto éxito de Babylon 5 fue uno que usaba el sistema D20 de Wizards, lo que nos permitía llevar algo tan evocativo como un oficial nivel 4 / diplomático nivel 4. En fin.

Desde el punto de vista meramente visual, The Babylon Project es un manual en tapa blanda y a color de casi 200 páginas. Tenía bastantes ilustraciones y pocas buenas, mientras que el color de las páginas recordaba a las paredes y suelos de la estación, sin suponer, pese a su tono gris, problema para la lectura. La portada era muy sombría y a algún diseñador idiota se le ocurrió poner unas hojas de personaje y ayuda para el master con fondo negro imposibles de fotocopiar.

Internamente venía estructurado en una introducción, cuatro chapters divididos a su vez en dos o tres sections. El primero estaba dedicado a la creación de los personajes, e incluía tanto las reglas de creación como la descripción de atributos (lo que en otros juegos llaman características), características (lo que en otros juegos llaman ventajas y desventajas) y habilidades (lo que en otros juegos… esto… nada), pero también una descripción de las distintas razas en juego (humanos, narn, centauri y mimbari), su cultura e historia. En total, 48 páginas.

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Yggdrasill, primeras impresiones

Yggdrasill es un juego de rol francés que ha levantado bastante expectación y ha sido traducido y publicado por Holocubierta este mes de noviembre. ¡Un juego de vikingos! Mola. Luego resulta que no es exactamente de vikingos, sino que está ambientado en la época mítica de Beowulf (como el suplemento Land of Giants de Pendragón), así que nada de asaltar monasterios irlandeses o pegarse con el infiel a las órdenes del emperador bizantino. Bueno, de todas formas, para un jugador y máster de Pendragón, darle de hostias a los sajones y a los jutos con unos tíos más brutos que ellos también mola.

Libro en mano, nos encontramos con un manual de unas 230 páginas, letra grande, con un color de fondo sepia bastante oscuro que resulta molesto en la lectura. Las ilustraciones no están mal, con algunas a color correspondientes a los personajes pregenerados que trae. La estructura se aleja de la típica de los manuales de rol, con la ambientación al principio, unas 70 páginas. Luego, la creación de personajes, las reglas y demás. Termina una larga aventura que no tiene mala pinta.

Hasta ahí la parte visual. A la hora de leer (de poco en poco, ya digo que el color oscuro junto con el satinado del papel termina siendo molesto), nos encontramos con una traducción que flojea sobre todo en la parte de la ambientación, con frases mal estructuradas, alguna sin sentido y alguna errata hasta jocosa («…ni a los Skjöldung ni a los k». ¿Quiénes son los k).

Pero el gran problema de Yggdrasill es su propia redacción. Entendámonos, tengo juegos complicados de entender por su redacción, ya por ser mala o por ser más espesa que puré de engrudo, como Nephilim (1ª edición), Heroquest (1ª edición), Roleage, Ánima o Exo, pero Yggdrasill los supera con creces. Ya en la parte de ambientación tenemos párrafos que casi repiten lo anterior y explicaciones confusas. En la parte del reglamento, directamente, necesitaremos un experto en contrainteligencia.

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Cuentos viejos: Norte y Sur

Esto no es, propiamente dicho, una antigua anécdota de un rolero viejo. Tampoco es una reseña de la venerable serie: las risas aún colean.

Pongámonos en situación: los personajes están interesados en una extraña meseta rocosa, un Ayers Rock negro que parece encontrarse al sur de su base de operaciones, Fuerte Nakhti. Una búsqueda en los registros secretos del fuerte les llevó a encontrar información sobre dos misteriosas expediciones al norte, a un subterráneo o tumba, llevados a cabo por el capitán, el doctor y los dos sargentos borrachos… con treinta años menos, claro.

Dejando de lado los detalles, que ya contaré en otra ocasión con detenimiento, el teniente Du Pont aprovechó que los dos sargentos estaban de exploración en las bodegas del doctor para ganarse su confianza e interrogarlos sobre esos viajes.

Lo hizo preguntando por la expedición al sur.

¡Olé sus huevos!, me dije. Eso es ir de farol y lo demás es cuento. Efectivamente, había habido un viaje al sur, viaje del que yo no tenía pensado soltar prenda en dos o tres partidas. En fin, si el jugador levanta la liebre, se le deja cobrar la pieza, que para eso se lo ha currado. Así que, tras terminar la parte del interrogatorio, le felicité por el farol y los demás jugadores por la información conseguida.

Y el jugador del teniente Du Pont calló pensativo, miró con detenimiento el mapa que representaba Fuerte Nakhti y las supuestas localizaciones del Ayers Rock (sur) y la tumba (norte), lo cogió y le dio la vuelta.

De restaurantes japoneses

Tras un mes con el blog abandonado por razones tanto laborales (falta de tiempo) como vacacionales (ganas de estar lejos de la máquina maligna), intentamos retomar el ritmo este mes de noviembre (noviembre ya, ¡cómo pasa el tiempo!). Hace ya un año que aterricé en tierras sevillanas y, en la medida que el tiempo y la cartera lo han permitido, la Reina de las Hadas y yo hemos tanteado varios restaurantes japoneses (o chinos reconvertidos, que también) de la zona. Lo que es malo, porque en Badajoz tenemos el Tanuki-san y eso son palabras mayores (también para la cartera, of course) y el listón estaba muy alto. De momento, resultado irregular.

Primero probamos el Kaede, en la Puerta de la Carne. Resultó caro. El pato estaba rico pero escaso (por el mismo precio en el Tanuki ponen más, y acompañado de ensalada y arroz), el sushi y el sashimi muy fríos, perdiendo su sabor. Y el arroz del sushi era, francamente, mejorable.

Al lado encontramos el You Sushi. Éste fue todo un descubrimiento. Es un local amplio y tranquilo y tiene un precio ajustado. Los rollitos, la ensalada y el arroz frito están de muerte. El yakisoba me resultó un poco grasiento, pero sabroso. El pescado estaba bueno, no una maravilla pero sí bueno, y con un buen corte. Y el arroz del sushi no estaba nada mal.

El sábado pasado nos llegamos al Samurái, junto a República Argentina. Se pone hasta las trancas, así que le teníamos echado el ojo desde hace algún tiempo. Lástima que encontráramos mesa: un sitio ruidoso, con un servicio malísimo, una carta escasa y una cocina que oscila entre lo pasable y lo horroroso. Entre lo pasable, el arroz y el pollo fritos, ambos muy sabrosos. Entre lo horroroso, el sashimi: pesado absolutamente insípido, en trozos enormes e incomibles, con un corte para echarse a llorar. Entre eso y que nos retiraban los platos antes de terminar, salimos jurando no volver.

Bueno, también comimos un día en un restaurante oriental en el polígono Calonge, pero nos dejó tan fríos que ni recuerdo el nombre.

En fin, a ver si algún día podemos permitirnos ir al del Casino.