Archive for diciembre 28th, 2008

Arturo – La conquista de Rydychan

Pongámonos en antecedentes: Rydychan es un reino (condado en Pendragón) situado en el centro de Logres. Su capital es Oxford, que también es la población de importancia más al norte. Las otras poblaciones importantes son Dorchester, sin señor en esta época, Wallingford hacia el sur y Shirburn hacia el este. Limita con Hertford al este, Silchester y Salisbury al sur, Clarence al oeste y hacia el norte y noroeste con el Bosque Salvaje y Tribruit. La dama Liadain es su legítima heredera, como única hija del fallecido rey Guntar, pero tres parientes, hermanos, se han hecho con sus tierras, repartiéndose los dominios de Oxford, Wallingford y Shirburn. Estos tres hermanos, Basile, Bege y Belleus, compraron la neutralidad de Aurelio apoyándole generosamente con hombres, provisiones y dinero durante la campaña contra Vortigern y las siguientes contra los sajones. Esa ayuda prestada ata igualmente a Uther quien, además, prefiere el reino de Rydychan dividido como está ahora a unido bajo un señor que no sea enteramente fiel. Liadain, entre tanto, reside en la corte de Silchester, bajo la protección de Ulfius. Ulfius quiere a la muchacha como a una hija y ambiciona también anexionarse las tierras limítrofes de Rydychan, pero si hiciera un movimiento atrevido podría acabar con el statu quo de Logres (los tres grandes reinos de Silchester, Clarence, Lindsey con sus áreas de influencia y reinos vasallos) y la posición de su señor Uther no es tan firme como para sobrevivir a eso.

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Arturo – El Dragón de Brent Pelham

No quedó registrada en las Crónicas por qué los Guardianes se embarcaron en esta extraña aventura en las tierras de Hertford, y apenas se le da más importancia que el dar renombre al simulacro de Yaltaka antes de la aventura de Rydychan. Sin embargo, lo sucedido entonces tiene una importancia crucial en los hechos posteriores.

El dragón en cuestión era un efecto-dragón de fuego ciertamente poderoso, aunque sin exagerar. Nada que los dos Guardianes no pudieran manejar, en todo caso. El problema es que el bicho era mascota de un gran poder, no está claro si un agarthiano o un gran señor elemental. Dicho señor apareció enfurecido cuando Yaltaka dio el golpe mortal y le maldijo:

–Cuando mueras me llevaré tu alma, ya te entierren dentro de la Iglesia o fuera de ella.

A lo que Pírixis, cuando el señor desapareció, repuso sin dudar:

–Fácil, que te entierren dentro de los muros.

Y con esto el peligro quedó conjurado.