517 terminó, bélicamente hablando, con la Batalla del bosque de Celyddon, una costosa victoria para las tropas britanas. Para nadie pasó desapercibido el hecho de que si el ejército bárbaro hubiera sido más grande, la victoria podría haberse convertido en derrota. Para 518 todos esperaban una batalla aún mayor: los sajones veían que aquello ya era o Arturo o ellos y pidieron ayuda a sus parientes del continente.
Klingsor decidió que era el momento justo para pasar a la acción si quería salvar Britania y a los nephilim británicos. Dio todo su apoyo a los sajones, llegando a acuerdos con sus chamanes (nephilim) y sus jefes e incluso donando riquezas para que contrataran mercenarios. Pero sabía que todo eso sería insuficiente. Los sajones (y anglos, y jutos, y picos y…) serían derrotados (lo que, por otra parte, deseaba) y Arturo y Merlin serían vencedores si seguía actuando en las sombras. Era la hora del todo por el todo.
Su objetivo era simple: debilitar al bando de Merlin antes de la campaña sajona del verano. Sabía que sin el pleno apoyo de Merlin en el campo de batalla, Arturo estaba perdido. Y si Merlin se volcaba en ayudar al muchacho, sus aliados caerían ante él sin remedio. Para empezar la ofensiva eligió el eslabón más débil: el Rey Pescador.
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