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Por fin llegó respuesta del Emperador, justo cuando la posición de Yaltaka era más cuestionada. Abrir la sede en Londres y no en Oxford fue una decisión arriesgada, un intento de separar su posición como monarca de sus labores en el Emperador, que no había salido bien: en los últimos años prácticamente había perdido el control de la sede.
Entonces, durante el primer año de Arturo, llegó carta de Uzbia:
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