El Acuerdo de Egipto estuvo a punto de desaparecer con la invasión de los hicsos. Los invasores trajeron sus costumbres y sus sociedades secretas. En sus reinos no había cabida al Pacto. Hubo nephilim que vieron esto como una oportunidad de librarse de las cadenas del Pacto o incluso de forjar nuevos pactos, más beneficiosos. Sin embargo, las sociedades secretas egipcias, reducida su influencia al reino de Tebas, y los nephilim acostumbrados a la estabilidad que había proporcionado el Pacto se levantaron en armas contra el invasor. Seqenenra, un gran estratega y político, fue elegido faraón. Dirigió la resistencia contra el invasor y la reconquista de la tierra del Nilo, forjando un gran imperio. Gozó de un largo reinado, bajo los nombres y simulacros de Taa II, Kamose y Ahmose, hasta que los sacerdotes de Amón, temerosos de que pudiera romper el Pacto en su beneficio, le obligaron a dejar el trono y aceptar la estasis de piedra (Seqenenra fue luego el primer y hasta la fecha único máximo dirigente del arcano mayor del Emperador, secundado por dos amigos y consejeros Uzbia y Endymythalion, pero no adelantemos acontecimientos). Su sucesor, Amenofis I, aprendió bien la lección y se plegó desde el principio a los designios de Amón, así como los siguientes. Amenofis III parece ser que intentó mejorar las condiciones de los nephilim en el Pacto. Los sacerdotes de Amón no lo permitieron y, a pesar de que su fructífero reinado parecía garantizar que se extendería al menos por otro simulacro, le ordenador designar sucesor y retirarse a la estasis. Quizá como venganza ante esta orden es por lo que nombró como sucesor a un desconocido nephilim que adoptó el nombre del hijo que el faraón le ofreció como simulacro: Amenofis. Con todo, sólo son elucubraciones sin pruebas. El nombre del nephilim que subió al trono con el nombre de Amenofis IV nos es desconocido y no hay ninguna referencia a quién fue o qué hizo antes de entonces. Quizá éste fue el objetivo de Amenofis III, poner a alguien ajeno a la corte y desconocido por las sociedades secretas en el poder, sin ataduras ni rehenes posibles, como el reformador ideal.