Arturo – Pírixis o la búsqueda de Yaltaka, III

Con la descripción que le habían dado los Dé Danann, a Pírixis le fue fácil identificar el edificio que debía contener la biblioteca. Una vez cayó la noche, no le fue difícil arrastrarse sigilosamente hasta el edificio y entrar en él. El único problema es que tuvo que utilizar el conjuro de Desplazamiento subterráneo para ello, por lo que tuvo que buscar primero un lugar donde dejar toda su ropa y pertenencias bien ocultas. El edificio tenía muros de buena piedra por los que pudo desplazarse, sacando la cabeza acá y allá para orientarse. Desde que, en París, se perdiera totalmente bajo tierra, Pírixis había practicado mucho con el conjuro y ya era capaz de orientarse a ciegas estuviera donde estuviese.

Encontró una zona protegida mágicamente a la que no pudo entrar y supuso que esa sería la biblioteca. Para comprobarlo, buscó una alacena, despensa o pequeño cuarto donde invocó a una sombra (Aquellos que murmuran, los espíritus del bosque de basalto) para usarla como unidad de reconocimiento. La invocación permitía al invocador ver a través de ella y era prácticamente invisible allá donde hubiera sombras, así que era el medio ideal para llegar donde el conjuro de desplazamiento subterráneo no podía llevarla. Con la sombra delimitó el lugar protegido y comprobó que era, efectivamente, la biblioteca.

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