Arturo – Prólogo

Nota previa: como la parte de Arturo va a ser bastante larga y voy a necesitar títulos bastante largos, he quitado el antetítulo de Guardianes del Grial, pero sí, ésta es la siguiente entrega (por fin).

En el año 410 el emperador Honorio, en su famosa (y mítica) carta, encomienda a los britanos encargarse de su propia defensa. El moribundo Imperio Romano de Occidente se libraba así de un gran gasto militar (el Muro de Adriano no se defiende solo) y una fuente de guerras civiles, como ya habían demostrado los levantamientos de Constantino (luego el Grande), Magnencio y Magno Máximo, Macsen Wledig para los suyos, en el siglo anterior. Esto supone la fragmentación de la Britania romana en pequeños reinos, herederos de los antiguos clanes o formados por los jefes militares del ejército romano que, establecidas sus familias en la isla, deciden quedarse. Sin embargo, pronto queda claro que una miríada de pequeños reinos no sobrevivirá frente al empuje de las migraciones germánicas y nórdicas ni a las incursiones pictas o irlandesas, por lo que los principales gobernantes de la isla se reúnen en concilio para decidir su propio destino. Bajo la organización del arzobispo Guithelino forman el Supreme Collegium que nombra rey de los britanos a Constantin.

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