Terminada la temporada 2009-2010 de la Orquesta de Extremadura, tocaría ir hablando ya de la temporada que viene. Musicalmente, poco puedo decir todavía, ya que ni en el folleto de renovación del abono, ni en los carteles que había en el Manuel Rojas el sábado ni en la propia web de la orquesta se indican las obras que componen la temporada. Tenemos directores y solistas, algunos ya conocidos por aquí (por ejemplo, Da Costa, Polo y Manson), mucho violín y piano (tres conciertos de cada), un concierto de guitarra… A los habituales abonos A (Bádajoz y Cáceres) y B (Mérida y Plasencia) se suman ahora dos ciclos de música de cámara.
Pero lo que se hablaba en el patio de butacas el sábado del último concierto no era del programa del curso siguiente. Tampoco del concierto de la noche, lo que era más grave. El patio de butacas estaba revuelto y cabreado por noticias y rumores. Y, por lo menos por el ala izquierda, el cabreo ganaba de largo al revuelo. El ambiente me recordaba a un post-examen de Cálculo en aeronáuticos técnicos. La sensación de haber puesto cama y vaselina, sin tener muy claro qué has hecho para merecer tal paliza ni de dónde vinieron los golpes, pero sabiendo que te acaban de joder a base de bien el año que viene.