Arturo – La muerte de Uther

Tras dormir, por fin, una noche sin temor en el refugio de Misat, Pírixis, Yaltaka y Ector buscaron transporte para volver a Britania. Su siguiente paso lo tenían bien claro: avisar al rey Uther y a Merlin. Encontrar a este se antojaba difícil, como de costumbre, pero del rey sabían que invernaba en Tintagel. Consiguieron encontrar a un pescador lo suficientemente loco (o económicamente necesitado) como para llevarles a la costa sur de Cornualles en medio de las tormentas de marzo y, lo más difícil, lograron hacer el viaje de una pieza. Ya en la isla, fue fácil conseguir monturas, a las que reventaron cruzando de lado a lado la península córnica en tiempo récord.

Ya era noche cerrada cuando, en los bosques que rodean la fortaleza, atisbaron a un caballero que corría tras una figura esquiva. Se quedaron de piedra cuando le oyeron gritar. ¡Era Uther y la figura esquiva, Merlin! Observando con atención vieron que unos pocos caballeros intentaban seguir al rey, a pie, entre los que distinguieron a lord Brastias, con sus andares engañosamente pesados. También vieron, con temor, figuras oscuras que aparecían entre las raíces y las zanjas.

—¡Emboscada! ¡Atacan al rey! —gritó lord Brastias—. ¡Proteged al rey!

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