Durante el Protectorado romano, el único Arcano Mayor que seguía establecido en Judea era El Loco. Los demás que una vez formaron el Pacto Olvidado habían ido abandonando el pueblo judío desde la invasión de Nabucodonosor. El Loco, empero, mantenía toda su estructura en el reino, sin buscar su expansión como otros Arcanos. Como resultado, seguía siendo un Arcano pequeño y la mayoría de sus miembros se sentían judíos. Quizás por eso se enfrascaron tanto en la creación de un rey-profeta que liberase al pueblo judío y le trajera la gloria de antaño.
Sin embargo, estos movimientos mesiánicos dentro del Arcano carecían de la fuerza y resolución que había dado lugar a los antiguos profetas. La razón era doble: por una parte el Grial seguía perdido. Por la otra, no había ningún Consejero despierto que hubiera visto el Grial o hubiera trabajado con sus inscripciones. Tampoco había transcripciones completas de sus enseñanzas, sólo fragmentos, así que en el Arcano se sentían perdidos, sin rumbo.
