Guardianes del Grial – Jesús (IV) – Ambición

Nota: esta entrega me está costando horrores, así que he decidido subirla en modo telegrama, a ver si así consigo pasarla ya.

Volviendo a Jerusalén, Yaltaka y Pírixis debían cruzar el Jordán. En el vado por el que pasarían solía predicar Juan el Bautista, importante miembro de los renovadores de El Loco y en quién José de Arimatea tenía puestas grandes esperanzas. El día en que los Guardianes del Grial pasaron por allí con el Grial estaba Juan.

No estaba solo. Un desconocido Jesús de Galilea estaba con él. Los Guardianes del Grial fueron testigos de cómo Juan el Bautista lo bautizaba. No se sabe si llegaron a escuchar lo que hablaron Juan y Jesús pero, allí mismo y motu proprio entregaron el Grial a Jesús. La que organizaron con este gesto ha marcado el devenir de la Historia hasta nuestros días.

Veámoslo con más calma: primero, Juan el Bautista, el más importante de los Renovadores, introduce a Jesús en el Arcano sin número. Según las propias normas del Arcano, sólo el Consejo podía nombrar nuevos miembros y celebrar el rito de adopción. No era la primera vez que Juan lo hacía, desafiando la jerarquía del Arcano.

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True Tears

Son los mejores contando historias de amor (seguidos, posiblemente, por los ingleses). Los mejores culebrones son de dibujos animados y son japoneses. Y True Tears es uno de ellos. Una serie corta, de 13 episodios, contando la historia, bastante manida, de un chico y demasiadas chicas enamoradas de él. No muy original, pero muchas veces (me vienen a la mente varios westerns) no se trata de contar una historia original, sino de contar bien una historia lo que hace buena a una película o serie. True Tears cuenta bien una historia. Tiene buenos personajes, tiene un buen dibujo, unos buenos actores (de doblaje, en este caso, pero actores) y una buena dirección (Junji NISHIMURA, director también de Simoun, Soul Hunter y Ranma ½). Los episodios son pausados, con un tono melancólico al que acompañan los fondos, difuminados en los bordes, como vistos a través de lágrimas. Marcan bien los tiempos, usando todos los trucos y herramientas del género cuando deben: el chiste, el equívoco, la mirada esquiva… La música acompaña bien, una música sosa para escuchar sola, pero que realza la escena.


Shinichiro y Miyokichi

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