Arturo – Personajes: Misat

Gato, Onirim. Arcano mayor I, el Mago.

¿Por qué se hizo cargo de la más noroccidental y aislada de las sedes del Mago? Posiblemente, ni él lo sabe con certeza. Antes, ni siquiera pertenecía al Arcano. Llegó a Bretaña escapando por poco de algún turbio asunto y, tras la muerte del simulacro y posterior absorción por la estasis del anterior encargado, se hizo cargo del refugio, una taberna portuaria situada doscientos años atrás en una secundaria pero transitada ruta comercial entre las Galias y Britania y ahora olvidada por todos. A los dirigentes del Mago más próximos les pareció bien: la sede se mantenía a sí misma y, de no encargarse Misat, la tendrían que cerrar, pues nadie quería hacerse cargo de ella.

En todos los años que estuvo al frente del refugio apenas pasaron nephilim por allí, hasta lo de París. Prácticamente el único que pisó la sede fue Asgareth, que estuvo un largo invierno aprendiendo todo lo posible sobre Britania antes de cruzar el Canal. Entre los dos nephilim pronto surgió una fuerte amistad y, cuando Asgareth abrió la sede de Londinium, Misat subordinó la suya a la de este.

Tras el desastre de París se hizo muy respetado por los nephilim, tanto egipcios y británicos, por su valor y su capacidad para manejar situaciones complicadas, por no decir críticas. Por estas habilidades le fue encomendada la tarea de encontrar un modo factible de unir el cristianismo y las antiguas creencias. La «experiencia piloto» la llevó a cabo en Eire, de donde le viene el nombre por el que sería conocido a partir de entonces: San Patricio.

Misat fue un pnj importante cuando jugué la campaña en Madrid y al que le tengo gran cariño. Sin embargo, con Pírixis y Yaltaka apenas apareció porque cumplía la misma función que Ethiel, es decir, la de facilitador. Aunque ambos eran muy distintos (Ethiel era más juguetón, travieso y con un punto de crueldad, como un gatoy poco dado a tomar decisiones, pero era único recopilando información, mientras que Misat era más grave y calmado, sin tantas florituras y más de acción, como un tigre) temí que pudiera ser fuente de confusión para mis jugadoras, así que Misat fue sacrificado y apenas apareció (aunque fue recompensado cuando le repesqué en el siglo XX).

Arturo – Personajes: lord Éctor

Lord Éctor pertenecía a una familia noble britano-romana, aunque lo único que se conoce de esta es la espada familiar, un gran mandoble con gemas y un escudo indescifrable en el puño que siempre llevaba consigo. Tenía educación militar, y era un fuera de serie con la espada y con la lanza. Sin embargo, cuando aparece en esta historia, no tenía ni tierras ni señor, sino que era un bardo vagabundo. Un bardo con un caballo de carga que, además del arpa, llevaba una cota de mallas, dos espadas, escudo, lanzas, un hacha y varias jabalinas, pero un bardo con todas las de la ley. Pertenecía a una de las múltiples sociedades iniciáticas celtas que pululaban por Britania, que los nephilim británicos usaban como cantera de simulacros y como agentes. Tenía un ka-sol muy desarrollado y su entrenamiento le permitía percibir a los nephilim y a los efectos-dragón. Era de carácter franco, abierta sonrisa, buen conversador pero discreto. Llevaba años recorriendo la isla y era conocido en todas partes, así que no resulta extraño que Merlin recurriera a él como guía de los recién despertados Guardianes del Grial cuando el asesinato de Aurelio le trastocó sus planes.

Y Éctor cumplió, desde luego. Fue un guía de fiar, les llevaba a dónde ellos querían sin preguntar y luchaba cuando tocaba. Los Guardianes se acostumbraron a tenerle al lado, explicándoles las costumbres de las gentes, la historia de los pueblos que cruzaban, amenizando la noche con leyendas acompañadas de la suave música del arpa. Se acostumbraron también a dejarle atrás, al cuidado de los caballos; verle clavar la enorme espada de la familia en el suelo y sentarse apoyando la espalda en ella. Y se acostumbraron aún más a volver, heridos, cansados y sin aliento y verlo, sentado con la espalda contra la espada y con un cálido fuego en el que se asaban alegremente unos conejos a su lado.

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