Arturo – La Isla de los Monstruos

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El khaiba no era considerado en las islas una degeneración o una maldición, sino un destino normal para un nephilim. El peculiar clima mágico del que ya hemos hablado hacía imposible la narcosis, esto es, que un nephilim sin simulacro se enquistase e hibernase: en el Otro Lado un nephilim tenía presencia física sin necesidad de simulacro, y en Este Lado era casi imposible no encontrar alguna corriente de Ka lo suficientemente poderosa como para moverse por ella hasta encontrar otro simulacro o un paso al Otro Lado. Además, desde el Pacto Celta las estasis y la lucha contra sociedades secretas pertenecían al pasado, así que para un nephilim de las islas su destino era el Agartha o el Khaiba. O la muerte, claro.

Eso no significa que los khaibas tuvieran un trato especial o preferente, más allá del hecho de que han sido nephilim y un destino que puede ser el nuestro en unos siglos. Si el khaiba era inofensivo, se le dejaba a su aire. Si le conocías, igual le cuidabas. Si mantenía raciocinio, a lo mejor le invitabas a tomar el té. Si se convertía en una mala bestia sedienta de sangre, se le deba caza, como si de un efecto-dragón salvaje se tratara. En general, aquellos que mantenían (suficiente) capacidad racional formaban comunidades propias, alejadas de los nephilim y humanos. En Irlanda se les conoce desde antiguo como fomorianos. Parece que los primeros fomorianos provenían de los kaïm y habitaban la isla antes de la llegada de kaïm y nephilim, pero me estoy saliendo del tema. De los fomorianos, ya hablaré en otra ocasión (si tengo tiempo).

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