Una vez asentado en su nuevo reino y recogida la cosecha, el siguiente paso de Yaltaka fue contactar con su Arcano, arrastrando consigo a Pírixis y a lord Ector. Asgareth les aconsejó ir a París, como centro nephilim de Occidente, y allá fueron, vía el refugio del Mago de Misat. El viaje no tuvo dificultad alguna, más allá de las propias del invierno que acababa. En París encontraron la Taberna del Sapo Verde sin dificultad, las señales estaban claras para el que supiera mirar y, además, era difícil no encontrarse un nephilim en las estrechas calles y la convirtieron en su centro de operaciones. La sala egipcia reproducía con fidelidad una taberna de Tebas muy popular en tiempos de Akhenatón y la cerveza, espesa y nutritiva, sabía igual, así que lo realmente difícil fue autoconvencerse para salir de allí.
Tras reponer fuerzas, Pírixis y Yaltaka dedicaron su tiempo a saludar a viejos conocidos y contactar con sus respectivos arcanos. En el caso del Emperador, Yaltaka tuvo suerte: se enteró de que Uzbia estaba despierto y de que esta parte del mundo le correspondía a él ahora, así que antes de caer la tarde un correo partía hacia Toledo. Pírixis, por su parte, se encontró con la habitual anarquía interna del Carro: plena libertad para abrir sede si quería. El padre Juan se daba por enterado (como sede más cercana, condición necesaria para darle legitimidad) e informaría a todos los adeptos y sedes de los alrededores.
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