Archive for julio, 2010

Cuentos viejos: cazando vampiros

Hay veces que tienes suerte y te encuentras en una partida con dos grandes jugadores en estado de gracia. Hay veces que la musa te sonríe y eres capaz de seguirles el ritmo (para mí es más fácil, modestia aparte, porque soy un jugador que se deja arrastrar por otros muy bien, un condimento que realza un buen ingrediente). Y hay días en los que los astros se alinean y un máster, por lo normal muy criticado por su forma directista de dirigir, decide dejar jugar, empujando lo justo aquí y allí y usando los dados con sabiduría para crear una gran tensión.

Ese día, cerramos la puerta de la Asociación. Nos daba vergüenza porque, del nerviosismo, estábamos los tres jugadores de pie, espalda contra espalda.

Estaba siendo una tarde muy larga. Había empezado con un interrogatorio: uno de los pjs, que no había estado en el prólogo de unos días antes (sin punto de comparación), nos interrogó a los otros con un tripi… colocón que interpretamos, dando información con cuentagotas y entrecortada y entendiendo el horror que nos esperaba: hacer frente a unos vampiros.

Y ahí estábamos, buscando vampiros de noche, por las orillas de un pantano en algún lugar de España. Armados con cócteles molotov usando unos tercios de Mahou que habíamos vaciado para entonarnos. Con estacas hechas con los listones de varios cajones de ajos… Ajos que llevábamos en el bolsillo o como collares hawaianos al cuello. Zippos y pulverizadores del Todo a 100 llenos de gasolina. ¿Imagen absurda? Sí. Pero terrible, que recogía la esencia de esa aventura. Gente normal, sin conocimientos extraños, haciendo frente a lo imposible.

Una de las mejores partidas que he jugado.

 

Comidas

Un problema que se me presenta con cierta frecuencia al dirigir una partida es el de la comida. Bueno, realmente son dos problemas, pero al primero (que mis jugadores me llenen la mesa de chucherías varias) me estoy acostumbrando. Esta entrada está dedicada al segundo: elegir el menú para los pjs en una partida. Problema habitual: llegan a una taberna o restaurante y, ¿qué hay para comer? En juegos de fantasía medieval, no sé por qué, estofado, queso, pan, quizás cordero al horno y poco más. Así que el otro día, leyendo El rey lobo de Juan Eslava Galán (recomendable novela de aventuras, con el habitual final precipitado y algo cojo marca de la casa), novela donde sale bastante el tema de la comida, decidí hacerme una lista de menús sacados de aquí y de allá. Hoy, un par de ejemplos.

1) Una cena romana, la dada por Julio César (el abuelo de ése) a Cayo Mario (El primer hombre de Roma, Colleen McCullough)

Aves asadas rellenas de pan, cebolla y hierbas frescas del huerto; panecillos muy finos recién hechos; dos clases de aceitunas; albóndigas de masa de finísima harina con huevo y queso; salchichas a la brasa untadas con ajo y miel diluida; ensaladas de lechuga, apio, pepino y chalota aliñadas con diferentes aceites y vinagres; coliflor, brécol y calabacitas hervidas guarnecida con aceite y almendra rallada. De postre, tartitas de fruta, cubitos de semillas de sésamo envueltos en miel silvestre de tomillo, empanadillas de pasas picadas en jarabe de higo y dos espléndidos quesos. El aceite, suave, de primera prensa. La sal, seca y la pimienta, en grano, de primera calidad. El vino, normal y aguado, para no embotar, dejando el bueno para la sobremesa.

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The Big O

Volvemos de vacaciones para enfrentarnos a más calor veraniego, y lo hacemos con una vuelta a los orígenes. Hoy hablaremos (o sea, yo escribo) de una de las primeras series anime que vi… subtituladas. Una producción curiosa, menor, pero que tiene su aquel: The Big O. Una serie de finales de los noventa atípica, con un diseño de personajes que recuerda mucho al de aquella serie de Batman (y unos personajes y tramas que recuerdan más aún al hombre murciélago) que surgió tras las películas de Burton con unos robots gigantes de diseño absolutamente anticuados. Dos series de 13 episodios, originalmente pensada para vender juguetes, con episodios autoconclusivos la primera (caso de la semana, con robot gigante a juego) y un interesante arco argumental la segunda que desemboca en un final digno de formar parte, en un lugar de honor, de esa galería de los horrores que preside el final de Evangelion. Cuando lleguemos al final, y una vez sobrepuestos a eso, nos quedará en la memoria una serie con un agradable aire retro y simplón, algunas escenas exquisitas, humor siempre presente y música juguetona, unos personajes tópicos pero resultones y una de las parejas con más química que podamos recordar en este mundillo.


R. Dorothy Wayneright, sacando de quicio a Roger

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Momentos de transición

Por fin acabamos la pelea pendiente de Ánima. Son los problemas de dejar una aventura partida, que hasta que no se reúnen los jugadores no hay forma de terminarla. Por eso, desde hace unos años, intento siempre que las aventuras duren una única sesión y dejarlas en puntos donde puedan entrar o salir pjs sin problemas.

Por otro lado, la partida fue muy corta (coincidía con el partido de España de cuartos) y no merece la habitual entrada resumen. Terminó el combate sin bajas mortales, de forma sorprendente. Arik, medio muerto, fue sacado de la sala por el mago con sus últimos restos de zeón, el inmolar de Nefer, que acabara con un pelotón completo de ballesteros tres días (de tiempo de juego) antes, aquí apenas chamuscó a Claus Bogarde y Angélica volvió a ser derrotada por Akane. El combate quedó, pues, en tablas. Además de Arik y Asahi (el mago), Sayuki logró huir de Ragnar, pero Nefer y Akane se vieron obligadas a rendirse, atrapadas en la parte posterior de la sala. Al día siguiente, martes, harían el intercambio de prisioneros, con lo que el grupo de Angélica recuperaba a Sebàstien y a Lance.

La campaña está en un punto delicado. Como máster, la cosa ya se me ha ido de madre. La campaña estaba pensada para terminar una (o dos, a lo sumo) aventura después de la incursión en la fortaleza de los Lothard. Aquello fue un fracaso, los pjs perdieron la iniciativa y dieron al antagonista una nueva línea de ataque sobre los Visnij, lo que provocaría el fatídico enfrentamiento con los Himura la noche del sábado. Los Visnij evitaron quedar bajo custodia de los Himura y, al provocar un enfrentamiento directo, impedía que Himura y los otros meister barrieran el asunto bajo la alfombra a costa de los Visnij. Ahora, ya sea en un juicio o por decisión de la Asociación de Mercaderes, toda decisión sobre el futuro de los Visnij llevará tiempo.

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Al otro lado del velo

Llevaba en la ciudad desde que era la Lutecia romana. Había visto la ofensiva de los hunos y la llegada de los francos del rey Claudas. Había visto pasar tribus y reinos; reyes y dinastías; organizaciones, religiones y cultos. Había visto nacer y morir a los humanos, despertar y dormir a los nephilim. Siempre había estado en las sombras, un fantasma de los bosques de París. Eterno e inamovible, como las montañas y el Sena.

Pero en los últimos años el viento traía el aroma del cambio. Más profundo que la llegada de francos o vikingos, más importante que la caída o auge de imperios, más terrible que la llegada de nuevos profetas. El viento traía el cambio de su mundo: ecos y rumores. El acoso que sufría el Arcano desde la caída de Bizancio en 1204; la nueva iglesia que veneraba a Lilith, venida de Oriente y que ganaba adeptos en la convulsa Europa con gran facilidad; la sensación de que un enfrentamiento se estaba fraguando. Y París estaba llamada a ser una pieza clave de esta extraña partida. Eso lo veía ya en las calles: las peleas callejeras entre adeptos del Arcano y del Culto a Lilith, los esfuerzos de estos por convertir a todo selenim que vieran, por las buenas o por las malas, el constante goteo de nuevos selenim que se establecían en la ciudad.

Por eso, y pese a que hacía siglos que se había distanciado de los problemas mundanos, estaba en alerta y tenía la ciudad cubierta por centinelas. Uno de estos fue quien la vio, entrando en la ciudad con un grupo de nephilim. Un caso raro y muy poco común que le llamó la atención. Quizás porque sabía por lo que estaba pasando. Quizás porque él había pasado por lo mismo. Por eso, cogió su viejo y apestoso sagum y un añoso sombrero de ala ancha comido por la mugre y se perdió en la ciudad, un invisible mendigo más. Buscó a sus centinelas, pero no sólo a estos. El ermitaño del bosque era muy conocido en el París llano y hasta las curanderas y las comadronas acudían a él. Había sido médico una vez, cuando era joven, en el Egipto de los faraones. Como selenim, la fragilidad de su cuerpo y la falta de conjuros curativos era algo que siempre estaba presente, así que había aprendido más de griegos, de romanos, de celtas y de germanos. Sus conocimientos de medicina y charlatanería le habían propiciado, además, un amplio rebaño a lo largo de los siglos.

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Kepa Junkera, ¡qué tío!

El Festival de las Artes de Miajadas busca hacerse un hueco en la región, que en julio caía mucho del lado pacense (festival de Teatro en la Calle y FICA de Villanueva), con un programa más variado y, y esa es la parte que a mí más me interesa, apostando por organizar conciertos de primer nivel. El año pasado, el primero del FAM, trajeron a 17 Hippies y este año el festival se despidió con un doble concierto: la Amsterdam Klezmer Band y Kepa Junkera. El concierto fue gratuito, en la Plaza de España. La plaza es pequeña, pero para las doscientas personas, más o menos, que estuvimos allí, más que suficiente. La verdad es que era poca gente. No sé si la falta de publicidad o el coincidir con el Festival Folk de Navalmoral de la Mata (más cercano a Madrid, Trujillo y Cáceres), con el también interesante concierto de Scéal o qué, pero resultaba un poco triste ver aquello tan vacío.

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